La influencia internacional ya no se mide exclusivamente por la capacidad militar, el peso económico o el número de alianzas diplomáticas. En un mundo marcado por la rivalidad entre grandes potencias, la desinformación y la transformación digital, la capacidad de moldear la percepción de las sociedades se ha convertido en un instrumento estratégico.
Esta es la tesis central de La batalla por la influencia global. Diplomacia pública y soft power en ocho potencias, el libro de Miguel Ángel Benedicto, publicado por Editorial Colex en 2026, que examina cómo los principales actores internacionales intentan ganar legitimidad, proyectar sus valores y condicionar la interpretación de los acontecimientos mundiales.
La obra parte de una idea fundamental: la diplomacia pública ha dejado de ser un complemento de la política exterior para ocupar un lugar central en la competencia geopolítica. Las redes sociales, las plataformas digitales, las universidades, las industrias culturales, los medios internacionales y las tecnologías emergentes constituyen espacios desde los que los Estados buscan influir en las opiniones y decisiones de las sociedades extranjeras.
El objetivo no es únicamente mejorar la imagen de un país, sino reforzar su capacidad de establecer agendas, promover intereses y construir una narrativa internacional favorable.
Ocho modelos para entender la competencia internacional
El libro compara las estrategias de Estados Unidos, China, la Unión Europea, Japón, Brasil, Catar, India y Sudáfrica. La selección permite confrontar modelos diferentes: desde las potencias con amplios recursos económicos, tecnológicos y militares hasta países que recurren a la cultura, la mediación diplomática, el prestigio institucional o su liderazgo regional para aumentar su relevancia internacional.
Estados Unidos representa el modelo histórico del poder blando, apoyado en la capacidad de atracción de sus universidades, su industria audiovisual, sus intercambios educativos y su ecosistema tecnológico. China, por su parte, desarrolla una estrategia que combina proyección cultural, inversiones, diplomacia económica y control de las narrativas, en un contexto de rivalidad creciente con Washington. La Unión Europea afronta el desafío de convertir su peso comercial, regulador y normativo en una influencia exterior coherente, pese a la diversidad de intereses de sus Estados miembros.
El análisis de Japón aborda la proyección de su cultura popular, su innovación tecnológica y su reputación institucional. Brasil busca consolidar su liderazgo regional y su voz en el Sur Global; India combina diplomacia cultural, tecnológica y digital con una política de autonomía estratégica; Sudáfrica intenta reforzar su protagonismo en los debates sobre gobernanza mundial; y Catar utiliza la mediación, la inversión, el deporte y la comunicación internacional para ampliar su influencia más allá de sus dimensiones territoriales y demográficas.
La comparación permite comprender que no existe una única fórmula para ejercer poder blando. Cada actor adapta sus instrumentos a sus recursos, sus prioridades y su posición en el sistema internacional.
Del poder blando a la desinformación
Uno de los ejes conceptuales de la obra es la relación entre soft power y sharp power. El primero, asociado al politólogo Joseph Nye, describe la capacidad de atraer e influir mediante la cultura, los valores y la legitimidad. El segundo se vincula a formas de influencia que recurren a la manipulación informativa, la opacidad o la presión sobre los espacios de debate público.
Miguel Ángel Benedicto examina cómo la frontera entre ambos conceptos puede volverse difusa cuando los gobiernos utilizan medios de comunicación, plataformas digitales y campañas de comunicación estratégica para promover sus intereses. El libro diferencia estas prácticas de la diplomacia pública basada en la transparencia y el diálogo, aunque reconoce que la separación entre comunicación legítima y propaganda no siempre resulta sencilla.
La desinformación ocupa un lugar destacado en este análisis. Su finalidad no consiste necesariamente en convencer a la audiencia de una versión concreta de los hechos, sino también en erosionar la confianza en las instituciones, incrementar la polarización y dificultar la existencia de una interpretación compartida de la realidad. En este contexto, la reputación internacional se convierte en un activo vulnerable y la credibilidad adquiere un valor estratégico.
La inteligencia artificial entra en la batalla por la influencia
La dimensión tecnológica constituye otro de los aspectos relevantes del libro. La inteligencia artificial, las plataformas digitales y los nuevos sistemas de comunicación están modificando tanto la producción como la difusión de los mensajes políticos. Las narrativas pueden propagarse a gran velocidad, alcanzar públicos muy diversos y adaptarse a diferentes espacios digitales, mientras que la automatización plantea nuevos desafíos para la verificación de la información.
La obra incorpora la diplomacia científico-tecnológica y la inteligencia artificial a su análisis del poder internacional. También aborda la carrera por los modelos de IA, la diplomacia digital, la seguridad reputacional y la capacidad de las grandes plataformas para condicionar el debate público. La influencia ya no depende solo de quién transmite un mensaje, sino también de quién controla las infraestructuras tecnológicas, los canales de distribución y las condiciones de circulación de los contenidos.
Este planteamiento amplía el concepto tradicional de diplomacia pública. La competencia entre Estados se desarrolla en ámbitos que incluyen la regulación digital, la soberanía tecnológica, la protección de las infraestructuras y la capacidad de responder a las campañas de injerencia extranjera.
Cultura, economía, defensa y marca país
El estudio no limita la diplomacia pública a la comunicación política. Benedicto analiza también la diplomacia cultural, educativa, deportiva, económica, científica, digital, mediática, de defensa y migratoria. Los intercambios universitarios, las becas, el cine, las plataformas audiovisuales, los grandes acontecimientos deportivos y las inversiones internacionales aparecen como instrumentos que pueden contribuir a crear vínculos duraderos y reforzar la posición de un país.
El autor diferencia, además, la diplomacia pública de la marca país. Aunque ambas pueden contribuir a mejorar la imagen exterior, sus objetivos, actores y horizontes no son idénticos. La marca país se centra en buena medida en la percepción y la reputación de un territorio, mientras que la diplomacia pública forma parte de una estrategia más amplia de relación con las sociedades extranjeras y de proyección de los intereses nacionales.
La obra también examina los índices utilizados para medir el poder blando y la presencia diplomática, así como las limitaciones de estas herramientas. La reputación, la atracción cultural o la influencia normativa no siempre se traducen directamente en resultados políticos, económicos o estratégicos. Un país puede disfrutar de una imagen positiva sin disponer necesariamente de capacidad para modificar el comportamiento de otros actores.
España ante una oportunidad estratégica
La posición de España aparece como una cuestión relevante en el marco general del libro. Su vínculo con Europa, América Latina, el Mediterráneo y el espacio atlántico, junto con la proyección internacional del idioma español, las universidades, las industrias culturales y las empresas, ofrece recursos para ejercer una influencia significativa.
El reto consiste en convertir esos activos en una estrategia coherente y sostenida. La reputación internacional no depende únicamente de las campañas de comunicación, sino también de la credibilidad de las instituciones, la consistencia entre el discurso y las decisiones políticas y la capacidad de generar confianza. La diplomacia pública requiere, por tanto, coordinación entre administraciones, instituciones culturales, empresas, universidades y otros actores con presencia internacional.
Las conclusiones generales del libro plantean, además, una cuestión de fondo: la influencia no sustituye al poder material. La diplomacia pública puede reforzar alianzas, ampliar la legitimidad y facilitar la cooperación, pero encuentra límites cuando entran en juego la seguridad física, la coerción económica o los intereses estratégicos fundamentales de los Estados.
Con La batalla por la influencia global, Miguel Ángel Benedicto ofrece un marco para interpretar una dimensión cada vez más importante de las relaciones internacionales: la competencia por definir cómo se percibe el mundo y qué actores consiguen que sus valores, intereses y explicaciones sean aceptados. En una época de rivalidad geopolítica, fragmentación informativa y transformación tecnológica, comprender los mecanismos de esa influencia resulta esencial para analizar tanto la política exterior de las grandes potencias como las posibilidades de actuación de los países de tamaño medio.
El ensayo se puede descargar aquí
Ficha del libro
- Título: La batalla por la influencia global. Diplomacia pública y soft power en ocho potencias.
- Autor: Miguel Ángel Benedicto.
- Editorial: Colex.
- Año de publicación: 2026.
- Contenido: análisis teórico de la diplomacia pública y ocho estudios de caso sobre Estados Unidos, China, la Unión Europea, Japón, Brasil, Catar, India y Sudáfrica.



