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miércoles, julio 29, 2026

El avispero sirio

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Antonio Miguel Sánchez
Antonio Miguel Sánchez
Psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

La situación en Oriente Medio se ha venido complicando desde la aparición del petróleo como recurso de valor estratégico. No menos importante fue el flujo de hebreos a Palestina, sin olvidar la caída del Imperio Otomano. También influyeron el nacimiento de nuevos operadores geoestratégicos de importancia, como el Imperio Ruso y su primer intento de modernización, y el advenimiento de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) como gran potencia. Todos estos eventos abarcan un período de aproximadamente 70 años, desde 1850, año de referencia de partida para la segunda revolución industrial, hasta 1920, cuando finalizaron los tratados que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial. Durante este lapso de tiempo, Oriente Medio pasó de ser poco menos que un desierto habitado por tribus nómadas que lo cruzaban en dromedario, a convertirse en una zona de explotación petrolífera donde las grandes potencias pusieron sus ojos y sus inversiones.

Del mismo modo que el Tratado de Versalles de junio de 1919 dejó inconclusa la cuestión alemana en Europa, (Ferdinand Foch, Mariscal de Francia y Comandante en Jefe de los Ejércitos Aliados, profetizó: “Este no es un tratado de paz, sino un armisticio para veinte años”. A los 20 años y 64 días estalló la Segunda Guerra Mundial), el Tratado de Sèvres puso fin al Imperio Otomano, el 4º Califato vigente desde la caída de los últimos selúcidas (el Gran Saladino lo era) en 1307. Tras seis siglos de hegemonía en un imperio que llegó a abarcar 5,2 millones de km² hacia 1600, incluida la conquista de Bizancio en 1453, la Constantinópolis o Constantinopla de los romanos herederos de Teodosio el Grande, que después fue conocida como Istanbul o Estambul, los otomanos cayeron víctimas del progreso y de la Gran Guerra, como se conocía entonces a la Primera Guerra Mundial.

El acuerdo secreto de Sykes-Picot entre el Imperio Británico y la Tercera República Francesa, la Francia del impero colonial de la época, definió las esferas de influencia de los dos países para el caso de que la Triple Entente obtuviera la victoria. Las negociaciones se llevaron a cabo entre noviembre de 1915 y marzo de 1916 y se hizo público en la prensa rusa (Pravda e Izvestia, los grandes periódicos imperiales que después fueron los voceros de la URSS) el 23 de noviembre de 1917 y por el diario británico The Manchester Guardian el 26 del mismo mes.

Las promesas británicas a los árabes durante la guerra quedaron en agua de borrajas y el territorio quedó bajo zonas de control de las potencias firmantes con sus correspondientes zonas de influencia, dejando muchas cuestiones enquistadas para el futuro. Los principales asesores del gobierno británico fueron el coronel Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia, 1888-1935) y la Reina del Desierto, Gertrude Bell (1868-1926). Lawrence se retiró del ejército en 1922 por su frustración con la conclusión de los acuerdos tras la guerra y pasó a la R.A.F., donde sirvió como soldado raso hasta 1935, cuando falleció en un accidente de moto. La señora Bell, arabista y espía del Imperio, era la que más sabía de la zona, pues había recorrido los desiertos durante años, siendo recibida y agasajada por todas las tribus árabes. Tampoco sus consejos para los mapas de partición fueron seguidos. El Tratado de Sèvres acabó reflejando los acuerdos Sykes-Picot y las voces de los expertos fueron acalladas.

La Declaración Balfour del 2 de noviembre de 1917 preconizaba la creación del Estado de Israel. La emigración de hebreos de todo el mundo a la zona geográfica del Israel bíblico se hizo imparable, pues había comenzado ya en la última década del siglo XIX. Los sucesos de los años 30 en Palestina enquistaron la cuestión y dieron lugar al ejército secreto israelí, germen de sus futuras Fuerzas de Defensa. Tras la Segunda Guerra Mundial, se fundó el Estado de Israel el 14 de mayo de 1948. La pieza clave de todo el conflicto del Próximo Oriente sentó plaza y desde entonces se juega una interminable partida de ajedrez en la región que no tiene visos de terminar nunca.

El 23 de septiembre de 1932 se creó Arabia Saudí bajo patrocinio norteamericano. Aunque los useños eran líderes del negocio del petróleo, pues el conglomerado empresarial formado por las Siete Hermanas (Esso, Royal Dutch Shell, Anglo-Iranian Oil Company, Socony, Standard Oil de California, Gulf y Texaco) desde principios de siglo era liderado por compañías americanas, la influencia política del gigante americano era mínima, al no tener países amigos o bajo su paraguas protector.

La creación de Irak, también en 1932, bajo paraguas británico, terminó con la plena independencia del mismo en 1958, por un golpe de estado de corte militar. Siria se convirtió en república plena en 1946, ya en el contexto de las descolonizaciones posteriores a la Segunda Guerra Mundial que dejó a Francia sin Cochinchina, Marruecos, Siria y Argelia. En 1971, el Partido Baas de la familia El Asad se hizo con el poder en Siria y, en 1979, el mismo partido Baas hizo lo propio en Irak bajo mando de Saddam Hussein. Muchas piezas del antiguo Imperio Otomano, ya desde la crisis de Suez de 1956 en Egipto, habían entrado en la agenda de la Guerra Fría y otro actor de primera línea se había sumado al gran tablero del Próximo Oriente: la URSS. El gran juego se abrió con la primera crisis del petróleo en 1973 y desde entonces todo el mundo ha estado moviendo piezas, con otro actor en danza desde 1979, con la caída del Sha Reza Pahlevi y el advenimiento al poder de los Ayatolás: Irán.

Con la aparición de la guerra híbrida por parte de los grupos terroristas, que arreciaron en la década de 1980 contra Israel y contra su aliado norteamericano, el Gran Satán, según lo bautizó el régimen iraní de los ayatolás, el conflicto en el Próximo Oriente se agudizó y las arremetidas de unos y otros terminaron en guerras que han venido complicando más y más la situación. En 1989 cayó el muro de Berlín y en 1991 lo hizo la URSS. Los norteamericanos siguieron sufriendo golpes en la década de 1990. Mediante una operación no bien calculada de Irak en el verano de 1990, Kuwait quedó anexionado por el régimen de Saddam Hussein, pero la réplica de EE. UU. fue inmediata y a primeros de 1991, la Operación Tormenta del Desierto echó a los iraquíes de Kuwait y dejó al régimen baasista muy tocado.

Finalmente, los norteamericanos recibieron un ataque en suelo propio en 2001 que tumbó literalmente el World Trade Center, las Torres Gemelas de Nueva York como se las conocía (las Twin Towers), con el resultado de casi 3.000 muertos y varios miles de heridos, superando a Pearl Harbor en 1941. Esta provocación llevó al derrocamiento y muerte de Saddam Hussein por invasión, por segunda vez, de Irak, pues se le hacía responsable de dar cobijo a Bin Laden, líder de la banda Al Qaeda, responsable de los atentados del 11S y de poseer armas de destrucción masiva. Irán seguía moviendo fichas y había creado la milicia Hamas en suelo gazatí, que a partir de 2006 quedó bajo su influencia, al tiempo que infiltraba en Líbano al grupo Hezbolá, que ha mantenido al país secuestrado hasta las recientes operaciones de Israel.

Las Primaveras Árabes de 2010 y 2011 fueron un período de grandes cambios y expectativas en el mundo árabe. Este es un resumen de los resultados en algunos países:

  • Libia: La caída de Muamar el Gadafi en 2011 marcó el fin de su régimen de 42 años, pero el país ha estado inmerso en conflictos y falta de estabilidad desde entonces.
  • Argelia: Aunque hubo protestas significativas, el resultado fue más incierto y no condujo a cambios democráticos sustanciales.
  • Túnez: Es considerado un relativo éxito, ya que logró establecer una democracia, aunque ha enfrentado desafíos y períodos de inestabilidad.
  • Siria: El conflicto civil que comenzó en 2011 ha sido devastador, con más de 600.000 muertos y casi 5 millones de personas desplazadas. Recientemente, la caída del baasismo administrado por la familia El Asad ha llevado a Bachar El Asad a exiliarse en Rusia.

Los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 llevaron a Israel a la conclusión de que debía entrar en Gaza sin reservas, para terminar con la organización Hamas, sus túneles, sus armas y sus provisiones y conexiones con el régimen iraní. Esta operación, llevada a cabo en el contexto de la invasión de Rusia a Ucrania, sumada a la reciente eliminación de la mayoría del personal operativo de Hezbolá en Líbano, unos 3.500 combatientes y la mayoría de sus jefes, unos 500, mediante explosión a distancia de buscas (tecnología de los años 1980) y Walkie Talkies (todo ello, como los buscas, de tecnología analógica, a fin de impedir la localización) por medio de una operación de servicios secretos israelíes que ha dejado al mundo con la boca abierta, por la perfección de su ejecución y por su efectividad, ha alterado profundamente el estatus quo de la región, por varios motivos: Irán ha tratado de responder a los éxitos israelíes encontrándose con que la respuesta hebrea los ha dejado desposeídos de defensas aéreas y muy tocados de material bélico.

Rusia, por su parte, inmersa en la guerra de Ucrania, sometida a sanciones internacionales y con problemas para renovar hombres y material en el frente, no ha podido prestar ayuda a su aliado sirio ante el avance de los grupos yihadistas o del Estado Islámico presentes en el conflicto. Irán, por su parte, derrotada en Gaza y lamiéndose las heridas del desastre en Líbano, amén de recibir represalias en sus instalaciones en territorio propio, no ha podido más y ha dejado solos a los sirios. Los grupos contrarios al régimen de El Asad han aprovechado la debilidad de los socios del sirio, Rusia e Irán, y en un sorprendente paseo militar de una semana han tumbado el régimen que llevaba vigente 53 años. En la actualidad, todo son parabienes por los vencedores, mientras se configura un nuevo régimen en la región y se hace un llamado a los 5 millones de sirios en el exilio para que vuelvan a casa y ayuden a reconstruir el país.

Balance de daños, pérdidas y ganancias

El resultado deja dos claros perdedores: Rusia e Irán.

Rusia: Con motivo del conflicto iniciado en 2011 y con la necesidad de bases en la zona para ser un operador real y mantener el estatus de superpotencia, la Federación Rusa, heredera de la URSS, logró no perder la base marítima en el sur de Siria (Tartús), construida por la URSS durante la Guerra Fría, reforzándola en sus instalaciones, que adquirieron importancia estratégica para los rusos en el Mediterráneo, y desde ahí han estado operando buques de guerra y submarinos, y acumulando material estratégico de primer orden. Ante la presente circunstancia, se ha visto a los rusos cargar apresuradamente material en sus barcos y salir precipitadamente del territorio. A fecha de hoy, se desconoce aún si los nuevos dirigentes acordarán la permanencia de la base o despedirán definitivamente a sus antiguos tenedores.

Los rusos habían construido en el norte una base aérea estratégica en el año 2015 en Jmeimim, desde donde han operado con la aviación para ayudar a sus socios sirios. El presente estado de cosas no deja claro aún si los rusos permanecerán o tendrán que marcharse. En ambos casos, la pérdida de influencia rusa en la región es constatable. En el momento presente, las nuevas autoridades han pedido al régimen de Putin que retire sus soldados del país. De lo lograr un acuerdo, Rusia perderá definitivamente las bases y su presencia en Siria.

Irán: Sus planes de derrota y eliminación del Estado de Israel no parecen ir por buen camino. Su apoyo a la operación del 7 de octubre de 2023, una masacre con tintes de genocidio llevada a cabo en Israel a modo de progrom, con toma de rehenes, ancianos, mujeres y niños, ha dado como resultado el descalabro de su milicia en Gaza, Hamas, que está al borde del colapso, así como de su otro grupo terrorista en Líbano, Hezbolá, eliminado por Israel mediante una operación de inteligencia, ya descrita. Además, sus represalias contra el Estado de Israel por los éxitos de este en Gaza y Líbano han tenido como consecuencia la pérdida de abundante material e instalaciones en su propio territorio, y a todos los efectos el país se ha quedado sin defensas antiaéreas. Israel puede intervenir a voluntad. Además, su imposibilidad de suministrar a sus grupos colaboradores viene dada por la escasez de material y por el cierre de los accesos por la vía siria a Gaza y Líbano. Jordania no es socio de Irán, por lo que la pérdida de influencia y poder del régimen de los ayatolás en la región es palmaria.

Países ganadores: Turquía e Israel.

Turquía queda con manos libres para atacar en el norte a sus enemigos kurdos. Como sabemos, el Kurdistán es un territorio distribuido en 4 países de los diseñados por británicos y franceses en 1920, donde olvidaron la realidad kurda y en lugar de dar espacio a esta comunidad, la dejaron dividida dentro de 4 fronteras, por lo que quedaron convertidos en enemigos de Turquía, Siria, Irak e Irán. Los turcos han aprovechado la debilidad de Rusia e Irán en la región para impulsar a sus aliados del norte, y en pocos días una de las dos facciones yihadistas de la guerra de Siria se ha hecho con el poder. De este modo los turcos afianzan su presencia en la región, desplazando a rusos e iraníes, y quedan libres para masacrar a los kurdos al norte de Siria.

Turquía tiene una posición extraña en cuestiones internacionales, pues socio y rival de Rusia, parecida posición en la OTAN y con relaciones muy ambivalentes en relación con la UE. Su presencia en la OTAN es un mal menor, dado que se supone mejor tenerlos como aliados que como enemigos. Si bien en cuestiones de armamento compran a todo el mundo, no solo a países OTAN. Así pues, al tiempo que es considerado amigo, es un país bajo observación, porque además están inmersos en un intento de retroceso en el tiempo, que la población más avanzada no acepta, y eso se nota particularmente en Estambul, donde la gente se occidentalizó en tiempos de los jóvenes turcos con Kemal Ataturk a la cabeza y no quieren volver al pasado. Por eso, como decimos, Turquía claro vencedor, pero también país en observación.

Israel ha desarbolado las defensas de Irán, país al que tiene a su merced si decidiera profundizar sus ataques. Tras la costosa operación en Gaza, con visos de terminar con arreglo a los deseos de Israel, pues fue programada para terminar de una vez con Hamas y con la expulsión del territorio de los supervivientes de la banda, y tras los éxitos cosechados en Líbano, desarbolando a Hezbolá y dejándola al borde del caos, las Fuerzas de Defensa Israelíes han invadido los Altos del Golán para asegurar un territorio de protección para el propio. Su arma aérea ha funcionado a tope, eliminando depósitos de armamento y bases sirias y de algunos grupos que pretendían desarbolar al régimen, con el propósito de eliminar amenazas futuras.

Israel, al tiempo que observa y aguarda, campa a sus anchas en el norte de su territorio, habiendo obtenido pleno control de la franja limítrofe con Siria y desmantelado al grupo Hezbolá, opresor también de Líbano, pues lleva interfiriendo en su gobierno desde que adquirió presencia y mayor capacidad militar que el propio ejército libanés. Las actuales circunstancias, por mor de las acciones de Israel, pueden propiciar una recuperación de los poderes locales en Líbano, y si la estabilidad se prolonga en el tiempo, una recuperación económica de la que está tan necesitado este país sería posible, víctima como ha sido de guerras e interferencias exteriores durante largos períodos a lo largo de su historia.

USA, por su parte, tiene multitud de bases en países árabes del Próximo Oriente y de continuo mantiene flotas en los mares próximos a la zona, tanto por el Mediterráneo y Mar Rojo como por el Mar de Omán y Golfo Pérsico. Su influencia en la zona es inevitable dada su capacidad de maniobra y su firme aliado, con el que se apoya mutuamente, Israel. Tienen socios ambiguos, caso de Arabia Saudí y Qatar, pero se supone que es de su responsabilidad mantenerlos en el redil occidental. Aunque es bien sabido que Arabia Saudí coquetea con los BRICS y que la posición de Qatar es extremadamente alambicada, pues al tiempo que hace negocios de tipo occidental, mantiene su apoyo a integristas de todo el mundo y financia la construcción de nuevas mezquitas allá donde puede. Mezquitas que no suelen estar bajo el control de los países que las acogen, y donde la prédica del integrismo es siempre un peligro para Occidente. Veremos qué evolución toman estos dos “aliados” en el futuro.

Los nuevos señores de Siria.

El grupo vencedor tras la semana apoteósica de conquista y caída del régimen en Siria es el de Abu Mohamed al-Golani, literalmente “el del Golán”. Aunque nació en Riad, Arabia Saudita, su vida de menor transcurrió por los Altos del Golán, por lo que se considera sirio. Es el jefe del grupo HTS (Hayat Tahrir al-Sham, Organización o Entidad de Liberación del Levante), después de abandonar Al Qaeda. Aunque teóricamente pretendería implantar un califato integrista, parece que en virtud del pragmatismo ha preferido moderar estos objetivos, se ha limitado a tomar el poder, ha invitado a los rusos a salir del territorio y ha cedido la administración a los antiguos cuerpos civiles y administrativos al servicio del régimen anterior. Es una forma práctica de no atraerse poderosos enemigos de forma inmediata, al tiempo que ha hecho una clara llamada a la emigración siria para que vuelva a casa. Los sirios, un país de 12 millones de habitantes, tienen 5 millones en el exterior, y todos los brazos y recursos financieros serán pocos para intentar una reconstrucción de un país sometido a tantos años de destrozo. Como sunníes son adversarios de Irán, que son chiíes, y mientras no tengan en mente atacar a Israel, todo les irá bien. Hay que tener en cuenta que estos nuevos señores pueden crear un régimen de moderación y entrar en buenas relaciones con muchos socios internacionales dispuestos a invertir en el país, inversiones que quedarían garantizadas por el oro negro que el país posee: el petróleo.

Si en su lugar, el nuevo régimen asusta a sus vecinos moderados y se busca enemigos de la talla de USA e Israel, la inestabilidad en la zona y el terrorismo quedarán garantizados, pero los sirios del exterior no acudirán y el país seguiría siendo el mismo estercolero en que lo ha convertido la guerra civil. Como está en buenos términos con Turquía y si da garantías a Israel, al tiempo que bloquea el paso a Irán, podemos encontrarnos con un socio/no socio fiable en la zona. Pero esto solamente lo puede decir el tiempo.

El porvenir de la región

Es muy pronto para aventurar conjeturas sobre el futuro de Siria y del resto de actores de la zona. Por el momento, Israel ha obtenido grandes triunfos en sus campañas en Gaza y Líbano, se ha enseñoreado del Golán como zona de protección de sus propios habitantes del norte y está en buenos términos con varios vecinos importantes: Jordania y Egipto están entre ellos y estuvieron en tratos con Arabia Saudí para firmar acuerdos de buena vecindad. Con Líbano neutralizado y con Siria bajo estas nuevas circunstancias, los israelíes pueden ser excelentes líderes en Oriente Próximo para cualquier país que pretenda entrar en relaciones de buenos vecinos y socios comerciales. Su potencial en tecnologías del futuro es la más importante del mundo, su inventiva y creatividad no tienen límites, y si sus vecinos se prestan a ello, se pueden formar grandes bolsas de prosperidad, siempre que los estados árabes deseen caminar hacia un futuro mejor que la habitual práctica de golpeo y contragolpeo para volver a comenzar un nuevo asalto.

USA ha conseguido sacar a Rusia e Irán del juego estratégico e imaginamos que el nuevo presidente Trump tendrá planes con Israel para afianzar el nuevo estatus quo en la zona. No nos sorprendería que ambos tuviesen planes respecto a Irán, cuyo régimen lleva 44 años asolando la zona. La propia población iraní, si colabora en tumbar su actual régimen, podría beneficiarse de los recientes acontecimientos.

Turquía, por su parte, queda liberada en el sur de preocupaciones y se ceñirá a atacar a los kurdos de su territorio. Estos, por su parte, podrían tener alguna opción sumando Siria e Irak, pero por el momento desconocemos la voluntad de los actores en la región para facilitar esa salida. Los países que tienen partes del Kurdistán en su propio territorio no estarán por la labor y se requiere una acción política internacional decidida, liderada por la ONU. Esto es algo que tendremos en agenda, aunque no de forma inmediata.

Los actuales acontecimientos pueden ser fuente de nuevos conflictos o, por el contrario, se pueden considerar una oportunidad, si los partícipes olvidan sus objetivos de máximos y eligen el progreso en lugar de la guerra como forma de interacción. Es necesario dar tiempo al próximo período presidencial de USA, pues sin duda su acción marcará la agenda. Ucrania es el principal punto del orden del día ahora y Rusia está en dificultades. Si ese conflicto se termina de forma justa y no se cierra en falso, el Próximo Oriente podría entrar en una época nunca vista desde hace más de un siglo.

Por Antonio Miguel Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

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