Defensa admite una dependencia excesiva de Israel, mientras alerta del rearme de Marruecos con tecnología estadounidense e israelí

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El Ministerio de Defensa considera que la desconexión tecnológica con Israel representa una oportunidad para fortalecer la industria militar española, pese a las dificultades que plantea sustituir determinados sistemas y capacidades. Al mismo tiempo, reconoce la mejora de las capacidades militares de Marruecos, que está adquiriendo armamento y sistemas de defensa suministrados principalmente por Estados Unidos e Israel.

Ambos asuntos fueron abordados por el teniente general Miguel Ivorra, director general de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa, durante un desayuno informativo organizado esta semana por Nueva Economía Fórum en Madrid.

Ivorra admitió que España mantenía una «dependencia excesiva» de la industria israelí y sostuvo que la ruptura de los vínculos tecnológicos puede impulsar el desarrollo de capacidades propias. «Es una gran oportunidad», afirmó al ser preguntado por las consecuencias para la seguridad nacional de la decisión del Gobierno de interrumpir las relaciones con la industria israelí de defensa y seguridad en el contexto de la guerra de Gaza.

El responsable de Defensa reconoció, no obstante, que la sustitución de los sistemas afectados no será inmediata. «Lógicamente afecta porque hay sistemas más complejos que requieren tiempo», explicó, antes de añadir que el proceso exige también recursos económicos. Pese a estas dificultades, aseguró que España dispone de capacidad para superar la situación y defendió que la industria nacional asuma progresivamente la fabricación de las capacidades que hasta ahora proporcionaban las empresas israelíes.

España busca reducir su dependencia tecnológica

Las declaraciones de Ivorra sitúan la autonomía industrial y tecnológica en el centro de los desafíos de la defensa española. La cuestión no consiste únicamente en disponer de armamento avanzado, sino también en controlar los conocimientos necesarios para mantenerlo, actualizarlo e integrarlo con otros sistemas militares.

La dependencia de proveedores extranjeros puede condicionar la disponibilidad de equipos, el mantenimiento de las capacidades operativas y la posibilidad de introducir modificaciones. Por ello, el director general defendió un modelo de cooperación industrial que permita a España acceder a la tecnología y disponer de capacidad efectiva para intervenir sobre ella.

Ivorra también pidió reconocer la distancia tecnológica que separa a España de Estados Unidos, una brecha que calificó de «inmensa». Como respuesta, apostó por una Europa capaz de actuar de forma coordinada y avanzar hacia una mayor autonomía estratégica. La cooperación entre los países europeos, según su planteamiento, permitiría reducir vulnerabilidades sin renunciar a las relaciones industriales con aliados y otros socios.

El responsable de Defensa no planteó un aislamiento tecnológico, sino la necesidad de establecer acuerdos que garanticen un mayor control sobre las capacidades adquiridas. En este sentido, defendió que las relaciones industriales no se limiten a la compraventa de equipos, sino que incluyan acceso tecnológico y posibilidades de modificación y evolución de los sistemas.

Marruecos aumenta sus capacidades militares

Durante el mismo encuentro, Ivorra se refirió a la modernización militar de Marruecos y reconoció que el país vecino está adquiriendo numerosos sistemas y armamento proporcionados por Estados Unidos e Israel.

«Es una realidad» que Marruecos se está aprovisionando de estos equipos, señaló el teniente general, que evitó realizar una comparación directa entre las capacidades militares españolas y marroquíes al precisar que esa evaluación no forma parte de sus competencias.

El responsable de Defensa centró su análisis en la diferencia entre disponer de armamento avanzado y desarrollar una industria capaz de sostenerlo de manera autónoma. A su juicio, la adquisición de equipos extranjeros puede mejorar las capacidades militares de un país, pero no garantiza por sí sola la independencia tecnológica.

«La superioridad tecnológica no se consigue porque compres productos», afirmó. En su opinión, esa superioridad requiere capacidad para desarrollar los sistemas, mantenerlos y evolucionarlos a lo largo de su vida operativa.

La advertencia apunta a una cuestión relevante para los países que modernizan sus Fuerzas Armadas mediante compras internacionales: la capacidad de combate depende tanto de las prestaciones del material como de las condiciones de acceso a su tecnología, la disponibilidad de repuestos, el mantenimiento y la posibilidad de adaptar los equipos a nuevas necesidades.

Ivorra resumió este riesgo al señalar que disponer de un sistema avanzado puede resultar ventajoso mientras el proveedor mantenga el suministro y no imponga restricciones. La dependencia puede convertirse en una limitación si el país comprador carece de capacidad para mantener o modificar los equipos por sus propios medios.

El ejemplo del F-35 y el Eurofighter

Para explicar la diferencia entre comprar tecnología y controlar su evolución, Ivorra recurrió al ejemplo de Finlandia y del caza estadounidense F-35, un avión de quinta generación que calificó de extraordinario, aunque señaló la elevada dependencia que supone operar un sistema de estas características.

Como contrapunto, mencionó el Eurofighter, cuya ventaja, desde la perspectiva expuesta por el teniente general, reside en la capacidad de integrar distintos tipos de armamento. La comparación le permitió ilustrar su concepto de soberanía tecnológica: no basta con recibir un sistema avanzado, sino que resulta determinante disponer de margen para modificarlo y adaptarlo.

«Cuando tú hablas de una relación de ‘partnership’ en la que te dan el sistema, pero te dan la llave para poder modificarlo, es otra cosa», afirmó. «Soberanía tecnológica es eso», añadió.

Esta posición no implica rechazar la cooperación con empresas extranjeras. Ivorra aseguró que España está abierta a establecer relaciones con compañías de otros países, especialmente con socios europeos, siempre que los acuerdos superen el esquema de una simple operación comercial y permitan un acceso suficiente a la tecnología.

 

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