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miércoles, julio 29, 2026

Administración y especialistas reclaman una respuesta integral ante incendios forestales cada vez más extremos

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España ha cerrado una de las campañas de incendios forestales más graves de la última década, con miles de hectáreas arrasadas y zonas rurales al límite de su capacidad de respuesta. En este contexto, la VII Jornada de Lucha contra Incendios Forestales, organizada por la Asociación Española de Sociedades de Protección contra Incendios (Tecnifuego) junto con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), ha reunido hoy en Madrid a expertos en incendios forestales, cambio climático, protección civil y gestión territorial para analizar la temporada 2025 y debatir estrategias de prevención y gestión ante este tipo de emergencias cada vez más extremas.

El encuentro, celebrado en la sede del MITECO, ha contado con la colaboración de la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos (APTB), la Asociación Española de Lucha contra el Fuego (ASELF) y la Asociación en Defensa contra Incendios Forestales (ADCIF). Durante la jornada se ha subrayado la necesidad de abordar el problema del fuego de manera integral, combinando prevención, planificación territorial, formación y coordinación institucional.

En la apertura del evento, Ramon María Bosch, coordinador del Comité Sectorial de Defensa contra Incendios Forestales de Tecnifuego, ha recordado que el lema de esta edición – “¿Estamos preparados para hacer frente a las grandes catástrofes en este nuevo marco climático?”– refleja la nueva realidad. “Lo que antes considerábamos episodios excepcionales son hoy fenómenos cada vez más habituales, virulentos y complejos”. Bosch ha manifestado que “ya no basta con reaccionar, debemos anticiparnos” y ha destacado la importancia de reforzar la gestión forestal, la innovación tecnológica, la formación de equipos y la colaboración público-privada.

Desde el MITECO, María Torres-Quevedo, subdirectora general adjunta de Política Forestal y Lucha contra la Desertificación, ha calificado la campaña de 2025 como “una de las peores y más duras que se recuerdan”, y ha señalado la importancia de hacer balance e identificar áreas de mejora, ya que, “en este escenario de cambio climático es previsible que estas situaciones se repitan”.

El balance del 2025 ha sido detallado por Rafael Gómez del Álamo, jefe del Área de Defensa contra Incendios Forestales del MITECO. Según ha informado, en lo que va de año los siniestros han disminuido un 14 % respecto al mismo periodo del año anterior; sin embargo, la superficie forestal afectada se ha triplicado, especialmente durante la temporada de verano.

Entre el 1 de junio y el 14 de septiembre se han registrado 4.696 siniestros, un 18 % más que la media histórica, con 337.920 hectáreas afectadas, más del triple de lo habitual, y 60 grandes incendios forestales (GIF), casi cuatro veces más que en un año medio.

Gómez del Álamo ha señalado que “el fuego está encontrando condiciones cada vez más favorables”, como ocurrió durante el episodio más grave del 12 al 28 de agosto, y ha destacado la profesionalidad y coordinación de los medios estatales y autonómicos. Sin embargo, advierte que aún persisten zonas donde el riesgo supera la capacidad actual de gestión y que “el reto ya no es solo apagar incendios, sino prepararnos mejor ante fenómenos simultáneos y de gran extensión”, cada vez más habituales.

David Caballero, ingeniero de montes y consultor internacional, ha alertado sobre la nueva realidad climática de los incendios forestales, un fenómeno no exclusivo de España, sino global. Ha explicado que las temperaturas récord, olas de calor y noches cálidas están alterando el comportamiento del fuego, mientras que el estrés hídrico del suelo y la vegetación origina incendios más intensos y difíciles de controlar.

“El fuego es un juez que todos los años nos pasa un examen y casi siempre lo suspendemos”, ha afirmado, apuntando al abandono rural y la pérdida del mosaico agrícola como factores que agravan la “matorralización” del paisaje. Caballero ha advertido que los fenómenos piroconvectivos, antes excepcionales, se han convertido en una normalidad y ha destacado la vulnerabilidad de las zonas de interfaz urbano-rural, donde “las viviendas no están preparadas para resistir incendios de esta magnitud”, reclamando convertir estos espacios “en zonas de oportunidad, no de riesgo”.

En esta misma línea, los técnicos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) han coincidido en que el cambio climático está modificando el comportamiento del fuego. Ramiro Romero, jefe de Servicio de Aplicaciones Agrícolas e Hidrológicas, ha señalado que la primavera de 2025 fue muy húmeda, lo que provocó un crecimiento extraordinario de la vegetación, seguido de un verano extremadamente cálido, con una temperatura media en la península de 24,2 °C y 33 días de ola de calor. “La combinación de calor extremo, humedad muy baja y viento crea condiciones ideales para la ignición y propagación extrema del fuego”, ha explicado.

Por su parte, Alfonso Hernanz, jefe de Servicio de Variabilidad y Técnicas de Regionalización, ha presentado escenarios para nuestro país donde las proyecciones indican un incremento significativo de la temperatura media y de la duración de las olas de calor, con periodos secos más prolongados, menor humedad relativa y un aumento de la evapotranspiración, lo que genera “condiciones mucho más favorables para la ignición y propagación de incendios”.

Desde la perspectiva operativa, Emili Dalmau, oficial de la UT-GRAF de la Generalitat de Catalunya, ha incidido en que el comportamiento del fuego ha cambiado drásticamente y ha descrito los incendios actuales como “fuegos sobrealimentados, con velocidades de propagación tres o cuatro veces superiores a lo habitual”. Según ha explicado, se está normalizando la concentración de estos eventos extremos: “lo que antes ocurría una vez cada década ahora se repite cada verano”.

Dalmau ha destacado que “los incendios de sexta generación no solo viven del combustible, sino también de la atmósfera”, que actúa como un motor de combustión que multiplica su intensidad y velocidad. Ante este escenario, ha defendido que la clave está en aceptar que “no tenemos la capacidad de combatir esta tipología de incendios extremos” y en concentrar los esfuerzos en la gestión del paisaje y la energía almacenada, más que en la extinción reactiva. “Lo que cuesta apagar una hectárea permitiría gestionar trescientas”, ha recordado, reclamando invertir en prevención y en una planificación territorial más consciente del riesgo del fuego en el entorno rural.

Finalmente, Luis Berbiela, vicepresidente de la Fundación Pau Costa, ha alertado sobre el “grave peligro de tener territorios fuera de capacidad de gestión”, evidenciado este verano en grandes incendios (GIF) y episodios como la DANA de Valencia. Ha insistido en que “los GIF son fuegos que no podemos apagar, aunque nos envíen todos los medios de Europa”. En su opinión, el único factor sobre el que se puede actuar es la gestión del territorio, recuperando el mosaico rural y la actividad económica local: “Sin población rural no hay gestión activa del territorio”, ha señalado, abogando por una planificación local sobre el terreno, con decisiones que modifiquen de manera real las condiciones del paisaje.

 

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