En un momento en el que el patrimonio cultural y artístico afronta amenazas crecientes, desde el tráfico ilícito de obras hasta los ciberataques, pasando por la vulnerabilidad de museos, archivos y colecciones privadas, la figura de Protecturi se ha consolidado como un referente en la protección integral de este legado. Al frente de la asociación se encuentra cimo presidente Jesús Alcantarilla, profesional con una larga trayectoria en seguridad y gestión cultural, que lidera una red de expertos dedicada a mejorar la prevención, la formación y la coordinación entre instituciones públicas y privadas.
Alcantarilla, que con anterioridad fue el máximo responsable de la seguridad del Museo Picasso, es, actualmente, director de Seguridad en la Abadía de Monserrat, en Barcelona, precisamente, el espacio que acogió hace unos días una jornada de reflexión y análisis sobre este ámbito, al que acudieron relevantes agentes competentes y concernidos con la seguridad del patrimonio de todos, y de la que Delta13News ha ofrecido completa información en los últimos días.
Conversamos con Alcantarilla para conocer los desafíos actuales, las nuevas herramientas de protección y el papel de la seguridad en un sector que, más que nunca, necesita anticiparse a los riesgos.
¿Cuál considera que es hoy el principal reto en la seguridad de los bienes culturales en España?
El principal reto que tenemos los profesionales de la protección del patrimonio cultural, es una amalgama de factores interrelacionados. Entre los que destacaría el cambio de paradigma al que nos va a obligar la implementación de la IA de manera global; un abordaje del trabajo en red de todos los profesionales que se dedican a la protección, prevención y salvaguarda del patrimonio cultural; los nuevos contextos de seguridad en un mundo hiperconectado y la sensibilización de todos los actores hacia la protección del patrimonio cultural.
¿Cuáles son las amenazas más frecuentes que enfrenta el patrimonio histórico-artístico? ¿Robos, vandalismo, negligencia, catástrofes naturales, conflictos armados…?
En primer lugar debemos comprender y adaptarnos a los cambios geopolíticos y tecnológicos actuales en lo concerniente a la prevención, protección y salvaguarda del patrimonio cultural. A ningún profesional de la seguridad se le escapa la complejidad de los escenarios en los que participamos y los retos globales a los que nos enfrentamos. Estas circunstancias hacen que la seguridad deba incorporarse un posicionamiento ético por parte de instituciones y profesionales.
Las amenazas más frecuentes del patrimonio cultural son…
Las antrópicas relacionadas con el hombre (expolios, robos, hurtos, fraudes, vandalismos, obras no autorizadas, falsificaciones, atentados contra las obras de arte, pandemias, ciberdelincuencia, campañas de desinformación, negligencia, etc.); las tecnológicas (nucleares, radiológicas, tecnológicas, bacteriológicos); y las naturales (incendios, lluvias, torrenciales, nevadas, fuertes rayas de viento, desprendimientos, etc.)
¿Existen riesgos emergentes vinculados al uso de nuevas tecnologías, como los ataques cibernéticos a bases de datos o catálogos digitales de museos?
Efectivamente. En el nuevo contexto digital la accesibilidad, tanto a las infraestructuras como a los datos, así como la interrupción de los servicios, va a obligarnos a los profesionales a desarrollar nuevas maneras de evaluar y abordar los riesgos, las amenazas y vulnerabilidades vinculadas a lo digital.
Entre los riesgos emergentes destacaría la interrupción de servicios y operaciones con el consecuente impacto tanto en públicos como en el funcionamiento habitual de la institución. La vulnerabilidad de los sistemas digitales dado que gran parte de los museos pueden carecer de sistemas de seguridad informática adecuados o la dependencia de proveedores externos que pueden ser causas de brechas de seguridad.
Los ataques de ransomware que pueden poner en jaque a la accesibilidad de los datos digitalizados a través de chantaje o extorsiones. El robo y las filtraciones de datos vinculados a las colecciones, así como a los que afecten tanto a la propiedad intelectual, como a los datos privados de visitantes y profesionales. El Phishing que como es un ataque inducido para que miembros de la institución actúen inconscientemente como agente crítico en la brecha de seguridad a través de las comunicaciones electrónicas.
¿Qué elementos son imprescindibles en un plan integral de seguridad para un museo o colección?
Destacaría cinco elementos:
- El análisis y gestión de riesgos, amenazas y vulnerabilidades (factor estructural + factores de riesgos, dividido de los factores de protección).
- Definición de las medidas de seguridad físicas, organizativas, humanas, tecnológicas y informáticas.
- El diseño de procedimientos de actuación y gestión de emergencias (plan de emergencias, protocolos de confinamiento, rutas de evacuación, plan de salvaguarda, etc.)
- Gestión de los recursos humanos y de la formación,
- Colaboración con los grupos de orden, intervención y servicios de emergencias médicos.
¿Cómo se combinan hoy los medios tradicionales (vigilancia física, cámaras, alarmas) con las tecnologías inteligentes (IA, sensores, biometría)?
Se combinan creando un sistema de seguridad híbrido (personas, tecnologías, datos), integral y multidisciplinar, es decir, que integre a todos los departamentos de la institución. Esta interacción genera una capacidad computacional de datos inéditas en contextos analógicos. El gran reto que tenemos los profesionales de la seguridad del patrimonio cultural, es conseguir las sinergias entre una concepción basada en la prevención, protección y salvaguarda, de un factor tan crítico para una sociedad, como es el legado cultural y la incorporación de organizaciones tecnológicas que también deben ser garantes de esa responsabilidad.
¿Hasta qué punto se coordina la seguridad privada de los museos con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado?
Como sector, debemos seguir colaborando en el desarrollo estratégico de una cultura de la seguridad que contextualice la seguridad de la cultura, para facilitar la vertebración de la protección del patrimonio cultural. Los Directores de Seguridad debemos integrar en los componentes básicos de la seguridad de patrimonio cultural (personas, bienes e instalaciones), las denominadas 4 “C” la coordinación, colaboración, comunicación y complementariedad con las fuerzas y cuerpos de seguridad. Así como la implementación de las 4 “D”, la detección, disuasión, dilación y defensa”. Por otro lado, necesitamos seguir insistiendo en la creación de un sistema de alerta temprana para validar la fusión, análisis y evaluación de la información y respuestas antes la gestión de crisis.
¿Qué avances tecnológicos considera más prometedores para la protección del patrimonio en los próximos años?
En primer lugar, debemos desactivar anacronismos fosilizados, por el exceso de costumbre, la inercia procedimental o la falta de rigor. Todo ello puede entorpecer la transformación tecnológica necesaria e incuestionable de nuestro sector. Desde mi experiencia profesional destacaría como clave, la oportunidad de generar un sistema integral y, al tiempo, predictivo. Es decir, con la capacidad de prever escenario de futuro argumentados con el procesamiento de un volumen de datos inéditos hasta la irrupción de la IA.
Desde un punto de vista más funcional destacaría algunos recursos: El análisis de video inteligente con la detección de comportamientos sospechosos, el control de flujos, sensores perimetrales y de proximidad, sistemas, aparatos y dispositivos electrónicos, la conexión a una plataforma de gestión de seguridad que integra todos los sistemas descritos, y la ciberseguridad.
¿Cómo equilibrar la accesibilidad del patrimonio al público con su preservación y seguridad?
Voy a hacer mías unas palabras del pintor Paul Klee. “Pintar no es reproducir lo visible, sino hacer visible lo invisible”. La relación de los públicos con las instituciones culturales, hace tiempo que ha abandonado la tendencia de usuarios pasivos. Ese cambio de tendencia debe ser utilizado para lograr que los visitantes sean y se sientan coparticipes de la protección del patrimonio cultural. Desde los departamentos de seguridad debemos trabajar para lograr sensibilizar en esa labor que nos concierne a todos los miembros de la sociedad sin alarmismos ni rigideces. La seguridad es mentalidad y actitud y no obsesión. Y en esa línea creo adecuado finalizar con una frase de Sant Benito de Núrsia. Fundador de la orden benedictina. “Proceda con prudencia y no sea extremosa en nada, no sea que, por querer raer demasiado la herrumbre rompa la vasija».




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