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miércoles, julio 29, 2026

¿Cuál es el riesgo geoestratégico para España derivado de la caída del precio del combustible?

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La caída del precio del combustible puede tener importantes implicaciones geoestratégicas que podrían desestabilizar un país, especialmente si su economía está altamente dependiente de los ingresos petroleros. Este efecto se observa en países tanto productores como consumidores, y aunque el impacto en economías diversificadas como España podría ser más limitado, la reducción de beneficios en las petroleras puede generar consecuencias indirectas.

La lenta, aunque progresiva reducción de los precios de los carburantes experimentada en los últimos meses, tras el fuerte encarecimiento registrado en 2022, afectó a los ingresos de las estaciones de servicio, estimándose para el conjunto del mercado ibérico una caída del 11%. En diciembre de 2023 operaban 14.845 estaciones de servicio en el mercado ibérico, un 1,9% más que a finales de 2022.

Estas son algunas conclusiones del estudio Sectores “Estaciones de Servicio-Mercado Ibérico” publicado recientemente por el Observatorio Sectorial DBK de INFORMA, que confirma que el volumen vendido de carburantes en España y Portugal se situó en 38,73 millones de toneladas en el ejercicio 2023, un 1,2% menos que en 2022.

Las ventas en España se cifraron en 32,49 millones de toneladas, un 2,4% por debajo de 2022, situándose las ventas de gasolina en 6,06 millones (+5,4%), mientras que las de gasóleo fueron de 26,43 millones de toneladas (-4%). En el mercado portugués, por el contrario, se registró un ascenso del 5,5%, hasta los 6,24 millones de toneladas. Las ventas de gasolina aumentaron hasta los 1,19 millones de toneladas, un 11,3% más que en 2022, alcanzando las de gasóleo los 5,04 millones de toneladas, un 4,2% más.

Las estaciones de servicio canalizaron en ese año el 98% de las ventas totales de gasolina en el conjunto del mercado ibérico, así como el 78% de las de gasóleo de automoción. Así, el volumen de carburantes vendido a través de estaciones de servicio en el mercado ibérico se situó en 27,93 millones de toneladas (+0,4%), correspondiendo 7,10 millones a gasolina (+6,3%) y 20,83 millones a gasóleo (-1,5%).

En cuanto a la evolución del volumen de negocio, la caída de los precios registrada en 2023 provocó un descenso de la facturación agregada de las estaciones de servicio, estimándose la cifra de 46.418 millones de euros en el conjunto del mercado ibérico, un 11% menos que en 2022, año en el que había aumentado alrededor del 40%.

En diciembre de 2023 se encontraban operativas 14.845 estaciones de servicio en el conjunto del mercado ibérico, un 1,9% más que en 2022, prolongando la tendencia de crecimiento de ejercicios anteriores. En España existían en esa fecha 11.735 estaciones (+2,1%), mientras que el número de gasolineras en Portugal se incrementó un 1,5%, hasta situarse en 3.110.

La mayor parte de las estaciones de servicio con actividad en el mercado ibérico operan bajo marcas de compañías petroleras. No obstante, las cadenas de hipermercados y supermercados, así como las estaciones independientes con modelos de negocio low cost han ganado cuota de mercado en los últimos años.

Consecuencias a bote pronto

La bajada del precio del combustible puede perjudicar a las petroleras españolas de varias formas. La principal y más notoria es con una reducción de márgenes de beneficio. Las petroleras suelen tener márgenes más estrechos cuando los precios del combustible bajan. Esto es especialmente problemático para aquellas con actividades intensas de refinación y comercialización, ya que sus beneficios dependen de la diferencia entre el costo de adquirir crudo y el precio de venta de los productos refinados.

En paralelo, las empresas que tienen actividades de exploración y producción de crudo, como Repsol, verán afectada la rentabilidad de estos proyectos, ya que los ingresos dependen directamente del precio del barril de petróleo. Una caída en el precio del crudo reduce la viabilidad de inversiones en nuevos proyectos de exploración, especialmente en campos con altos costos de extracción.

Todo eso sin olvidar que las reservas de petróleo y gas en el balance de una petrolera se valoran según el precio del mercado. Si el precio baja, el valor de estas reservas disminuye, lo que puede afectar negativamente el valor contable de la empresa y su capacidad para acceder a financiamiento o realizar grandes inversiones.

Además, la bajada de precios del combustible fósil puede desincentivar las inversiones en energías renovables, ya que podría no haber un incentivo económico claro para acelerar la transición energética. Esto puede dañar la estrategia a largo plazo de compañías como Repsol, que han apostado por diversificarse hacia fuentes de energía más sostenibles. Y, desde luego, cuando los precios bajan, las empresas petroleras pueden verse obligadas a competir más agresivamente en el mercado de productos derivados, lo que podría erosionar aún más sus márgenes de ganancia.

En definitiva, aunque los consumidores puedan beneficiarse de una reducción en el precio del combustible, para las petroleras españolas, la bajada puede generar presiones sobre sus márgenes y la rentabilidad de sus operaciones, tanto en refinación como en exploración y producción.

Estos serían los impactos potenciales de la caída de beneficios petroleros

Las petroleras son una fuente importante de ingresos fiscales a través de impuestos especiales, royalties, y otros gravámenes. Una caída en los precios del combustible reduce los ingresos de estas empresas, afectando directamente las arcas del Estado. Esto puede desestabilizar las finanzas públicas y obligar a realizar ajustes presupuestarios en sectores críticos como salud, educación o infraestructuras.

En este contexto, las petroleras emplean a miles de personas de manera directa e indirecta. Una caída prolongada en los beneficios podría llevar a despidos, reducción de inversiones y parálisis de proyectos. Esto, a su vez, genera tensiones sociales y económicas, especialmente en regiones dependientes de la industria energética.

Además, para países con grandes empresas petroleras, la caída de los beneficios puede debilitar su posición geoestratégica en el ámbito internacional. Empresas como Repsol, que operan globalmente, ven reducida su capacidad para realizar adquisiciones o competir en mercados clave, lo que puede limitar la influencia de un país en el sector energético global y en las relaciones internacionales.

Una disminución prolongada en los beneficios del sector energético puede llevar a una reducción en las inversiones tanto en infraestructura como en tecnologías renovables. Esto tiene un impacto en el desarrollo económico a largo plazo y puede aumentar la dependencia de importaciones energéticas, comprometiendo la seguridad energética.

A todo esto, si las empresas nacionales no pueden competir en mercados de energía clave debido a menores beneficios, podría aumentar la dependencia de suministros externos, lo que hace a un país más vulnerable a las fluctuaciones geopolíticas y a las decisiones de actores externos.

Desestabilización

En países con economías menos diversificadas, como aquellos dependientes del petróleo, la caída de los beneficios petroleros puede provocar una crisis económica, incluyendo el colapso de las divisas, fuga de capitales, inflación y disturbios sociales. Sin embargo, en economías como la española, donde la dependencia del sector petrolero es menor, los impactos podrían ser más localizados en la industria energética y fiscal.

En conclusión, la caída del precio del combustible y la consecuente reducción de beneficios de las petroleras pueden tener efectos desestabilizadores, particularmente a nivel fiscal, laboral y en la seguridad energética de un país. Aunque España no es un productor petrolero clave, sus grandes empresas energéticas como Repsol podrían enfrentar presiones que afectarían la economía en menor escala.

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