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miércoles, julio 29, 2026

Francisco de la Fuente (exdirector de seguridad del Thyssen): “En seguridad en los museos españoles, estamos muy por delante de la mayoría de países”

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

En apenas unas semanas, el mundo del arte ha sido sacudido por tres episodios que evidencian la creciente vulnerabilidad de los museos y colecciones frente a amenazas de distinta naturaleza. El robo perpetrado en el Museo del Louvre, pese a su sofisticado sistema de seguridad, ha reabierto el debate sobre las redes de tráfico de arte y la capacidad de los delincuentes para infiltrarse incluso en las instituciones más vigiladas del planeta. A ello se suma el ataque premeditado de un grupo de activistas al Museo Naval de Madrid, que dañaron una pieza durante una protesta ambiental, en un acto que plantea el difícil equilibrio entre libertad de expresión y protección del patrimonio histórico.

Por si fuera poco, la reciente pérdida temporal de un cuadro de Pablo Picasso durante un traslado, finalmente recuperado tras un error logístico, ha puesto en evidencia los riesgos invisibles que acompañan el transporte y la manipulación de obras maestras en el circuito global del arte. Tres incidentes distintos, pero unidos por un mismo denominador común: la fragilidad del patrimonio frente a un escenario de creciente exposición mediática, tensiones sociales y sofisticación criminal. En conjunto, estos hechos obligan a repensar la seguridad cultural no como una cuestión técnica, sino como un reto integral que compromete a instituciones, gobiernos y a la propia ciudadanía.

Francisco de la Fuente fue director de Seguridad de la Fundación Thyssen-Bornesmiza durante dos décadas y es, desde Protecturi, la Asociación para la Protección del Patrimonio Histórico y Artístico, uno de los organizadores de un evento que en noviembre capitalizará la actualidad sobre la seguridad y el patrimonio cultural, muy en especial el que alojan los museos. Desde su privilegiada atalaya al frente de la seguridad de uno de los principales recintos culturales del mundo durante tantos años, sus consideraciones sobre lo que ha pasado desde este verano hasta ahora adquieren una especial significación e interés. Y qué mejor entorno para preguntarle en Delta13 News que el espacio intermedio entre los museos de El Prado, Thyssen y Reina Sofía, un pasillo cultural que, nunca como antes, debe contar con las máximas garantías de seguridad.

Francisco, ¿qué objetivos principales persigue la ‘Jornada sobre la protección del patrimonio cultural’ que ha organizado la asociación Protecturi que usted representa?

Es una jornada de protección del patrimonio cultural. Lo que queremos hacer es dar a conocer las peculiaridades de la protección en general del patrimonio histórico en todas sus vertientes, tanto en museos como en archivos, bibliotecas, etcétera. El evento del 8 de noviembre está más centrado en el tema de museos y lo que queremos es, precisamente, que la gente entienda que el patrimonio histórico, o patrimonio cultural, precisa de que se tomen una serie de decisiones muy importantes y con mucha responsabilidad. Hay que tener en cuenta que estamos custodiando lo que es el patrimonio de la humanidad. Son obras de arte que no se pueden reponer, y el objetivo en el que todos estamos embarcados es que no pasen cosas como la del Museo del Louvre.

Usted ha sido director de seguridad del Museo Thyssen-Bornemisza durante dos décadas. Es más, fue el responsable de perfilar su estructura de seguridad lo que le acredita como uno de los mayores expertos en este ámbito ¿Cuál diría que es el estado real de la seguridad en los museos españoles? ¿Se invierte lo suficiente en prevención, tecnología y formación o siempre vamos con el presupuesto corto?

En cuanto al nivel de la seguridad de los museos en España, lo que yo sí puedo asegurar es que estamos muy por delante de la mayoría de los países del mundo. ¿Por qué? Pues porque en su momento los directores de seguridad de los grandes museos creamos una asociación que se llama Protecturi y en principio nuestra idea era reunirnos entre nosotros periódicamente y dar a conocer todos los avances que íbamos haciendo, lo que nos funcionaba bien, lo que nos funcionaba mal, etc. Entonces creamos un grupo de trabajo, sin publicidad, de tal manera que pudimos avanzar mucho más rápido exponiendo el conocimiento de todos. Incluso, si alguno tenía alguna duda, algún problema, lo que fuera… lo exponía al resto y entre todos se llegaba a una solución.

¿Qué diferencias observa entre la gestión de la seguridad en instituciones públicas, como sería el Museo del Prado o el Arqueológico Nacional, por ejemplo, y en fundaciones o colecciones privadas?

Evidentemente, siempre las instituciones privadas suelen contar con unos medios económicos diferentes a las instituciones públicas. Lo que pasa es que también las instituciones públicas tienen que evolucionar, optimizar sus recursos y hacer frente a la situación que vayan teniendo en cada momento. Pero, en general, de una manera o de otra, dado que lo que se está protegiendo es lo mismo, es patrimonio histórico, la mentalidad y la forma de trabajo tiene que ser similar. ¿Con más o menos medios? Bueno, muchas veces la falta de medios se suple con el ingenio. Y de eso sabemos bien en España.

¿Cuáles son los principales riesgos a los que se enfrentan hoy los museos y monumentos? ¿Vandalismo, terrorismo, ciberdelitos, robos, sabotajes, negligencias, desastres naturales…?

Curiosamente, ninguno de esos. En el Thyssen hicimos hace bastantes años un estudio de comportamiento del público, en el cual se exponía claramente cuál era el mayor riesgo a lo que se enfrentaba un museo. Además, ese estudio, que está publicado, y a mí aún me llegan continuamente informes de gente que lo está leyendo, hizo cambiar la mentalidad de la seguridad en los museos de España y de muchos museos del mundo. Porque lo que enfatizamos en ese estudio, y dimos a conocer, es que el mayor riesgo que tenemos es el público. O sea, no es el robo, no es el incendio y demás, que eso se puede prever de determinadas maneras, pero hay que tener en cuenta que cuando las obras se exponen al público, efectivamente lo que se está haciendo es exponerlas. Exponerlas a las acciones del público, que son acciones que la mayoría de las veces no tienen intención de hacer daño, pero sí producen daños. Por ejemplo, que alguien toque una obra para ver un detalle, o la propia respiración, ya que también el CO2 emite vapor de agua, etcétera, y gases, y eso es dañino, o que estornudan y ahí te va, que también pasa. Eso es diario. El resto de riesgos nosotros los podemos prever, pero no se producen a menudo, sin embargo, la exposición al público sí. Insisto en que es sin intención de hacer daño, pero se produce y es inevitable. Entonces, ¿qué es lo que pueden hacer los museos frente a ello? Pues tratar de minimizar al máximo ese daño que produce la acción del público.

El reciente ataque sufrido en el Museo Naval de Madrid, que fue provocado, y con daños materiales en una pieza, además de alteración del orden, ha reavivado el debate sobre la protección de los espacios culturales. ¿Qué lectura hace de ese incidente en particular?

Hay que tener en cuenta que el hecho de abrir un museo al público no evita que la gente pueda llevar oculto en el cuerpo cosas de ese estilo, como esos tintes y cosas para arrojar a los cuadros. El problema es la ignorancia de la gente que lo está haciendo, porque de lo que no se dan cuenta es de que al final eso se le va a volver antes o después en contra, ya que no tiene ningún sentido. Además, lo único que pueden hacer es destruir una obra de arte que no tiene nada que ver con una petición que ellos entienden que están legitimados para hacer. Eso es un error garrafal. Pero bueno, dentro de la cortedad de miras de la gente, tenemos que tener en cuenta eso. Pero es que es imposible. No podemos hacer que la gente entre a un museo desnuda. No le podemos quitar todas las cosas. O cacheas a la gente, para ver si dentro, pegado al cuerpo, tienen cosas: es que eso no se puede hacer.

Y a un cuadro de ese tamaño tampoco se le puede poner un cristal. Hay cosas que es que son imposibles. Desde el momento en que tienes abierto un museo al público, lo que es muy importante en toda instalación museística es tener unos buenos procedimientos operativos para que esté perfectamente establecido qué hacer en cada situación que se pudiera dar.

Habla de alguna manera de la inevitabilidad, efectivamente y quería preguntarle por si las actuales medidas de control y vigilancia en los museos están actualizadas frente a esa creciente radicalización de protestas y actos contra el arte. Pero es una cuestión que se cae por su propio peso, pues, como decía, estamos ante hechos difícilmente evitables…

Sí, claro, tiene que haber una intervención rápida precisamente para hacer eso, para conseguir que se minimicen esos daños. Porque dentro de lo que es la inevitabilidad del hecho de que se produzca, nosotros lo que tenemos que tener es esa capacidad de reacción inmediata. Y de esa manera evitar que pueda pasar a mayores. Que en vez de tirarlo tres veces, pues lo tiren una. En el caso del que hablamos, lo que se ve en las imágenes es que hay un vigilante en el Museo Naval que se lanza contra las dos activistas, -no sé cómo llamarlas, porque no se puede llamar de otra manera-, para echarlas al suelo y que dejen de tirar esa tinta.

Francisco, el robo en el Museo del Louvre, pese a ser un centro con protocolos de seguridad muy avanzados, ha demostrado que ninguna institución está exenta de riesgo. ¿Qué fallos o circunstancias suelen aprovechar los delincuentes en casos de este tipo?

La seguridad total no existe. Hemos de partir de esa base. Tenemos que asumir una serie de carencias que se van a producir. Pero en este caso, han fallado muchas cosas, como tantas cosas que han fallado en museos en Francia. Por un lado, los sistemas de seguridad. Si no tienes unos buenos sistemas de seguridad que te avisen de inmediato de lo que pueda estar ocurriendo, sobre todo en edificios con esas superficies tan enormes, entonces esa inmediatez en la intervención ya queda comprometida. Pero, por otro lado, también han fallado los procedimientos operativos, porque no tenían ningún protocolo para actuar de manera inmediata y el personal que tienen no ha sido capaz, porque no está habilitado para ello, de reaccionar para evitar esa acción, que, por cierto, ha sido una acción que ha llevado un tiempo, siete u ocho minutos. Hay obras de arte que se han robado en 50 segundos. Por tanto, todo eso lo tenemos que tener previsto. Y en este caso, sintiéndolo mucho, creo que ha fallado todo. Prácticamente todo, todos los procedimientos.

Con carácter general, la seguridad se fundamenta sobre cuatro pilares: La seguridad física, que son las rejas, ventanas y demás; la seguridad electrónica, todos los sistemas de seguridad, los procedimientos operativos, el día a día, que es lo que vamos a hacer ante todo lo que nos pueda pasar, y el elemento humano. Y ese elemento humano es el que tiene que estar preparado. De nada nos sirve tener unos auxiliares que no tienen formación ni tienen capacidad de respuesta, porque no están entrenados para ello, no son vigilantes, no son nada más que auxiliares de sala, para que simplemente les amenacen con una radial o lo que sea y no puedan actuar. Es que eso no puede ser. Y que no se haya detectado la llegada de ese camión con la escalera, con el despliegue de la escalera… que alguien no lo haya detectado de inmediato es un fallo garrafal. Eso no se puede producir.

¿Hasta qué punto son determinantes hoy por hoy los sistemas más técnicos, más tecnológicos? Me refiero a la videovigilancia, los sensores, el control de accesos, la ciberseguridad… todo eso ¿hasta qué punto es determinante en la protección de las obras?

Todo es determinante. Es que todos los sistemas de seguridad actúan combinados entre sí, de tal manera que si, por ejemplo, se abre una puerta, lo detecta el magnético de la propia puerta, envía una señal, esa señal actúa y coloca en el monitor de alarmas la imagen de esa puerta, para ver si está controlado o no está controlada esa entrada, lo que sea. Todo va perfectamente coordinado. Lo que pasa es que ahora, con la llegada de la inteligencia artificial, hay sistemas que podemos aprovechar muy bien en los museos para hacer un análisis del comportamiento de las personas. Es decir, si nosotros, a través de un análisis de vídeo con inteligencia artificial, podemos detectar un comportamiento anómalo por personas que estén deambulando de manera extraña o viendo cosas que nadie mira cuando va a un museo, también lo podemos aprovechar. Va a haber una evolución a través de la inteligencia artificial que nos va a apoyar mucho en lo que es la vigilancia y la detección de posibles comportamientos que pudieran estar fuera de lo normal.

Déjeme que vuelva sobre un asunto del que usted habló hace un momento. ¿Cómo podemos equilibrar las exigencias de accesibilidad pública con la protección física de las obras y los espacios? Quiero decir, ¿habría que elevar las restricciones, aunque sean incómodas, como ocurre a la hora de acceder a un avión, donde la gente da por asumido que el proceso suele ser farragoso e incómodo?

Eso habría que valorarlo en cada museo. Hace años se producían unas colas enormes en el Museo del Prado, donde nos encontramos para esta entrevista, porque se extremaron mucho las medidas de control, cuando luego la siniestralidad realmente es pequeña. Hay elementos como los paraguas o bolsos de determinado tamaño que dices, pues todo esto hay que depositarlo en el guardarropas, por ejemplo, o impedir que la gente vaya en patines, que también nos ha ocurrido. Pero es que es muy difícil. Creo que al final todo pasa porque la gente sea consciente de que hay un control muy fuerte dentro del museo y que ante cualquier acción que pudieran preparar se van a poner enfrente una serie de medidas que se lo van a impedir o dificultar.

¿Sería necesario actualizar la legislación española para reforzar las obligaciones de seguridad en museos, archivos y monumentos e, incluso, reforzar también el código penal para castigar más este tipo de ataques? 

En cuanto a los ataques de estos activistas en el Museo Naval y similares, de toda esta gente que actúa de una manera tan incomprensible, sí que habría que aplicar la ley con todas sus consecuencias, porque eso es un ataque al patrimonio histórico de nuestro país y tiene que tener una consecuencia penal importante. Por otro lado, tenemos una ley de seguridad privada que fue uno de los elementos muy importantes para la evolución de la seguridad también en los museos, en general en España en todas las instalaciones, pero también en los museos. Pero esa ley de seguridad privada no incluye como sujeto obligado tener un departamento de seguridad a los museos. Sí en otra serie de instalaciones, edificios, oficinas, etcétera, pero no en los museos. Y eso es lo que se debería incluir en nuestra legislación. Obviamente, un ‘museíto’ de un pueblito tampoco le puedes obligar a tener un departamento de seguridad con un director de seguridad al frente, pero sí que determinados museos, sobre todo los estatales más grandes, que sean sujetos obligados a cumplir esa legislación.

¿Hasta qué punto los museos deben preocuparse por la ciberseguridad teniendo en cuenta que hoy almacenan catálogos digitales, bases de datos de piezas planos de seguridad interna, etcétera? 

Mi idea es que los departamentos de seguridad deben estar fuera de lo que es toda conexión con el exterior. Todas las instalaciones de seguridad no tienen ninguna necesidad de conexión con el exterior. Por ese lado, así eliminamos la posibilidad de un sabotaje a los sistemas de seguridad. ¿Qué es lo que puede provocar la ciberseguridad en un museo? Pues que tengan dificultad a la hora de funcionar con la venta de productos y demás. Pero creo que es menos crítico que en otro tipo de instalaciones. Hay sitios como, por ejemplo, las instalaciones bancarias, donde la información es crítica. En un museo puede tener más o menos relevancia, pero no tiene esa criticidad como en un banco o en una empresa eléctrica, por citar ejemplos.

Para finalizar, ¿cómo valora la cooperación entre España y otros países, en particular los europeos, en la lucha contra el tráfico ilícito de obras de arte?

A nivel Interpol, existen bases de datos de obras robadas, que se están actualizando constantemente. De hecho, con la obra de Picasso que se perdió durante un reciente transporte, antes de que lo contaran varios días antes ya se había subido a la red de Interpol. Ahí, en el ámbito policial y a nivel internacional, la cooperación es muy buena en cuanto al patrimonio histórico. De hecho, se recuperan muchas obras por parte de los países procedentes de subastas que se están haciendo, de obras que habían desaparecido.

 

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