La violencia sectaria vuelve a convertirse en uno de los principales factores de inestabilidad en Siria. El país, que aún trata de recuperarse de más de una década de guerra civil, vive una nueva oleada de ataques y represalias que afectan especialmente a la comunidad alauí, la minoría religiosa a la que pertenece el expresidente Bashar al Asad.
Dos incidentes registrados en las provincias de Homs y Hama, separados por apenas unas horas, han vuelto a poner de manifiesto el deterioro de la convivencia y el aumento del discurso de odio entre diferentes comunidades del país, según ha denunciado el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos (SOHR).
Uno de los sucesos más graves tuvo lugar en la ciudad de Homs, donde el propietario de un establecimiento comercial murió tras un ataque con arma blanca perpetrado por un individuo que, posteriormente, también perdió la vida. El incidente se produjo menos de veinticuatro horas después de otros dos ataques registrados en la provincia de Hama y fue interpretado por el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos como un nuevo episodio de violencia con trasfondo sectario. La organización considera que este tipo de hechos reflejan un preocupante aumento de las tensiones entre comunidades y alerta del peligro de que se desencadene una espiral de represalias.
El SOHR subraya que los discursos de incitación al odio y las campañas de desinformación están contribuyendo a exacerbar las divisiones sociales en un país que todavía arrastra las heridas de la guerra. Según la organización, el lenguaje sectario ha experimentado un notable incremento tanto en determinados espacios públicos como en las redes sociales, alimentando un clima de hostilidad contra los alauíes, especialmente en zonas donde las estructuras estatales continúan siendo débiles.
La situación se agravó tras los episodios ocurridos en Hama, donde se registraron dos ataques dirigidos contra civiles alauíes. Estos hechos, unidos al asesinato en Homs, han generado una creciente preocupación entre las organizaciones de derechos humanos y entre sectores de la población que temen un resurgimiento de las tensiones sectarias que caracterizaron algunas de las etapas más sangrientas del conflicto sirio. El Observatorio advierte de que la violencia motivada por razones religiosas o identitarias constituye una amenaza para la estabilidad de un país que continúa dividido territorial y políticamente.
La minoría alauí, que representa aproximadamente el diez por ciento de la población siria, ha sido uno de los pilares tradicionales del poder político durante las décadas de gobierno de la familia Al Asad. Sin embargo, tras la caída del antiguo régimen y la reconfiguración del escenario político y militar, numerosos miembros de esta comunidad denuncian sentirse cada vez más vulnerables. Organizaciones humanitarias y activistas han advertido durante los últimos meses de un aumento de las amenazas, los discursos de estigmatización y las agresiones contra civiles alauíes en diversas regiones del país.
El Observatorio Sirio para los Derechos Humanos sostiene que la actual escalada no puede analizarse únicamente desde una perspectiva de seguridad, sino también como consecuencia de la ausencia de procesos efectivos de reconciliación nacional. La organización considera que, tras años de guerra, la sociedad siria continúa profundamente fragmentada y que las heridas abiertas por el conflicto siguen alimentando sentimientos de venganza y desconfianza entre diferentes sectores de la población.
En este contexto, el organismo ha alertado del riesgo de una «explosión interna» si las autoridades no actúan con rapidez para frenar los mensajes de odio y garantizar la protección de todas las comunidades religiosas y étnicas. El Observatorio denuncia que las promesas de reconciliación y convivencia formuladas en distintos momentos han resultado insuficientes y advierte de que los mecanismos de seguridad y justicia siguen siendo frágiles en numerosas regiones del país.
Los incidentes de Homs y Hama se producen además en un escenario de creciente complejidad geopolítica. Las continuas incursiones israelíes en territorio sirio, la presencia de diferentes milicias armadas, las disputas entre grupos rivales y la existencia de amplias zonas fuera del control efectivo de Damasco contribuyen a mantener un clima de inestabilidad permanente. El Observatorio ha documentado en las últimas semanas nuevas operaciones militares israelíes en la provincia de Al Quneitra y otros episodios de violencia en diversas regiones del país.
La organización insiste en que la protección de las minorías y el rechazo de los discursos sectarios constituyen elementos esenciales para evitar una nueva espiral de violencia. En opinión de sus responsables, Siria corre el riesgo de pasar de una guerra convencional a una sucesión de conflictos comunitarios de carácter local, más difíciles de contener y potencialmente igual de destructivos.
A más de quince años del inicio de la guerra civil, el país sigue enfrentándose no solo al reto de la reconstrucción material, sino también al desafío mucho más complejo de reconstruir la confianza entre comunidades. Los acontecimientos de Homs y Hama muestran que las fracturas identitarias continúan abiertas y que la reconciliación sigue siendo una de las tareas pendientes más delicadas de la Siria contemporánea.



