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lunes, agosto 10, 2026

Alejandro Barrera, el general de inteligencia elegido por De la Espriella para dirigir la Policía Nacional de Colombia

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El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha designado al mayor general retirado Jesús Alejandro Barrera Peña como nuevo director general de la Policía Nacional, en una de las primeras decisiones de alto nivel de su política de seguridad. El nombramiento supone además el regreso al servicio activo de un oficial que había pasado a la reserva y que cuenta con una extensa trayectoria en áreas consideradas estratégicas para la lucha contra el narcotráfico, las organizaciones armadas y el crimen organizado.

El anuncio se produjo durante la Cumbre de Seguridad Urbana celebrada en Barranquilla. De la Espriella comunicó que había decidido reintegrar a Barrera para asumir la máxima dirección de la Policía y que el mayor general retirado Norberto Mujica ocupará la Subdirección. Ambos oficiales habían sido retirados del servicio activo en 2022, durante la reestructuración de la cúpula policial realizada al comienzo del Gobierno de Gustavo Petro.

La decisión tiene una dimensión adicional: De la Espriella anunció que la Dirección General de la Policía tendrá su sede permanente en Barranquilla, una medida que el nuevo mandatario presentó como parte de su estrategia de descentralización del poder y de aproximación de las instituciones de seguridad a las regiones.

Un policía formado en inteligencia

Alejandro Barrera llega a la dirección de la Policía con 35 años de servicio y una trayectoria construida fundamentalmente alrededor de la inteligencia, la investigación criminal y las operaciones contra estructuras delictivas.

Ingresó en enero de 1988 en la Escuela de Cadetes de Policía General Francisco de Paula Santander. A lo largo de su carrera ocupó diferentes destinos en el Departamento de Policía Cesar, el Bloque de Búsqueda contra el cartel de Cali, la Dirección de Investigación Criminal e Interpol (DIJIN) y la Dirección de Inteligencia Policial (DIPOL).

Su experiencia incluye además responsabilidades de alta sensibilidad dentro de la inteligencia policial. Fue jefe de operaciones de la DIPOL, director de Inteligencia Policial y oficial de enlace de la Policía colombiana ante Europol, en Francia. También estuvo al frente de la Unidad de Investigación Sensible (SIU) de la DIJIN, dedicada a investigaciones de especial complejidad.

La combinación de inteligencia e investigación criminal ha marcado su perfil profesional. Su carrera se desarrolló en buena medida durante décadas en las que Colombia afrontó la expansión de los grandes carteles de la droga, la actividad de las guerrillas y, posteriormente, la transformación de las estructuras criminales hacia organizaciones más fragmentadas y transnacionales.

Director de Inteligencia Policial

Uno de los puestos más importantes de su trayectoria fue la dirección de la DIPOL. Barrera asumió esa responsabilidad en 2018, desde donde dirigió operaciones de inteligencia y seguridad, especialmente en zonas rurales donde operaban grupos armados ilegales. La experiencia al frente de la inteligencia policial constituye uno de los principales elementos que explican su elección para dirigir la institución.

En el actual escenario colombiano, la inteligencia desempeña un papel central en la lucha contra organizaciones que ya no funcionan exclusivamente como estructuras armadas tradicionales. Las redes criminales combinan narcotráfico, extorsión, minería ilegal, tráfico de armas, lavado de dinero y otras actividades ilícitas, con conexiones que en muchos casos trascienden las fronteras colombianas.

La capacidad para recopilar, analizar y convertir información en inteligencia operativa resulta fundamental para localizar a los responsables, identificar sus redes de apoyo y afectar sus estructuras financieras.

Barrera también dirigió Carabineros y Seguridad Rural, una responsabilidad especialmente relevante en un país donde buena parte de las organizaciones armadas y de las economías ilegales mantienen su actividad fuera de los grandes núcleos urbanos. El paso por esta dirección le permitió conocer de primera mano los problemas de seguridad en las zonas rurales y las dificultades que afronta el Estado para mantener una presencia permanente en determinadas regiones.

La seguridad rural constituye uno de los principales desafíos para la Policía colombiana. Las organizaciones criminales compiten por el control de territorios y corredores utilizados para transportar drogas, armas y otros productos ilegales, mientras que determinadas comunidades permanecen expuestas a amenazas, extorsiones y desplazamientos.

El nuevo director tendrá que combinar esa experiencia territorial con sus conocimientos en inteligencia para desarrollar una estrategia que permita anticiparse a las organizaciones criminales y no limitar la actuación policial a operaciones de respuesta.

Una extensa formación académica

El nuevo director general es administrador policial y administrador de empresas. Cuenta además con formación de posgrado en Seguridad, Policía y Sociedad en la Universidad de Toulouse, en Francia, así como especializaciones en gerencia de recursos humanos y seguridad cursadas en instituciones colombianas.

Su perfil académico combina, por tanto, la gestión policial y empresarial con la formación específica en seguridad. Esta preparación será relevante en una institución que cuenta con una estructura de gran dimensión y que debe gestionar simultáneamente operaciones de seguridad ciudadana, investigación criminal, inteligencia, vigilancia rural, lucha contra el narcotráfico y cooperación internacional.

El regreso de un general retirado

Uno de los aspectos más singulares de la decisión de De la Espriella es que Barrera no se encontraba en servicio activo. El presidente ha anunciado su reintegración a la Policía Nacional para poder asumir la Dirección General.

La misma decisión afecta a Norberto Mujica, también general retirado, que ocupará la Subdirección. Ambos abandonaron el servicio activo en 2022, cuando se produjo una profunda renovación de la cúpula policial durante el inicio del Gobierno de Gustavo Petro. En aquella reestructuración salieron 21 generales de mayor antigüedad y graduación.

El regreso de ambos oficiales representa, por tanto, un cambio respecto a la línea de mando establecida durante los últimos años. La elección de dos generales que habían ocupado puestos relacionados con inteligencia y operaciones de seguridad apunta además a una voluntad de recuperar perfiles con experiencia en áreas consideradas estratégicas por el nuevo Gobierno.

Barrera y Mujica, una cúpula vinculada a la inteligencia

La elección de Norberto Mujica como subdirector refuerza la dimensión de inteligencia de la nueva cúpula. Mujica fue director de Inteligencia de la Policía durante el Gobierno de Iván Duque y participó en operaciones contra estructuras del narcotráfico, el ELN, las disidencias de las FARC y otras organizaciones criminales. También fue director de Seguridad Ciudadana y comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá.

La combinación Barrera-Mujica supone así la llegada a la dirección de la Policía de dos oficiales con experiencia tanto en inteligencia como en operaciones. A ellos se suma el brigadier general Ricardo Alarcón, designado como jefe nacional del Servicio de Policía, con responsabilidad sobre la coordinación de las capacidades operativas y del servicio policial en todo el territorio nacional. La nueva estructura pretende articular de esta forma la inteligencia estratégica con la capacidad operativa y la seguridad ciudadana.

Barranquilla como nueva sede de la Dirección General

La decisión de trasladar permanentemente la sede de la Dirección General a Barranquilla constituye otro de los elementos más llamativos de la reforma anunciada.

De la Espriella ha presentado el traslado como una medida de descentralización del poder, alejando parte de la estructura central de seguridad de Bogotá. La medida puede tener también una dimensión estratégica, dada la posición de Barranquilla y de la costa Caribe colombiana.

La región afronta problemas vinculados con el narcotráfico, el contrabando, las rutas marítimas y las estructuras de crimen organizado que operan en el Caribe. Situar allí la máxima dirección de la Policía puede interpretarse como una señal política y operativa de la importancia que el nuevo Gobierno concede a las regiones y, especialmente, a los territorios estratégicos desde el punto de vista de la seguridad.

Barrera asumirá la dirección de la Policía en un momento especialmente complicado para Colombia. Las amenazas a la seguridad han evolucionado y ya no se concentran en un único tipo de organización. El país afronta la actividad de estructuras vinculadas al narcotráfico, ELN, disidencias de las FARC, Clan del Golfo y otras organizaciones de crimen organizado, con distintos niveles de implantación territorial y capacidad operativa.

La fragmentación del mapa criminal dificulta las estrategias tradicionales. Las organizaciones pueden establecer alianzas temporales, dividirse, cambiar sus denominaciones o sustituir rápidamente a sus dirigentes cuando estos son capturados o abatidos. En este contexto, la inteligencia adquiere una importancia creciente.

La Policía necesita identificar no solo a los responsables visibles de las organizaciones, sino también sus redes financieras, los proveedores de armas, los mecanismos de lavado de dinero, las rutas de transporte y las conexiones internacionales.

Otro de los grandes desafíos de la nueva dirección será la modernización tecnológica. Las organizaciones criminales utilizan cada vez más herramientas digitales para comunicarse, mover dinero, ocultar sus actividades y coordinar operaciones. La Policía debe responder con capacidades de análisis de datos, inteligencia digital, ciberseguridad y sistemas avanzados de investigación.

La experiencia internacional de Barrera puede resultar especialmente relevante en este ámbito. Su paso como oficial de enlace ante Europol le permitió trabajar dentro de los mecanismos de cooperación policial internacional y conocer los sistemas europeos de intercambio de información.

Colombia mantiene además una estrecha cooperación con agencias policiales y de seguridad de otros países, especialmente Estados Unidos, en la lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional. La nueva dirección deberá mantener y, previsiblemente, ampliar esos canales de cooperación.

 

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