La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia ha supuesto un giro profundo en la política exterior del país y una ruptura con la línea mantenida por el Gobierno de Gustavo Petro. Entre las prioridades internacionales anunciadas por el dirigente conservador destaca el restablecimiento y fortalecimiento de las relaciones con Israel, una apuesta que responde a razones ideológicas, estratégicas, militares y geopolíticas, y que pretende situar a Bogotá dentro del eje de países latinoamericanos más próximos a Washington y Jerusalén.
Desde el inicio de su campaña, De la Espriella defendió públicamente la necesidad de recuperar los vínculos diplomáticos con Israel, rotos por el Ejecutivo de Petro en mayo de 2024 como respuesta a la ofensiva israelí en Gaza. El presidente electo considera que aquella ruptura aisló a Colombia de uno de sus principales socios en materia tecnológica y de seguridad y sostiene que las relaciones bilaterales deben ser reconstruidas para devolver a ambos países una cooperación que durante décadas fue considerada estratégica.
Durante la campaña presidencial llegó a reunirse con el ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, con quien mantuvo conversaciones centradas en la reanudación de las relaciones diplomáticas y en la ampliación de los acuerdos de cooperación.
Uno de los pilares de este acercamiento es la visión ideológica del nuevo mandatario colombiano. De la Espriella ha expresado reiteradamente su admiración por la política de seguridad israelí y ha manifestado que Israel representa un ejemplo de lucha contra el terrorismo y de defensa del Estado frente a las amenazas de grupos armados. Durante la campaña aseguró que la experiencia israelí puede servir de referencia para Colombia en su combate contra las organizaciones criminales, las guerrillas y el narcotráfico. En diversas entrevistas llegó incluso a afirmar que las medidas adoptadas por el Gobierno israelí para proteger a su población son un modelo que él pretende trasladar a la política de seguridad colombiana.
La cooperación militar constituye otro de los factores determinantes en esta prioridad internacional. Israel es uno de los principales proveedores mundiales de sistemas de defensa, inteligencia, drones y tecnología militar avanzada. El nuevo presidente colombiano ha manifestado su intención de modernizar las Fuerzas Armadas y considera que la experiencia israelí en innovación militar puede ser clave para reforzar las capacidades del Ejército y de las fuerzas de seguridad colombianas. Entre los planes planteados por el entorno presidencial figuran la adquisición de equipos de última generación, el desarrollo de programas conjuntos de inteligencia y la incorporación de sistemas basados en inteligencia artificial aplicados a la defensa.
La apuesta por Israel también se explica por la estrecha relación que De la Espriella busca consolidar con Estados Unidos. La Administración de Donald Trump expresó rápidamente su disposición a trabajar con el nuevo Gobierno colombiano, y el presidente electo considera que un alineamiento con Washington pasa igualmente por una aproximación a Israel, uno de los principales aliados estratégicos estadounidenses. Esta visión se enmarca en una corriente política conservadora que gana peso en Hispanoamérica y que tiene entre sus referentes al presidente argentino Javier Milei y a otros dirigentes favorables a reforzar la cooperación con Jerusalén.
Otro elemento importante es la dimensión simbólica y religiosa. De la Espriella ha mantenido contactos con representantes de la comunidad judía colombiana y ha subrayado en varias ocasiones la importancia de los valores judeocristianos como fundamento de la civilización occidental. En ese contexto, ha prometido defender a la comunidad judía y ha mostrado afinidad con los discursos que destacan la relación histórica y cultural entre Occidente e Israel. Asimismo, se ha comprometido a trasladar la embajada colombiana de Tel Aviv a Jerusalén, una medida de fuerte carga política que seguiría la senda emprendida por Estados Unidos y por países como Argentina y Costa Rica.
La prioridad otorgada a Israel forma parte además de una estrategia geopolítica más amplia. El Gobierno israelí impulsa actualmente una iniciativa diplomática orientada a ampliar su presencia en la región y a consolidar alianzas con gobiernos conservadores de la región. La victoria de De la Espriella ha sido recibida con satisfacción por el Ejecutivo de Benjamin Netanyahu, que considera a Colombia un socio de gran relevancia estratégica. Tanto el primer ministro israelí como el ministro de Exteriores trasladaron inmediatamente sus felicitaciones al presidente electo y expresaron su deseo de elevar las relaciones bilaterales a su máximo nivel histórico.
A no todos gusta este giro
Sin embargo, este giro diplomático no está exento de controversias. Diversos sectores políticos y organizaciones de derechos humanos consideran que el fortalecimiento de las relaciones con Israel se produce en un momento especialmente delicado debido a las acusaciones internacionales contra el Gobierno de Benjamin Netanyahu por las operaciones militares desarrolladas en Gaza.
Los críticos sostienen que una alianza más estrecha podría alejar a Colombia de la posición que había adoptado bajo el mandato de Petro, caracterizada por el respaldo a la causa palestina y por la denuncia de las acciones israelíes. Este cambio podría modificar la posición colombiana en organismos multilaterales como Naciones Unidas, acercándola a las posturas mantenidas por Estados Unidos y Argentina.
La prioridad concedida a Israel refleja, en suma, una redefinición integral de la política exterior colombiana. Para Abelardo de la Espriella, Jerusalén constituye un socio estratégico en materia de defensa, tecnología y cooperación económica, además de un aliado ideológico en la lucha contra el terrorismo y en la defensa de una visión conservadora del orden internacional.
El nuevo Gobierno considera que la alianza con Israel puede convertirse en uno de los ejes fundamentales de la proyección exterior de Colombia, mientras sus detractores advierten de que este acercamiento podría profundizar las divisiones políticas internas y alterar el equilibrio diplomático que el país había mantenido en Oriente Próximo durante los últimos años.



