Si hoy nos preguntamos dónde están las obras de arte, lo más probable es que respondamos instintivamente: ¿dónde van a estar? En museos, fundaciones, coleccionistas privados, inversionistas amantes del arte, marchantes o especuladores. Pero intuimos que también se hallan en puertos francos, grandes búnkeres en paraísos fiscales, etc. Estos son lugares menos visibles, donde se encuentran protegidas, bien custodiadas y que albergan obras de enorme valor.
Cambiemos la pregunta: ¿cuántas obras realmente existen? Creo que aquí nos acercamos a una respuesta bastante más insegura. Solo somos conocedores de lo que aparece en los medios de comunicación: subastas, exposiciones, recuperaciones, etc. Y aun así, se nos plantea la dificultad de determinar la cantidad real de obras existentes.
Vamos a imaginar que pudiéramos conocer cuántas obras han realizado los artistas más codiciados del mercado del arte. Por descontado, sería una misión casi imposible. Aunque siempre ha habido interés en conocer la producción de los creadores, se han realizado catálogos razonados, inventarios, controles de datos, listas, fichas, bases de datos, etc. Y, de forma constante, no paramos de ver cómo surgen piezas nuevas: unas aparecen en un altillo, en un trastero, escondidas… y aun con el interés de estar al tanto, muchas se ignoraban hasta que surgen de almacenes o contenedores, no es extraño oír que se presentan en ferias varios Picasso, algún Miró e incluso un Chagall.
Ante esta situación, considero que cuantificar todo no solo sería una investigación compleja —como he mencionado, casi una “misión imposible”—, sino que quizá también supondría un auténtico susto.
Nos hallamos en una época en la que existe una amplia confusión en casi todo lo que nos rodea, y el mundo del arte no es una excepción. Para quienes estamos inmersos en él, inquieta pensar: ¿qué está pasando con las obras de arte? Las informaciones que nos llegan —a veces dudosas— nos generan incertidumbre. Se habla de búnkeres, contenedores, puertos francos y depósitos donde se almacenan piezas de gran valor. Todas estas incógnitas deben preocuparnos y nos inquietan, porque no sabemos discernir qué parte del mercado es opaca y cuál es real.
Hoy, bajo mi punto de vista, y con tantas expectativas, no podemos olvidar los conflictos internacionales, especialmente la guerra, que —aunque no es algo excepcional— actualmente se presenta de forma especialmente visible y con impacto global. Pensemos en estas situaciones que generan intranquilidad geopolítica. Pongamos como ejemplo el caso de Qatar, país que, según se comenta, poseerá un búnker con obras de arte al que solo los más “privilegiados” pueden acceder, en un entorno marcado por la opacidad.
Pero preguntémonos: en un contexto conflictivo o bélico, ¿podrían verse afectadas estas obras? Y si así fuera, ¿cómo se verían dañadas? ¿Serían reemplazadas?
Es una situación sumamente preocupante, delicada y peligrosa. También es cierto que uno de los países donde se encuentran algunos de los almacenes más importantes es Suiza, que dispone de búnkeres altamente exclusivos con obras de gran valor, esculturas y objetos únicos.
No debemos olvidar, sin embargo, el privilegio de este país, tradicionalmente neutral, que se ha convertido en una especie de isla en el centro de Europa. Por ello, Suiza no genera la misma preocupación en términos de conflictos bélicos. Sin embargo, en el caso de Qatar, sí considero que debe preocuparnos, ya que albergará uno de los mayores búnkeres opacos de arte. Aunque las negociaciones suelen estar encauzadas hacia intereses económicos que muchas veces desconocemos, resulta inquietante pensar que, en zonas de riesgo, se concentren obras de tanto valor.
Dejaré abierta una pregunta: más allá del interés en el mundo del arte y de la exclusividad de ciertas obras, sumamente protegidas y misteriosamente ocultas, ¿cuál es el verdadero objetivo de quienes las poseen?
El arte tiene múltiples maneras y motivos de ser poseído. Puede ser por admiración, por el enriquecimiento personal que supone contemplarlo, o por la emoción que genera. Esto ocurre también con la música: escuchas una pieza y te transporta, llenándote de una sensación casi indescriptible, profundamente emocional, que además puedes compartir con otros.
En resumen, la cultura no es una exclusividad de nadie; es la posibilidad de compartir lo bello y sublime.
José Manuel Lluent es un reputado experto en arte, fundador de Lluent Asesores y presidente de AREXPER, Asociación Europea de Expertos y Consejeros de Arte






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