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miércoles, agosto 19, 2026

España acelera su rearme

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España ha entrado en una nueva etapa de inversión en defensa. Esa es una de las principales conclusiones del análisis publicado este mes de agosto por BBVA Research. El estudio concluye que el aumento experimentado en los últimos años no parece responder únicamente a una acumulación coyuntural de grandes programas de armamento, sino que apunta a un ciclo inversor de carácter estructural, en el que las Fuerzas Armadas están ampliando y modernizando de manera generalizada sus capacidades.

El cambio se produce en un contexto internacional radicalmente diferente al existente hace apenas unos años. La invasión rusa de Ucrania, el deterioro del entorno de seguridad europeo y la creciente preocupación de los países de la OTAN por sus capacidades militares han situado el gasto en defensa en el centro de las políticas estratégicas. Paralelamente, la Unión Europea ha comenzado a impulsar mecanismos destinados a reforzar su autonomía estratégica y su capacidad industrial y tecnológica. En este escenario, España ha acelerado una política de inversión que, según los datos analizados por BBVA Research, estaría permitiendo al país aproximarse y alcanzar el compromiso de dedicar el 2% del PIB a defensa establecido por la Alianza Atlántica.

La importancia del análisis de BBVA Research reside, además, en que trata de superar uno de los principales problemas existentes para conocer con precisión la evolución del gasto militar: el desfase temporal entre las decisiones políticas y su reflejo en las estadísticas económicas. Los presupuestos, la Contabilidad Nacional y las estadísticas de la OTAN constituyen referencias fundamentales, pero su elaboración y publicación implican necesariamente un retraso. En materia de defensa, ese desfase puede ser especialmente significativo porque entre la aprobación de un programa, su licitación, la adjudicación del contrato y la ejecución del gasto pueden transcurrir meses o incluso años.

La adquisición de una fragata, un sistema antimisiles, una flota de helicópteros, vehículos militares o sistemas electrónicos constituye, por tanto, un proceso económico que comienza mucho antes de que el desembolso aparezca reflejado en las estadísticas tradicionales. BBVA Research considera que para comprender la verdadera dimensión del esfuerzo inversor resulta necesario observar las decisiones administrativas que ponen en marcha esos programas y seguir posteriormente su evolución mediante las licitaciones y adjudicaciones públicas.

Es precisamente en este punto donde entra en juego la metodología desarrollada por los investigadores. El equipo de BBVA Research ha procesado más de 26.000 acuerdos del Consejo de Ministros publicados desde 2013, aplicando técnicas de extracción automática de información, procesamiento del lenguaje natural e inteligencia artificial. El objetivo ha sido identificar cuáles de esas decisiones están relacionadas realmente con la defensa, descartar aquellas que no lo están y clasificar las actuaciones según el tipo de capacidad militar afectada.

El resultado es un indicador de alta frecuencia que permite aproximarse prácticamente en tiempo real a la evolución de las decisiones de política de defensa. BBVA Research subraya, no obstante, que esta metodología no sustituye a las estadísticas oficiales, ni pretende medir por sí misma la ejecución presupuestaria o el impacto del gasto sobre la Contabilidad Nacional. Su valor reside en complementar esas estadísticas y proporcionar una visión mucho más inmediata de hacia dónde se está dirigiendo la política de defensa española.

Uno de los datos más significativos del estudio es el enorme incremento del volumen de decisiones de gasto aprobadas por el Consejo de Ministros. En 2025, el importe medio anual anunciado se situó cerca de los 4.750 millones de euros, frente a los aproximadamente 730 millones de euros de promedio anual registrados entre 2013 y 2024. La diferencia refleja un cambio de escala considerable y constituye uno de los principales argumentos para considerar que España ha entrado en una nueva fase de inversión militar.

La inversión al detalle

La evolución adquiere todavía mayor importancia cuando se observa la naturaleza de las inversiones. El incremento no está concentrado exclusivamente en algunos grandes programas de modernización, como había ocurrido en otras etapas, sino que se extiende a prácticamente todas las categorías relacionadas con las capacidades militares. El análisis identifica actuaciones vinculadas a sistemas de armas, capacidades aéreas, infraestructuras, ciberdefensa, investigación y desarrollo, logística y munición, entre otras áreas. La conclusión es que se está produciendo una modernización mucho más amplia del conjunto de las Fuerzas Armadas.

Este aspecto resulta especialmente relevante porque el nuevo modelo de defensa europeo está obligando a los Estados a abordar simultáneamente diferentes tipos de amenazas. La guerra de Ucrania ha demostrado la importancia de los sistemas convencionales de combate y de la disponibilidad de munición, pero también ha puesto de manifiesto el papel creciente de los drones, la guerra electrónica, las comunicaciones seguras, la inteligencia artificial, la ciberdefensa, los sistemas de vigilancia y las capacidades de inteligencia. La modernización militar ya no puede medirse únicamente por el número de aviones, buques o vehículos adquiridos.

El aumento de la inversión también comienza a reflejarse en la contratación pública. Según BBVA Research, desde mediados de 2025 se han adjudicado contratos por un promedio cercano a 2.000 millones de euros, niveles que el organismo califica de históricamente elevados. Aunque el equipamiento militar concentra una parte importante de estas adjudicaciones, el análisis detecta también un crecimiento de los servicios asociados al mantenimiento, el software y las comunicaciones.

Este último elemento evidencia otra de las transformaciones que está experimentando el sector. La defensa contemporánea requiere cada vez más tecnología digital y sistemas capaces de integrar grandes cantidades de información. El software, las comunicaciones, la inteligencia artificial, los sensores y la capacidad de procesar datos se han convertido en componentes esenciales de las operaciones militares. El aumento del gasto en estas áreas puede tener, además, un efecto directo sobre el conjunto del ecosistema tecnológico español.

El incremento de la inversión militar está teniendo igualmente consecuencias sobre la estructura de la industria española de defensa. BBVA Research señala que una parte considerable de la contratación pública se concentra en un grupo relativamente reducido de grandes compañías. En concreto, las 15 mayores empresas adjudicatarias concentraron el 43% del importe total contratado durante 2025.

Esta concentración revela la existencia de una industria en la que determinados grupos empresariales poseen las capacidades financieras, tecnológicas y productivas necesarias para asumir los grandes programas militares. Al mismo tiempo, alrededor de esas compañías se articula una red de empresas auxiliares, suministradores tecnológicos, centros de investigación y proveedores especializados que pueden beneficiarse del incremento de la demanda pública.

El fenómeno también presenta una importante dimensión territorial. El análisis identifica varios polos tecnológicos e industriales que concentran una parte relevante de las capacidades vinculadas al sector de defensa. Madrid, Sevilla, Albacete y Asturias aparecen entre los principales territorios en los que se localizan actividades relacionadas con el diseño, la fabricación y la integración de algunos de los grandes programas.

Madrid mantiene un papel destacado como centro administrativo, tecnológico y empresarial, mientras que Andalucía, Castilla-La Mancha y Asturias cuentan con capacidades industriales específicas vinculadas a diferentes áreas de la defensa. Esta distribución territorial significa que el incremento del gasto militar no tiene únicamente consecuencias sobre las Fuerzas Armadas o sobre los grandes contratistas, sino que puede generar efectos económicos regionales asociados al empleo, la inversión industrial, la innovación y la actividad de empresas proveedoras.

La dimensión europea constituye otro de los elementos fundamentales de este proceso. BBVA Research destaca que, mientras el desarrollo de capacidades terrestres y navales descansa principalmente sobre fabricantes nacionales, los grandes programas aeronáuticos presentan un grado considerablemente mayor de cooperación con socios europeos. El Eurofighter constituye uno de los ejemplos más significativos de esta dimensión multinacional.

La cooperación europea no es únicamente una consecuencia de la complejidad tecnológica de los sistemas de armas modernos. También responde a la necesidad de que los países europeos compartan costes, capacidades industriales y conocimientos tecnológicos. El desarrollo conjunto de sistemas militares permite aumentar las capacidades de producción y reducir la dependencia exterior en determinados ámbitos, al tiempo que favorece la interoperabilidad entre las Fuerzas Armadas de los países participantes.

El sector aeronáutico ocupa, en este sentido, una posición particularmente relevante dentro de la industria española de defensa. De acuerdo con BBVA Research, concentra el grueso de las exportaciones españolas del sector y tiene en la propia Unión Europea su principal mercado. Esto convierte a la industria de defensa en una actividad con una dimensión económica que supera ampliamente la contratación realizada por el Ministerio de Defensa español.

El incremento de las inversiones puede contribuir, por tanto, a reforzar las capacidades industriales españolas y a consolidar determinadas empresas como proveedores internacionales. Pero también plantea retos. El primero es garantizar que el incremento cuantitativo del gasto se traduzca efectivamente en una mejora de las capacidades militares. El segundo consiste en evitar que la concentración de contratos en un reducido número de empresas genere dependencias excesivas o limite la participación de pequeñas y medianas compañías tecnológicas.

El nuevo ciclo inversor también obliga a prestar atención a la investigación, el desarrollo y la innovación. La modernización de las Fuerzas Armadas exige tecnologías que evolucionan mucho más rápidamente que los ciclos tradicionales de adquisición de armamento. Un programa militar puede prolongarse durante décadas, mientras que los componentes electrónicos, los sistemas informáticos, las capacidades de inteligencia artificial o las tecnologías de comunicaciones pueden quedar obsoletos en pocos años.

Por ello, el hecho de que el análisis de BBVA Research detecte un aumento de las inversiones en I+D y ciberdefensa resulta especialmente significativo. El campo de batalla contemporáneo se ha convertido en un espacio multidominio en el que las capacidades terrestres, navales y aéreas están cada vez más vinculadas a redes de comunicaciones, sensores, satélites, sistemas de mando y control y plataformas digitales.

La ciberdefensa constituye probablemente uno de los ámbitos en los que esta transformación resulta más evidente. Una Fuerza Armada moderna no solo necesita proteger sus instalaciones y equipos físicos, sino también sus redes de comunicaciones, sistemas de mando, infraestructuras críticas y cadenas logísticas frente a ataques informáticos. El crecimiento de la inversión en este campo refleja la consideración de las amenazas digitales como un componente inseparable de la seguridad nacional.

Algo similar sucede con el software y las comunicaciones. La guerra moderna depende cada vez más de la capacidad de obtener información, procesarla y distribuirla rápidamente a quienes toman decisiones. La superioridad militar ya no depende únicamente de disponer de mejores plataformas, sino de conseguir que esas plataformas puedan intercambiar información y actuar coordinadamente. En este contexto, el gasto tecnológico puede adquirir tanta importancia estratégica como la adquisición de determinados sistemas de armas.

La inteligencia artificial aparece así como una de las tecnologías que pueden modificar de manera más profunda la forma de analizar y gestionar la defensa. Paradójicamente, el propio estudio de BBVA Research constituye un ejemplo de esa transformación: la inteligencia artificial se utiliza para analizar miles de documentos administrativos y detectar tendencias que resultarían difíciles de identificar mediante métodos convencionales. El mismo principio puede aplicarse al ámbito militar para procesar información, detectar patrones, mejorar sistemas de vigilancia o apoyar la toma de decisiones.

El estudio introduce además una reflexión que trasciende el ámbito estrictamente militar. Las administraciones públicas generan diariamente una enorme cantidad de información que tradicionalmente queda dispersa en documentos, contratos, resoluciones y bases de datos. El problema ya no es necesariamente la falta de información, sino la dificultad para procesarla y convertirla en conocimiento útil.

La defensa se convierte, de este modo, en un laboratorio para una nueva forma de análisis económico y de políticas públicas. BBVA Research sostiene que la combinación de Big Data, procesamiento del lenguaje natural e inteligencia artificial permite transformar grandes volúmenes de información desestructurada en indicadores capaces de proporcionar una visión mucho más inmediata de la evolución de determinadas políticas.

La aplicación de estas técnicas puede tener implicaciones importantes para la transparencia y el seguimiento del gasto público. Si los ciudadanos, investigadores, medios de comunicación y organismos públicos pueden disponer de herramientas capaces de analizar rápidamente miles de decisiones administrativas, también aumenta la capacidad para detectar tendencias, concentraciones de contratación, cambios sectoriales o transformaciones territoriales.

En el caso de la defensa, esta posibilidad adquiere una especial relevancia debido al volumen económico que comienza a movilizarse. El salto desde los 730 millones de euros de promedio anual en decisiones de gasto durante 2013-2024 hasta los 4.750 millones de 2025 representa una modificación sustancial del escenario. El seguimiento de ese dinero permitirá determinar en los próximos años hasta qué punto el aumento del presupuesto se traduce en mayores capacidades militares, producción industrial, empleo tecnológico e innovación.

El nuevo ciclo de inversión también abre un debate sobre la sostenibilidad del esfuerzo. Alcanzar el 2% del PIB no significa que el proceso haya terminado. La evolución del escenario internacional, los compromisos adquiridos con la OTAN y las nuevas prioridades europeas pueden mantener la presión para incrementar las capacidades militares durante los próximos años. Además, buena parte de los grandes programas de defensa tienen ciclos de adquisición y mantenimiento muy prolongados.

Eso significa que una decisión adoptada hoy puede generar compromisos presupuestarios durante décadas. El coste de un sistema militar no termina necesariamente con su adquisición: posteriormente aparecen gastos de mantenimiento, actualización, munición, entrenamiento, infraestructura, software y modernización. El propio aumento detectado por BBVA Research en servicios de mantenimiento, software y comunicaciones apunta precisamente a esa dimensión menos visible del gasto militar.

La cuestión adquiere todavía mayor importancia si se tiene en cuenta que España debe compatibilizar el incremento de la inversión en defensa con el resto de sus prioridades presupuestarias. El gasto militar compite, en términos de recursos públicos, con otras políticas y obliga a establecer prioridades. De ahí que conocer no solo cuánto se gasta, sino en qué se gasta, quién recibe los contratos, dónde se genera la actividad económica y qué capacidades se obtienen a cambio, resulte cada vez más importante.

El análisis de BBVA Research aporta precisamente una fotografía diferente de la que ofrecen los presupuestos tradicionales. En lugar de limitarse a observar cuánto dinero se ha ejecutado, trata de seguir el proceso desde el momento en que una decisión política pone en marcha una determinada actuación. Esa perspectiva permite anticipar tendencias y detectar cambios antes de que queden plenamente reflejados en las estadísticas económicas convencionales.

El resultado apunta con claridad a una transformación del modelo español de defensa. El incremento del gasto se está produciendo al mismo tiempo que se diversifican las áreas de inversión, aumentan las contrataciones, se refuerza la industria nacional y se intensifica la cooperación europea. Todo ello se produce en un contexto en el que las capacidades militares tradicionales conviven con nuevas necesidades vinculadas a la ciberseguridad, la inteligencia artificial, las comunicaciones, los sistemas autónomos, la guerra electrónica y el procesamiento masivo de información.

La conclusión de BBVA Research es, por tanto, más amplia que la constatación de un aumento presupuestario. Los datos sugieren que España ha comenzado a recorrer un camino de modernización integral de sus capacidades de defensa, impulsado por el cambio geopolítico y acompañado por una transformación de su base industrial y tecnológica. El verdadero alcance de este proceso, sin embargo, deberá medirse durante los próximos años, cuando los programas actualmente aprobados se conviertan en sistemas operativos, instalaciones, capacidades tecnológicas y contratos ejecutados.

Mientras tanto, el empleo de Big Data e inteligencia artificial permite observar una parte de esa transformación prácticamente en tiempo real. En palabras de la propia investigación, las decisiones económicas pueden contar su historia antes de que esa historia aparezca en los presupuestos. En el caso de la defensa española, esa historia muestra un país que ha pasado de una etapa de incrementos relativamente contenidos a otra en la que la inversión militar, la industria de defensa y la tecnología están adquiriendo un peso estratégico creciente.

El informe fue elaborado por Carmen Pelayo Fernández, economista de Análisis con Big Data e IA de BBVA Research, y Virginia Pou, economista senior para España y Portugal. La publicación, fechada este 17 de agosto, se apoya en la metodología desarrollada por el propio servicio de estudios para analizar la política de defensa mediante información pública y técnicas avanzadas de tratamiento de datos.

En definitiva, el gasto en defensa español está cambiando tanto en cantidad como en naturaleza. Ya no se trata solamente de financiar grandes plataformas militares, sino de construir un ecosistema completo de capacidades que incluye armamento, aeronáutica, infraestructuras, logística, munición, comunicaciones, software, ciberdefensa e investigación. El reto para España será convertir ese incremento de recursos en una mejora real y sostenible de sus capacidades estratégicas, al mismo tiempo que consigue que la inversión contribuya a consolidar una industria tecnológica competitiva y con capacidad para participar en los grandes programas europeos de defensa.

 

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