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martes, julio 28, 2026

El 39% de los adolescentes ha contactado online con desconocidos, pero el miedo al castigo les impide pedir ayuda ante el grooming

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La Guardia Civil y Fundación SOL han presentado hoy en Madrid el informe ‘Percepciones de la infancia y la adolescencia sobre los riesgos del grooming’, un estudio de referencia en España sobre esta práctica que consiste en el acercamiento de adultos a menores a través del entorno digital con el fin de cometer delitos de índole sexual.

La investigación, pionera por haber construido sus conclusiones directamente desde la voz de los propios menores, ha contado con la participación de más de 1.500 niños, niñas y adolescentes de entre 10 y 17 años de colegios de Madrid, Cataluña, la Comunidad Valenciana y Andalucía.

Su presentación ha reunido a un panel de expertos integrado por Teresa Gisbert Jordá, fiscal de Sala Coordinadora de Menores; Celso Arango, jefe del Servicio de Psiquiatría, Psicología Clínica y Salud Mental Infantil y Adolescente del Hospital Universitario La Paz; el capitán jefe del Equipo Mujer-Menor de la Guardia Civil, Daniel Moreno; y la jurista especializada en Criminología Beatriz Izquierdo.

Los datos que arroja el informe dibujan una realidad más extendida de lo que cabría esperar. El 39% del alumnado de secundaria reconoce haber mantenido contacto online con personas a las que no conocía previamente en el ámbito presencial, una cifra que en primaria se sitúa en el 14%.

Pero es al profundizar en la naturaleza de esas interacciones con desconocidos cuando los resultados resultan especialmente preocupantes: entre quienes tuvieron ese contacto, un 37% del alumnado de primaria y un 21% del de secundaria afirman haber vivido situaciones en las que una persona adulta les hizo sentir incómodos o les molestó.

El estudio constata además que el riesgo no proviene exclusivamente de extraños: en el 15% de los casos registrados en primaria y en el 9% de los de secundaria, la persona responsable pertenecía al círculo cercano o familiar de la víctima, lo que añade una dimensión especialmente compleja al fenómeno.

La recepción de contenido sexual no solicitado constituye otro de los hallazgos más alarmantes del informe. El 12% del alumnado de secundaria y el 4% del de primaria declara haber recibido alguna vez mensajes de contenido sexual por parte de alguien desconocido a través de internet sin haberlos pedido.

El 8% de los encuestados de secundaria manifiesta que personas desconocidas les han solicitado fotos o vídeos mostrando alguna parte de su cuerpo, y un 7% que les han pedido hablar sobre practicar actividades sexuales.

Detrás de estas cifras late una estrategia de aproximación que el estudio describe con precisión: los groomers aprovechan las dinámicas cotidianas de confianza y cercanía para acercarse progresivamente a los menores sin generar una sensación inmediata de amenaza. En secundaria, estas formas de acercamiento se vuelven más sofisticadas e incorporan componentes con apariencia amistosa, romántica o emocionalmente validante.

El papel de los dispositivos tecnológicos personales como vía de acceso de los agresores aparece como un factor estructural del problema. El 95% de los alumnos de secundaria accede a internet a través de un teléfono móvil propio, lo que favorece una conexión más constante y con menor supervisión adulta. El informe señala que en esta etapa aumenta de forma significativa el uso a solas en la habitación, en el baño y al meterse en la cama, espacios donde la ausencia de adultos facilita tanto la exposición al riesgo como la dificultad para detectarlo.

Uno de los aspectos más reveladores del estudio —y que marca su carácter singular— es el análisis de por qué los menores no piden ayuda cuando se ven expuestos a situaciones de grooming.

La brecha entre lo que viven y lo que comunican es amplia

Los adolescentes tienden a reaccionar de forma más autónoma ante estas situaciones, ignorando o bloqueando al agresor y buscando el apoyo de su grupo de iguales antes que el de adultos de referencia. Cuando piensan en recurrir a ayuda formal, la mayoría identifica a la Guardia Civil u otros cuerpos policiales, recursos que asocian únicamente a situaciones graves o ya consumadas. Los canales especializados son mucho menos conocidos y las fases iniciales del grooming rara vez se perciben como una amenaza que merezca ser denunciada.

Las barreras para pedir ayuda son, según el informe, de naturaleza emocional y social antes que informativa. La vergüenza, el miedo al juicio social y el temor a las reacciones de los adultos constituyen los obstáculos principales.

De forma significativa, el estudio señala que el miedo más repetido entre los menores no se dirige hacia el agresor, sino hacia las consecuencias posteriores: la pérdida del teléfono móvil, las restricciones o el fin de su privacidad digital. La familia, aunque sigue siendo el principal referente de protección, puede percibirse al mismo tiempo como fuente de castigo o de pérdida de autonomía, lo que en la práctica puede llevar a los menores a callar experiencias que deberían poder compartir.

Las conclusiones del informe tienen implicaciones directas para el diseño de estrategias de prevención. Sus autores subrayan que enseñar a los menores a identificar señales de peligro obvias no es suficiente. Resulta fundamental ayudarles a reconocer aquellas situaciones que, aunque en un primer momento puedan parecer muestras normales de amistad o atención, pueden convertirse progresivamente en relaciones de manipulación o control.

Para lograrlo, el informe apunta a la necesidad de crear entornos familiares, educativos y comunitarios donde niños y adolescentes puedan hablar de estas experiencias con confianza, sin miedo a ser castigados ni a perder su acceso a la tecnología. Solo una comunicación abierta y redes de apoyo verdaderamente accesibles podrán permitir detectar y abordar el grooming antes de que se agrave.

Para llegar a estos resultados, el estudio empleó una metodología mixta que combina técnicas cuantitativas —un cuestionario en formato online respondido por 1.509 estudiantes de siete centros educativos— con dinámicas grupales cualitativas. Esto permitió no solo estimar la magnitud del fenómeno, sino también explorar la manera en que los propios menores interpretan las interacciones digitales y perciben las situaciones de riesgo.

Con esta investigación, la Guardia Civil refuerza su compromiso institucional con la protección de los menores en el entorno digital y consolida su colaboración con entidades sociales y la comunidad educativa para la prevención de la violencia sexual contra la infancia.

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