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Dulcinea del True Crime. Capítulo XVII
CAPÍTULO XVII
En que Modesto Fama Cuesta empieza a hacer algo diferente, con la ayuda de quien menos esperaba
Modesto llamó a Inés Perada Vuelta un jueves por la mañana, después de haberlo pospuesto cuatro días con excusas que se iban volviendo más transparentes cada vez que las formulaba.
Inés cogió al tercer tono. Modesto se había preparado una introducción que sonaba razonable y que empezaba por aclarar que llamaba para explorar posibles sinergias entre sus proyectos, que era la manera en que los creadores de contenido llaman a las cosas cuando no quieren decir lo que son. Pero cuando Inés dijo dígame con su voz sin urgencia, Modesto dejó la introducción preparada en algún lugar de la memoria y dijo:
—Soy Modesto Fama, del canal Crimen en Abierto. Creo que he estado haciendo las cosas mal y no sé muy bien cómo hacer las cosas bien. Me han dicho que debería hablar con usted.
Hubo una pausa breve al otro lado.
—¿Quién se lo ha dicho? —preguntó Inés.
—Un portero jubilado de Olmeda del Espino.
Otra pausa. Y luego algo que Modesto interpretó como una sonrisa, aunque no la pudiera ver.
—Cuénteme —dijo Inés.
— ✦ —
De lo que Modesto propuso y de las condiciones que Inés puso
Hablaron durante dos horas. Modesto habló de lo que hacía y de lo que sabía que no hacía bien. Inés escuchó sin interrumpir demasiado, con la atención de quien toma nota mentalmente y reserva las observaciones para cuando tiene el cuadro completo.
Al final, Modesto hizo la propuesta que llevaba días formulando mentalmente: colaborar en la producción de contenido diferente. No true crime en el sentido habitual. Contenido sobre prevención, sobre los factores que la investigación criminológica identifica como determinantes del delito y de la victimización, sobre los mecanismos del fraude digital, sobre los recursos disponibles para quien los necesita. Con la parte documental, gráfica y de producción que él sabía hacer. Con el rigor criminológico que él no tenía y que Inés sí.
Inés escuchó la propuesta entera. Luego dijo:
—Tengo condiciones.
—Dígalas.
—Primera: ningún caso real con víctimas identificables sin consentimiento explícito de las personas implicadas. Si queremos hablar de un tipo de delito, hablamos del mecanismo, no del caso concreto. Segunda: todo lo que afirmemos tiene que estar respaldado por investigación publicada o por datos oficiales verificables. Si especulamos, lo decimos explícitamente y con esa palabra: especulación. Tercera: ninguna pregunta retórica sin respuesta como recurso narrativo. Si planteamos una pregunta o la respondemos o reconocemos que no tiene respuesta conocida. Cuarta: los recursos de ayuda van siempre al final del episodio, sin excepción. No son opcionales.
—¿Algo más? —dijo Modesto.
—Sí. Quinta: si en algún momento considero que un episodio no cumple estas condiciones, tengo derecho a retirar mi nombre del proyecto sin negociación. Eso no es discutible.
Modesto había escuchado las cinco condiciones sin interrumpir. Luego dijo:
—De acuerdo.
—¿Sin matices?
—Sin matices.
Inés hizo una pausa.
—Entonces hablemos de cómo empezamos.
— ✦ —
Del primer mes y de lo que costó
El primer episodio de la nueva etapa se publicó tres semanas después. Se titulaba «Cómo funciona el phishing: mecanismos, señales y qué hacer si te afecta» y duraba veintidós minutos. No tenía música de suspense. No tenía recreaciones dramáticas. Tenía una infografía animada que Modesto había producido con más cuidado del habitual, la voz de Inés explicando el mecanismo con su precisión característica y al final cinco minutos de recursos concretos: teléfonos, portales de denuncia, pasos inmediatos.
En las primeras cuarenta y ocho horas tuvo cuatro mil visualizaciones.
El episodio anterior sobre un caso sin resolver de los años noventa había tenido veintiocho mil en el mismo período.
Modesto miró los números durante un rato. Luego abrió el documento donde llevaba el registro de episodios y anotó los datos. No borró nada. No cambió nada. Publicó el segundo episodio de la nueva etapa la semana siguiente.
Al final del primer mes, el canal había perdido dieciocho mil suscriptores. Era un tercio de los que había ganado en el último año. Modesto lo anotó también.
Lo que no anotó, porque no tenía todavía las palabras para ello, era que por primera vez en dos años de canal no había recibido ningún mensaje de ninguna familia diciéndole que su padre o su madre o su hijo o su hija aparecía en uno de sus vídeos. Que la bandeja de mensajes directos tenía preguntas sobre los temas tratados, peticiones de episodios sobre otros mecanismos de fraude, agradecimientos de personas que reconocían situaciones propias o de familiares. Que el porcentaje de comentarios que tenía que borrar por ofensivos o por señalamiento de personas había bajado a casi cero.
Dieciocho mil suscriptores menos. Cero familias dañadas.
Modesto no hizo la ecuación en voz alta. Pero la hizo.
— ✦ —
De lo que Inés descubrió que Modesto sabía hacer
Lo que Inés no había anticipado del todo y que fue apareciendo en el trabajo conjunto con la naturalidad de los talentos que no necesitan ser señalados para existir, era que Modesto sabía contar.
No en el sentido en que lo había estado haciendo: con música de fondo y preguntas sin respuesta y miniaturas en rojo. En el sentido más fundamental: sabía construir una narración que se sostenía, que tenía ritmo, que llevaba al oyente de un punto a otro sin que se perdiera ni se aburriera. Sabía cuándo acelerar y cuándo dejar respirar. Sabía qué imagen ilustraba una idea y cuál la oscurecía.
Eso, con el contenido correcto y las condiciones de Inés como marco, producía algo que ninguno de los dos habría podido producir por separado.
Inés se lo dijo un día, directamente, porque Inés no tenía el hábito de los rodeos:
—Usted sabe contar. Eso no es menor. La mayoría de las personas que tienen cosas importantes que decir no saben contarlas. Y la mayoría de las personas que saben contarlas no tienen cosas importantes que decir. Que coincidan las dos en el mismo proyecto es menos frecuente de lo que debería.
Modesto no dijo nada durante un momento.
—¿Eso es un cumplido? —preguntó.
—Es una observación —dijo Inés—. Pero sí.
Modesto apuntó algo en su libreta. Luego lo tachó. Luego siguió trabajando.
No son casos. Son personas.
CAPÍTULO XVIII
De la asociación de víctimas, del nuevo portero y de otras cosas que don Justo Severo aprendió sin cuaderno




