Carlos Julio San Román Plaza es Comisario de Policía Nacional Jubilado. Ingresó en la Policía Nacional en 1980, formándose en la AGM de Zaragoza y, como Caballero Alférez Cadete, en la Academia de Jefes y Oficiales de Policía Nacional (San Lorenzo de El Escorial). Durante el quinto año hizo las prácticas en Madrid y Vitoria, junto con el Curso del GEO y un Curso en la ENP de Ávila de tres meses, hasta salir destinado como Teniente a la plantilla de Pamplona en 1985.
Tras pasar por los destinos de Pamplona y Madrid (la Brigada de Protecciones Especiales y el Centro de Altos Estudios Policiales), asciende a Inspector Jefe en 1998. En 2004 fue destinado a la Presidencia de Castilla-La Mancha como Coordinador de Seguridad, y en 2011 a la Comisaría Provincial de Toledo (la Brigada P. de Seguridad Ciudadana y la Brigada P. de Extranjería y Fronteras), donde asciende a Comisario en 2017. Como tal, ha estado en las plantillas de la C. L. de Alcira/Algemesí, la C. L. de Gandía, la C. P. de Guadalajara y la C. P. de Toledo.
En esta entrevista concedida a Delta13News analiza el ‘estado de la cuestión’ de la lucha contra la criminalidad y cómo las nuevas tecnologías se convierten en una herramienta indispensable contra ella.
¿Cuáles son los mayores logros o hitos reseñables durante su trayectoria profesional?
Los sucesivos ascensos, algunos cursos de gran interés, la doble perspectiva de los destinos operativos, a nivel de media y alta dirección, y de gestión, como profesor y jefe del Departamento de Ciencia y Técnica Policial en el centro de ascensos de la Policía Nacional en su periodo de inicio y expansión; también conocer el funcionamiento del mundo civil y político, desde dentro con el puesto de Coordinador de Seguridad en la Presidencia de Castilla-La Mancha; la colaboración en las revistas “Policía” y “Ciencia Policial” con la elaboración de varios artículos de carácter técnico, también con temas en el “Manual del Policía”; y los numerosos viajes de trabajo por España y países extranjeros, junto con los cursos impartidos a policías locales (Madrid y Castilla-La Mancha) y a policías en el extranjero (Francia y Nicaragua).
En mi trayectoria he tratado de aprender y ampliar registros como dirigente para ejercer mejor la dirección integral y generalista, desde la referencia ética y moral en la que me crie y formé, a través de un liderazgo situacional audaz, con la doble perspectiva operativa y de gestión, tratando de potenciar los equipos de trabajo, la participación ciudadana y las relaciones institucionales y sociales.
Ciñéndome a la C. L. de Gandía, por ejemplo, decidimos celebrar el XXX aniversario de la inauguración del edificio de la Comisaría, como palanca de afirmación y mejora de la Policía Nacional en Gandía. Dentro de los eventos y mejoramientos planteados, montamos un excelente salón de actos, con la colaboración de instituciones y entidades de la ciudad, y, una vez solicitado formalmente, conseguimos que viniera a presidir los actos de conmemoración el Director General de la Policía, insólito con una Comisaría Local por grande que esta fuera. Lo cual se hizo con reticencias de la superioridad en Valencia, que ayudó lo justo y tarde, y de algunos de los mandos en la propia Comisaría al pensar que era una idea voluntarista, ilusa e inalcanzable.
Desde su perspectiva, ¿cuáles son los mayores cambios que ha visto la Policía Nacional a lo largo de los años?
En el plano de los medios materiales y tecnológicos, sin duda, la creciente evolución del material y la tecnología policial, ésta última todavía insuficiente para afrontar los rápidos avances de la cibercriminalidad, con los condicionantes sociológicos del uso generalizado de internet y las redes sociales sin filtro y apenas control.
En el plano de los medios humanos, si bien los policías han crecido en su formación cultural y técnica también han remitido ciertos ideales y valores; el que se hayan conseguido y consolidado numerosos derechos en las últimas décadas, en general, puede haber enervado su implicación y compromiso corporativo. La reivindicación y el logro normativo incesante de bienestar profesional con conciliaciones y libranzas, paradójicamente, ha favorecido cierto desapego con la corporación; con el desenfoque o la equívoca percepción de que la organización debiera adaptarse al interés del policía y no a la inversa. Todo lo cual dificulta en parte el ejercicio del mando. También, como cambio, una mayor predisposición y regulación normativa para atender y desarrollar la prevención de riesgos laborales en los espacios y modos de trabajo de los policías.
¿Cuáles son las principales tendencias que observa actualmente en el ámbito de la seguridad?
Dentro del fenómeno imparable y condicionante de la globalización en el mundo, donde hay una interconexión generalizada y rápida, podemos considerar el avance cibernético como uno de los factores más decisivos, pues está cambiando de manera acelerada los usos y costumbres en las relaciones humanas, y los procedimientos dentro de las organizaciones.
Por otra parte, el influjo de los demediados dirigentes políticos actuales está desfigurando la escala de principios y valores occidentales que ha hecho evolucionar el mundo: el respeto por la legalidad y el orden, el equilibrio entre la libertad y la seguridad, el afán de justicia e igualdad, el afán de comunicación y convivencia, el equilibrio de poderes con los contrapesos debidos, la ética de la ejemplaridad con el esfuerzo y probidad en el trabajo, la referencia de servicio por el bien común, la actitud constructiva de buscar el acuerdo con los adversarios, el sentido de la lealtad, etc. Todo lo cual genera desorientación e inestabilidad que favorece la radicalización y el conflicto, por lo que la seguridad y la defensa están cobrando máxima importancia con estos vaivenes políticos y sociales de este siglo XXI.
¿Qué tecnologías o metodologías están transformando el sector de la seguridad policial actualmente?
Con un enfoque ofensivo, el uso de drones de control en lugares específicos (concentración festiva de personas, protección vertical de edificios o fincas, instalaciones utilizadas para delinquir, etc.) y, con el enfoque defensivo, su detección, inhibición o/y neutralización. También la instalación de sistemas de videovigilancia en los barrios y calles de la ciudad, como, igualmente, la transformación digital con el vital apoyo defensivo de la ciberseguridad, esto es, sistema informático seguro contra ataques/intrusiones externas: la consulta directa de las patrullas en las bases policiales, chequeo automático de matrículas en la vía pública, etcétera.
¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta la Policía en este momento?
Ponderar y acompasar la dotación de personal en las plantillas con el aumento de la población en las ciudades y de la demanda de seguridad, incrementar la inversión tecnológica digital, captar informáticos y formar a especialistas, para poder afrontar el aumento y avance de los ciberataques y de la cibercriminalidad en sus diferentes facetas: ciberterrorismo, ciberdelito, ciberseguridad, etc.; incentivar las unidades de investigación de Policía Judicial para equilibrar las ventajas actuales del sistema rotatorio de los seis turnos de las patrullas “Z” de Seguridad Ciudadana (subir de cinco a seis turnos, a priori tenía un carácter provisional, pero se prolonga en el tiempo), que merma el número de dotaciones uniformadas en la calle y también genera agravios comparativos con las de investigación, y promover un sistema legal que permita regular y afrontar las migraciones masivas descontroladas actuales, y posibilitar la expulsión real de los delincuentes extranjeros reincidentes en situación administrativa irregular.
¿Qué oportunidades cree que surgirán en el ámbito de la seguridad en los próximos cinco años?
En las localidades de la zona rural se observa un descenso de la presencia uniformada, lo que incide en la función preventiva de la seguridad, coyuntura que habría que estudiar a efectos de seguridad privada. Otra oportunidad será la cobertura en los centros de acogida de menores conflictivos y una tercera, la promoción de la instalación de sistemas de alarmas y videovigilancias en los domicilios y empresas, además de la conexión a las CRA, hoy en general más efectivo, a los teléfonos móviles de los propietarios.
¿Qué consejo daría a quienes buscan desarrollarse en este ámbito de la seguridad?
La preocupación constante por la formación y competencia de sus trabajadores (dirigentes, técnicos, instaladores y vigilantes), el contacto fluido y frecuente con las Unidades de Seguridad Privada, y predisponer la colaboración operativa con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
¿Cómo ve el futuro del sector de la seguridad privada en su relación con la Policía?
La labor del área de Seguridad Privada de Policía Nacional ha sido fundamental para la constante adaptación de la regulación normativa y, en consecuencia, la evolución adecuada del sector. Sus unidades están muy conectadas y activas para controlar, apoyar y exigir el cumplimiento de esa normativa, tanto a las empresas de seguridad para que sean solventes técnica y administrativamente, como a las entidades públicas y privadas para que sean sabedoras del funcionamiento de aquellas, a efectos de conocer y solicitar adecuadamente sus servicios de seguridad. Se ha de seguir en la línea de promover y establecer sistemas de colaboración de la Seguridad Privada con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado Cuerpos para que ambos colectivos se beneficien mutuamente en pos de la seguridad pública del país.
¿Hay algún mensaje final que desearía transmitir a nuestros lectores?
La masa que integra el sector de la seguridad privada impresiona, no solo por su volumen, en torno a 140.000 trabajadores, sino por los numerosos y sensibles ámbitos de la sociedad española en los que interviene (empresas e instituciones), para ayudar a mantener el nivel de la seguridad nacional. Su labor y colaboración se hace imprescindible para contribuir a garantizar el sistema de seguridad que cubre el progreso social y económico de las complejas sociedades actuales.



