Al-Shabaab, en Somalia, y JNIM, la organización vinculada a Al-Qaeda que opera en el Sahel, destacan por su capacidad para mantener la lucha y perseguir objetivos territoriales y económicos en 2026. Así lo sostiene el informe «Voluntad de combate de los principales grupos yihadistas en 2026», elaborado por Javier Yagüe y publicado por el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET).
El documento analiza la disposición de las principales organizaciones yihadistas a continuar combatiendo y la posibilidad de que factores externos alteren sus objetivos. Para ello, adapta al estudio de actores no estatales el marco analítico Analyzing Will to Fight, desarrollado por la Defense Intelligence Agency (DIA) estadounidense.
La evaluación toma como referencia la situación en octubre de este año y examina grupos que mantienen estructuras de mando, santuarios territoriales o campañas sostenidas en cuatro escenarios: el Sahel, Somalia, Afganistán-Pakistán y Siria. El autor subraya que sus resultados no constituyen una medición estadística ni una clasificación general de peligrosidad, sino una valoración analítica de la capacidad de cada organización para sostener sus objetivos.
Al-Shabaab, el modelo de organización territorial más consolidado
El informe sitúa a Al-Shabaab en el patrón de mayor consolidación organizativa. La filial de Al-Qaeda en Somalia dispone de territorio rural, mecanismos de financiación y capacidad para ejercer presión sobre localidades y vías de comunicación. Su arraigo social, vinculado a estructuras clánicas y locales, contribuye a que su continuidad no dependa exclusivamente de su pertenencia a la red de Al-Qaeda.
Según el análisis, el grupo mantiene una voluntad de combate alta y estable porque abandonar la lucha supondría perder territorio, ingresos y capacidad de presión. Su economía de guerra se apoya, entre otros elementos, en las tasas que cobra y en el control de caminos.
El principal factor que podría favorecer su avance sería una contracción de la presencia militar internacional en Somalia. El informe advierte de que una reducción del apoyo a la misión africana y un eventual repliegue de tropas etíopes podrían dejar localidades expuestas. No obstante, distingue entre el riesgo estratégico y los hechos confirmados: a comienzos de octubre, el repliegue etíope mencionado en el documento no había sido confirmado oficialmente por Etiopía ni por Somalia.
La conclusión es que el debilitamiento de las fuerzas que protegen determinadas localidades podría facilitar avances territoriales de Al-Shabaab, aunque el alcance concreto de ese escenario mantiene incertidumbres.
JNIM amplía la presión sobre Malí y los países vecinos
El segundo gran foco de preocupación se encuentra en el Sahel, donde JNIM combina el arraigo local con una campaña orientada a presionar a las juntas militares y dificultar el funcionamiento de las rutas de abastecimiento.
El informe describe una evolución desde la insurgencia convencional hacia una estrategia de asfixia económica y logística. Entre los elementos que destaca figuran el bloqueo del combustible hacia Bamako, los ataques contra posiciones militares y la expansión de la presión hacia Burkina Faso, Níger y los Estados costeros de África occidental.
El documento recoge también el ataque contra el campamento militar de Dioura, en la región maliense de Mopti, en septiembre de 2026. Sobre las bajas, advierte de que no existe una cifra oficial del Ejército maliense y de que los balances difundidos por fuentes distintas son dispares. Por ello, evita presentar como confirmado un número exacto de víctimas.
La fortaleza de JNIM, según el autor, no se explica únicamente por su identidad yihadista. También influyen su implantación en conflictos locales, su capacidad para financiarse mediante peajes y otras actividades de economía de guerra, y las dificultades de los gobiernos para mantener abiertas las rutas y proteger las guarniciones.
Su cohesión interna, sin embargo, es menos sólida que la de una estructura territorial plenamente integrada. JNIM reúne distintas brigadas o katibas, y algunas de sus alianzas con actores locales responden a intereses tácticos compartidos, no necesariamente a objetivos políticos o ideológicos comunes.
El Estado Islámico pierde capacidad territorial, pero conserva focos operativos
El informe distingue entre la situación del Estado Islámico central, sus provincias regionales y las células que siguen operando en distintos escenarios. La organización central en Irak y Siria aparece como una estructura residual cuya prioridad es sobrevivir, hostigar y mantener la capacidad de realizar atentados, no reconstruir a corto plazo el califato territorial.
La actividad del grupo en Irak se encuentra, según el documento, en su nivel más bajo respecto a 2021. En Siria, su actividad se habría desplazado hacia entornos urbanos, donde las nuevas autoridades pueden ejercer presión, aunque la evolución de la transición política introduce incertidumbres.
La situación es diferente en la provincia del Estado Islámico en el Sahel, que mantiene enclaves en la frontera entre Malí y Níger y compite militarmente con JNIM. El documento señala que esta rivalidad puede reforzar la determinación ideológica de ambas organizaciones, pero también desgastarlas mediante pérdidas entre sus propios combatientes.
En la cuenca del lago Chad, ISWAP y los restos de Boko Haram continúan enfrentándose entre sí y a las fuerzas locales. El informe recoge 333 rendiciones de insurgentes durante el tercer trimestre de 2026, atribuidas por el mando nigeriano, en parte, al hambre y a las condiciones de vida en los enclaves. El autor advierte, sin embargo, de que las rendiciones individuales no implican automáticamente el colapso de las organizaciones.
El Estado Islámico del Jorasán, por su parte, conserva una orientación centrada en los atentados contra el Emirato talibán y en la proyección de ataques, sin capacidad para administrar territorio de forma estable. Su voluntad ideológica puede seguir siendo elevada pese a su limitada implantación territorial.
Al-Qaeda central ha perdido protagonismo operativo
Una de las distinciones más relevantes del estudio es la que establece entre Al-Qaeda central y sus organizaciones afiliadas. El núcleo dirigente mantiene interés en preservar el liderazgo, los recursos financieros y su papel de formación, pero no dirige de manera cotidiana las campañas de JNIM o Al-Shabaab.
El informe sostiene que atribuir al núcleo central la violencia desarrollada por esas organizaciones supondría confundir la relación ideológica y organizativa con el control operativo efectivo. Las franquicias regionales tienen sus propias estructuras, objetivos y fuentes de financiación, y su voluntad de combate depende en gran medida de las condiciones locales.
También analiza a Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), cuya actividad habría caído de forma marcada en 2026. El grupo intentaría recuperar arraigo entre las tribus de Yemen y conservar una capacidad militar residual, sin que el informe aprecie una proyección exterior comparable a la de etapas anteriores.
Siria: la transición política, una variable decisiva
El caso sirio presenta una evolución distinta. El informe trata a Hayat Tahrir al-Sham (HTS) como una organización en proceso de reconversión, no como una franquicia yihadista activa en los mismos términos que las demás.
Según el documento, la cúpula de la transición siria busca consolidar el Estado, obtener reconocimiento internacional, atraer inversiones y poner fin al aislamiento. Su objetivo observable ya no sería la instauración de un emirato yihadista, sino la consolidación de una estructura estatal.
El problema se encuentra en la integración de sectores de la antigua base, especialmente combatientes extranjeros que no han asumido el cambio de orientación. El informe considera que una ruptura interna, un atentado o la persistencia de facciones armadas ajenas al nuevo proyecto podrían comprometer la estabilidad de la transición y ofrecer oportunidades al Estado Islámico.
La cuestión crítica, por tanto, no sería únicamente la capacidad militar de las nuevas autoridades, sino su habilidad para integrar o neutralizar a los grupos que no aceptan el nuevo marco político.
Cuatro factores que pueden alterar el equilibrio
El análisis identifica cuatro factores críticos susceptibles de modificar los objetivos de los grupos yihadistas y sobre los que pueden influir actores externos:
- El control de las rutas en Malí. Si las autoridades recuperan las vías de abastecimiento y mantienen las guarniciones, podrían limitar la capacidad de JNIM para asfixiar Bamako y extender su presión.
- La reducción de la presencia militar internacional en Somalia. Una retirada que no vaya acompañada de una cobertura efectiva por las fuerzas somalíes podría facilitar que Al-Shabaab tome localidades y consolide sus ingresos.
- La integración de las facciones armadas en Siria. La capacidad del Gobierno de transición para incorporar a los combatientes que no aceptan el nuevo rumbo será determinante para evitar fracturas internas y limitar el espacio operativo del Estado Islámico.
- El hambre y las rendiciones en la cuenca del lago Chad. Si las condiciones de los enclaves siguen deteriorándose, la pérdida sostenida de combatientes podría debilitar la logística de ISWAP y de los restos de Boko Haram.
El autor descarta que la eliminación de dirigentes sea, por sí sola, un factor decisivo en estos escenarios. La pérdida de mandos puede debilitar a una organización, pero no implica necesariamente que abandone sus objetivos, especialmente cuando dispone de mecanismos de sucesión y estructuras locales capaces de mantener la actividad.
Un método para distinguir entre propaganda y capacidad real
El informe propone evaluar a cada organización a partir de su objetivo observable, su cohesión, su identidad social y doctrinaria, sus recursos económicos, su liderazgo y la percepción que tiene del adversario. También diferencia entre factores estables y dinámicos, y declara el nivel de confianza de cada valoración.
Esta metodología busca evitar que los comunicados propagandísticos, las reivindicaciones de atentados o las cifras difundidas por las propias organizaciones se interpreten automáticamente como pruebas de capacidad operativa. El documento recuerda que observar una conducta no demuestra por sí mismo quién la ordenó o coordinó.
Su conclusión es que el yihadismo de 2026 no constituye un fenómeno homogéneo. Mientras Al-Shabaab dispone de características próximas a un proto-Estado rural y JNIM ha reforzado su capacidad de presión territorial y logística, otras organizaciones sobreviven como franquicias debilitadas, unidades dispersas o células residuales.
La evolución de la amenaza dependerá, por tanto, de factores concretos: quién controla las rutas, qué capacidad tienen los gobiernos para sostener sus posiciones, cómo se financian los grupos y si las fuerzas internacionales mantienen su presencia. En el análisis de Yagüe, comprender esas condiciones ofrece una imagen más precisa de la voluntad de combate que limitarse a comparar declaraciones ideológicas o contabilizar ataques.
Fuente: Javier Yagüe, «Voluntad de combate de los principales grupos yihadistas en 2026», Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET). La evaluación recoge la situación a 3 de octubre de 2026.



