Hay documentos que describen una actividad y otros que permiten comprender hacia dónde se dirige una capacidad. El ATLAS Network 2026 Annual Activity Report, publicado por Europol, pertenece en buena medida a esta segunda categoría. Aunque formalmente recoge las actividades desarrolladas durante 2025, su lectura ofrece una fotografía bastante precisa de la evolución de las capacidades de intervención especial europeas y, sobre todo, de la progresiva transformación de la cooperación entre las unidades nacionales en una auténtica arquitectura multinacional de respuesta.
El momento elegido para su publicación tampoco es menor. En 2026 se cumplen veinticinco años desde la creación de ATLAS, una red que nació en 2001 como mecanismo informal de intercambio de información y entrenamiento entre unidades antiterroristas y que posteriormente adquirió una base jurídica mediante la Decisión 2008/617/JAI del Consejo. El salto conceptual es importante: de compartir experiencias a establecer un marco de asistencia mutua entre unidades de intervención especial.

De la cooperación profesional a una capacidad europea de refuerzo
ATLAS agrupa actualmente a 38 Special Intervention Units (SIU) de los Estados miembros de la Unión Europea y de cuatro países asociados, Reino Unido, Islandia, Noruega y Suiza, con aproximadamente 4.000 integrantes de las unidades policiales de intervención especial. Su finalidad esencial es mejorar la interoperabilidad transfronteriza, compartir conocimiento y experiencia y facilitar la cooperación durante operaciones reales.
Esta última cuestión merece atención especial. ATLAS parte de una premisa estratégica sencilla, pero de enorme trascendencia: ningún Estado tiene necesariamente todos los medios, recursos o conocimientos necesarios para afrontar por sí solo cualquier crisis de gran magnitud. La capacidad de solicitar y recibir apoyo de otra unidad nacional convierte la cooperación en una capacidad operativa y no únicamente institucional.
En 2025 esta estructura se tradujo en 50 actividades que se desarrollaron en 33 países, con la participación de más de 1.500 efectivos operativos de los integrados en esta red.
La cifra es significativa, pero lo verdaderamente relevante no es el volumen. Es la arquitectura que existe detrás de él.
Una red organizada alrededor de capacidades
Uno de los elementos más interesantes del informe es la estructura de trabajo. ATLAS articula su actividad mediante Expert Groups, Forums y Projects, lo que permite combinar capacidades consolidadas con áreas emergentes.
Los grupos de expertos se ocupan de ámbitos considerados prioritarios y trabajan en el desarrollo y estandarización de Tactics, Techniques and Procedures (TTP), que posteriormente constituyen la base del Manual of Guidance de ATLAS. Entre ellos aparecen Aircraft, Building, Naval y Transport.
Los Forums, por su parte, permiten abordar ámbitos que requieren investigación, experimentación o una evolución doctrinal todavía no necesariamente consolidada: mando y control, entrada, innovación, K9, medicina táctica, negociación, respuesta rápida, infiltración silenciosa y capacidades de tirador especializado.
Finalmente, los proyectos permiten desarrollar capacidades específicas, como protección cercana o Close Protection Team, y mecanismos de puesta en común de recursos.
Esta estructura revela una característica especialmente interesante: ATLAS no se limita a entrenar unidades; dispone de un mecanismo permanente de generación, validación y transferencia del conocimiento operativo.
La interoperabilidad como verdadera capacidad estratégica
En ocasiones se identifica la interoperabilidad con la posibilidad de que dos unidades utilicen equipos compatibles o puedan comunicarse durante una operación. El modelo ATLAS apunta a algo mucho más profundo.
La interoperabilidad se construye mediante entrenamiento conjunto, conocimiento recíproco de procedimientos, estandarización de TTP, ejercicios multinacionales y, finalmente, confianza personal entre los operadores y los mandos.
El informe ofrece numerosos ejemplos.
En el ámbito aeronáutico, durante 2025 se desarrollaron ejercicios con participación de siete, doce y diez SIU, respectivamente, abordando medicina, breaching y capacidades CBRNe. En uno de ellos participaron además la European In-flight Security Network y la European Explosive Ordnance Disposal Network.
En el ámbito marítimo, el ejercicio TRIDENT, desarrollado en Suecia en septiembre y octubre, reunió a más de 200 oficiales procedentes de diez países europeos. El escenario incorporó buques de pasajeros, operaciones diurnas y nocturnas y situaciones terroristas y de toma de rehenes.
El mensaje es claro: la interoperabilidad se entrena antes de necesitarla.
El dominio marítimo adquiere una nueva dimensión
Probablemente uno de los elementos más significativos del informe sea la importancia otorgada al entorno marítimo.
La existencia de un Expert Group Naval, junto con ejercicios con helicópteros y el ejercicio TRIDENT, refleja una preocupación que trasciende la clásica intervención antiterrorista urbana. La amenaza puede desplazarse entre dominios y obligar a integrar unidades especiales, medios navales, aeronaves y capacidades de mando y control.
TRIDENT resulta especialmente ilustrativo porque combina la intervención de unidades especiales y de medios navales en escenarios de terrorismo y de toma de rehenes a bordo de cruceros y ferris.
Para Europa, con sus extensas fronteras marítimas, puertos estratégicos, infraestructuras críticas y tráfico de pasajeros, esta evolución no debería interpretarse exclusivamente como una cuestión táctica. Es también una cuestión de seguridad integral y protección de infraestructuras y nodos críticos.
Innovación: del dron como herramienta al dron como amenaza
Otro de los apartados que merece una lectura detenida es el Forum Innovation.
Durante 2025 se desarrollaron dos actividades relacionadas con vehículos aéreos y terrestres no tripulados. Participaron unidades ATLAS junto con representantes del BKA alemán, Defensa y el Ministerio del Interior alemán. Los objetivos incluyeron reconocimiento y detección, intervención no letal y lucha contra UAS hostiles.
Aquí aparece una transformación esencial del entorno operativo. El dron deja de ser exclusivamente una herramienta para aumentar la capacidad de observación de las unidades policiales. Se convierte simultáneamente en sensor, plataforma de intervención y potencial amenaza.
La consecuencia doctrinal es evidente: las unidades de intervención especial deben desarrollar capacidades que permitan operar en un espacio aéreo cada vez más saturado de sistemas no tripulados, sin perder de vista la necesidad de integrar estas capacidades con inteligencia, vigilancia, reconocimiento, mando y control.
C2: posiblemente el elemento más importante
El Forum C2 aborda una de las cuestiones que, a mi juicio, tendrá mayor importancia en la evolución futura de ATLAS.
El objetivo es avanzar en un sistema de información y coordinación operacional transfronterizo y mejorar el empleo de herramientas C2 durante operaciones de asistencia entre unidades ATLAS. También se contempla una mayor cooperación con otras redes especializadas de la Unión Europea.
Esta evolución es especialmente relevante porque una intervención multinacional no fracasa necesariamente por falta de capacidad táctica. Puede hacerlo por problemas de mando, coordinación, intercambio de información, conciencia situacional o delimitación de responsabilidades.
En otras palabras, cuando aumenta la complejidad del escenario, el C2 deja de ser un elemento de apoyo y pasa a convertirse en una capacidad crítica.
La conexión con Europol
Uno de los grandes puntos de inflexión de la historia de ATLAS se produjo en 2018, cuando el ATLAS Support Office se estableció en la sede de Europol, integrado en el European Counter Terrorism Centre. El informe considera esta integración como una decisión estratégica que transformó la forma de operar, comunicar e intercambiar inteligencia dentro de la red.
Esta ubicación proporciona a ATLAS una conexión directa con las capacidades analíticas y de inteligencia de Europol, especialmente en materia de terrorismo y delincuencia grave y organizada.
El valor de esta integración es superior al puramente administrativo. Permite conectar inteligencia, análisis de amenazas, desarrollo de capacidades, formación y preparación operativa.
Es, en términos de arquitectura de seguridad, un ejemplo interesante de cómo una red profesional puede convertirse progresivamente en un nodo integrado dentro del ecosistema europeo de seguridad.
CBRNe, explosivos y la influencia del conflicto ucraniano
La cooperación con la European Explosive Ordnance Disposal Network durante 2025 constituye otro indicador de la evolución del entorno de amenaza.
Ambas redes desarrollaron dos talleres orientados, respectivamente, a la evolución de las amenazas explosivas y a la detección, monitorización e identificación de materiales radiológicos y nucleares. El informe señala expresamente la relación de estas actividades con la preparación europea en el contexto de la guerra de Ucrania.
La lectura estratégica resulta evidente. Las capacidades que tradicionalmente podían considerarse especializadas o de nicho están adquiriendo una importancia creciente dentro de un escenario caracterizado por la convergencia entre terrorismo, crimen organizado, conflicto convencional, amenazas híbridas y proliferación tecnológica.
La dimensión humana sigue siendo decisiva
Existe, finalmente, una conclusión menos visible en las estadísticas, pero posiblemente más importante. ATLAS lleva veinticinco años construyendo confianza profesional.
Los procedimientos pueden documentarse. Las comunicaciones pueden digitalizarse. Los equipos pueden homologarse. Pero, cuando una unidad de un Estado tiene que intervenir junto a otra unidad extranjera durante una crisis de máxima gravedad, continúa siendo fundamental que los operadores conozcan cómo trabaja el otro, que los mandos comprendan sus capacidades y limitaciones y que exista una relación de confianza construida antes de la emergencia.
El propio informe sitúa la confianza, el entrenamiento conjunto y el intercambio de experiencias en el núcleo de la filosofía de ATLAS.
Una red que está dejando atrás el modelo exclusivamente antiterrorista
Quizá esta sea la principal conclusión que puede extraerse de la lectura del informe.
ATLAS nació esencialmente como respuesta europea a la amenaza terrorista. Sin embargo, las capacidades que actualmente desarrolla apuntan hacia un espectro mucho más amplio: terrorismo, delincuencia organizada, escenarios marítimos, aeronaves, transporte público, CBRNe, UAS, negociación, medicina táctica, protección cercana, mando y control y operaciones multinacionales.
La propia Presidencia de ATLAS identifica actualmente un entorno caracterizado por la convergencia entre delincuencia organizada, terrorismo y amenazas híbridas, señalando además que los adversarios actúan en tierra, aire y mar.
Esto supone una transformación conceptual; la unidad de intervención especial del futuro no será únicamente aquella capaz de entrar rápidamente en un edificio y neutralizar una amenaza. Será una organización capaz de integrarse en una arquitectura multidominio de inteligencia, mando, movilidad, tecnología, intervención y cooperación internacional.
Una conclusión para el ámbito de la seguridad europea
El ATLAS Network 2026 Annual Activity Report no es un documento espectacular por sus cifras. Su verdadero valor reside en mostrar, casi entre líneas, cómo se está construyendo una capacidad europea de intervención basada en tres pilares: interoperabilidad, conocimiento compartido y capacidad de refuerzo mutuo.
Los 4.000 efectivos, las 38 unidades, las 50 actividades de 2025 o los más de 1.500 participantes son indicadores cuantitativos. Pero el verdadero activo estratégico es intangible: una red de profesionales que lleva un cuarto de siglo entrenando juntos antes de tener que enfrentarse juntos a una crisis real.
Desde esta perspectiva, ATLAS constituye una experiencia particularmente interesante para otros ámbitos de la seguridad europea. Su modelo demuestra que la cooperación multinacional eficaz no se construye únicamente mediante tratados, estructuras administrativas o sistemas tecnológicos. Se construye mediante procedimientos comunes, ejercicios realistas, conocimiento mutuo y confianza.
Y quizá ahí se encuentre la principal lección del informe; en un escenario europeo que cada vez está más caracterizado por amenazas híbridas, actores transnacionales, tecnologías disruptivas y crisis multidominio, la verdadera ventaja estratégica no será necesariamente disponer de la unidad mejor equipada. Será disponer de una red capaz de pensar, decidir y actuar conjuntamente cuando el tiempo de reacción se haya agotado.
Ese es, probablemente, el verdadero significado de los veinticinco años de ATLAS.



