Consumimos información todo el rato. Y no es porque se lea más el periódico, ya sea digital o impreso, o se vea más la televisión y los informativos, o se escuche más la radio y los noticieros, sino que esa información nos llega a través de las redes sociales. Y he ahí el problema, que la procedencia de dicha información queda en entredicho en el momento en el que llega a nosotros gracias a un algoritmo que responde a nuestros gustos.
Con la guerra de Ucrania y, más recientemente, tras el atentado de ISIS en Moscú, este enjambre de fake news está alcanzando niveles máximos. En verdad, en esto Rusia demuestra una gran capacidad para colocar sus narrativas e influir en aquellos sectores sociales menos dotados de espíritu crítico.
A eso hay que añadir el hecho de que cada vez más se están consumiendo noticias falsas, bien sea a través de vídeos realizados por instagramers o influencers que no saben ni la misa de lo que están diciendo o están totalmente sesgados en una determinada opinión. A esto nos enfrentamos la sociedad, los padres, los educadores, los periodistas, con una lacra de las fake news, de las noticias falsas, de los bulos, de las mentiras repetidas que finalmente se creen como verdad y que generan opinión pública que está sesgada y condicionada por quién sabe qué poderes.
Según el Eurobarómetro de 2023, el 78 por ciento de los españoles afirman encontrarse a menudo con noticias que distorsionan la realidad o que consideran falsas. Este fenómeno plantea preguntas cruciales sobre cómo discernir la verdad en un océano de información digital. No es una tarea sencilla, ya que para ello es necesario tener espíritu crítico, algo que está escaseando en los últimos años, sobre todo si nos vamos a las escuelas e institutos, donde los alumnos están consumiendo videos de redes sociales que normalmente tienen algún contenido muy sesgado y nada objetivo.
Un problema a tener en cuenta
Según datos recopilados por Statista en 2022, el 40 por ciento de la población española se expone a noticias falsas o desinformación a menudo o muy a menudo, mientras que el 35 por ciento lo hace de vez en cuando. Sorprendentemente, solo el 15 por ciento de la población afirma nunca o rara vez haber estado expuesto a noticias falsas. Estas cifras reflejan la naturaleza omnipresente de la desinformación en la sociedad actual.
La desinformación proviene de diversas fuentes, desde actores estatales con agendas políticas hasta individuos con motivaciones financieras. Las redes sociales y las plataformas de noticias online son terrenos fértiles para la propagación de información errónea.
Con la facilidad de compartir contenido en tiempo real, las noticias falsas pueden propagarse rápidamente antes de que se verifiquen los hechos. Y es que hay incluso personas encargadas de subir material falso con el formato de una noticia real que se hace viral y, por tanto, se comparte hasta la saciedad como real, propiciando que esas noticias falsas se propaguen como la espuma.
Y ahí está el trabajo que tiene que hacer el consumidor. Debe preguntarse dónde ha consumido esa información, sospechar en el momento en el que le chirríe algo, acudir a las fuentes fiables de comunicación, a ser posible a la fuente original del mismo, ya sea un instituto de estadística, una organización no gubernamental o un portal de noticias veraz y objetivo, como la mayoría de los medios de comunicación que existen en España.
Eso sí, hay que ser conscientes de que esos medios de comunicación tienen una línea editorial y que por tanto su información es un poco subjetiva para así adecuarse a su audiencia. La clave aquí sería la de consumir diferentes medios, comparar la información y quedarse con la base de lo que se cuenta, para así poder sacar conclusiones personales y únicas.
Pero puede haber pautas para poder discernir entre una noticia falsa y otra verdadera. Ya hemos mencionado anteriormente que es indispensable consultar la fuente de donde procede la noticia, así como consultar varias fuentes para corroborar la información. Pero también es importante evaluar el tono y el lenguaje utilizado, ya que las noticias falsas, a menudo, emplea lenguaje sensacionalista o sesgado, usando términos exagerados y emocionales.
También es interesante comprobar las fechas y el contexto, ya que hay veces que se nos da como algo nuevo una información que sucedió hace años.
Asimismo, es importante verificar las imágenes y los vídeos que se distribuyen a través de las redes sociales, ya que en muchos casos pueden ser manipulados fácilmente, y más aún ahora que estamos en plena era de la Inteligencia Artificial.
El 55 por ciento de los españoles afirma que les resulta fácil detectar noticias distorsionadas o falsas. Y no está mal esta cifra, ya que es algo más que la mitad, pero esta capacidad se puede mejorar mediante la educación y la conciencia crítica. Las instituciones educativas y las organizaciones de medios pueden desempeñar un papel crucial en la promoción de la alfabetización mediática, capacitando a las personas para evaluar la credibilidad de la información.
Profesores, padres y directivos de escuelas e institutos tienen que estar al tanto de todos los avances tecnológicos y propiciar que el uso de las tecnologías se haga protegiendo a los chicos de las noticias falsas. Y por supuesto, los periodistas también tienen un papel importante, ya que son los encargados de verificar esos contenidos y de dar información veraz y objetiva.
El consumo de noticias falsas no solo distorsiona la percepción de la realidad, sino que también conlleva riesgos significativos. Desde la propagación del pánico hasta la influencia en procesos electorales, las consecuencias de la desinformación pueden ser profundas y de largo alcance. Además, puede socavar la confianza en los medios de comunicación legítimos y minar la cohesión social.
Varios factores contribuyen al fenómeno de la desinformación. La polarización política, la búsqueda de clics y la falta de regulación efectiva en plataformas digitales son algunos de los impulsores clave. La combinación de estos elementos ha creado un caldo de cultivo propicio para la propagación de noticias falsas. La pregunta sería cómo de responsables son los propietarios de las redes sociales, que ya se han visto envueltos en algún que otro juicio mediático por la difusión de las noticias falsas y no hacer nada para pararlas.
La difusión de noticias falsas es un problema importante que puede tener consecuencias negativas para la sociedad. Es importante estar informado sobre este fenómeno y tomar medidas para evitarlo.



