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domingo, agosto 2, 2026

La capacidad militar de España, en el puesto 17 de los 145 países que evalúa el GFP

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España reafirma su condición de potencia militar relevante a escala mundial, posicionándose en el puesto 17 de un total de 145 países incluidos en el índice PowerIndex (PwrIndx) elaborado por GlobalFirepower, una entidad de análisis estratégico que desde 2005 evalúa cuantitativamente la capacidad militar convencional de las naciones del mundo.

El PowerIndex español registrado en la edición del año pasado es 0,3242, un valor que se obtiene a partir de más de 60 variables que incluyen personal, equipos de tierra, aire y mar, así como elementos logísticos, financieros y geográficos. En esta metodología, cuanto más cercano a cero es el índice, más “fuerte” es la posición militar potencial de un país.

Este lugar en el top 20 sitúa a España por delante de potencias como Australia, Egipto o Ucrania, y muy cerca de países con mayores presupuestos de defensa o mayor experiencia en conflictos recientes, como Irán. La presencia en este tipo de clasificaciones no solo es una fotografía del hardware y del tamaño del ejército, sino que también refleja la capacidad estratégica, la interoperabilidad con alianzas internacionales y la modernización tecnológica de las Fuerzas Armadas españolas.

Un elemento clave del análisis de GlobalFirepower es el personal militar. España dispone de aproximadamente 133.000 efectivos activos, a los que se suman unos 15.000 reservistas y alrededor de 78.000 fuerzas paramilitares, lo que le confiere flexibilidad operativa tanto en misiones defensivas como en despliegues internacionales. Aunque estos números no la sitúan entre los países con mayor fuerza en términos de mano de obra pura, la profesionalización, el entrenamiento y la experiencia en misiones de la OTAN y de la UE son factores que compensan relativamente esa realidad.

En términos de fuerzas aéreas, España cuenta con un total de 461 aeronaves militares, incluidas 137 aeronaves de combate, que comprenden principalmente Eurofighter Typhoon y F/A-18 Hornets de última generación. Estos aviones no solo sirven para defensa del espacio aéreo, sino también para proyección de poder y misiones conjuntas en el exterior. El equilibrio entre aviones de combate, transporte, instrucción y misión especial ofrece una fuerza aérea versátil, aunque, como advierten algunos analistas, la ausencia de aviones cisterna limita, en parte, la autonomía operativa de largo alcance.

En el ámbito terrestre, el informe registra 317 tanques principales de batalla, acompañados de más de 17.000 vehículos blindados y decenas de sistemas de artillería autopropulsada y remolcada, lo que proporciona una capacidad razonable de combate terrestre combinada. Este equipamiento, si bien no es masivo en comparación con los ejércitos más grandes del mundo, está integrado con un nivel de entrenamiento y tecnología que permite una respuesta efectiva ante amenazas convencionales.

La armada española es una de las piezas más simbólicas de su capacidad estratégica. Con 152 unidades navales activas, entre ellas un portaaviones (el Juan Carlos I), fragatas de combate moderno y submarinos, España mantiene una capacidad de proyección de fuerza en alta mar que pocos países de su entorno europeo pueden igualar. Este conjunto naval no solo tiene una función disuasoria en el Atlántico y el Mediterráneo, sino que también es un activo en operaciones de la OTAN o misiones humanitarias marítimas.

Más allá de las cifras puras, el informe también refleja aspectos logísticos y financieros: España ocupa posiciones destacadas en variables vinculadas a puertos, aeropuertos y fuerza laboral disponible, factores que en un conflicto prolongado favorecen la capacidad de sostener operaciones militares complejas. La economía y el presupuesto de defensa, con cifras que rondan los 23.000 millones de dólares, resaltan el compromiso estatal con la modernización y el mantenimiento de las fuerzas armadas en un contexto global competitivo.

Esta posición en el ranking de GlobalFirepower no es un punto estático, sino el resultado de tendencias históricas. España ha estado consistentemente entre los primeros 25 países del índice desde finales de la década de 2010, reforzando su rol como una potencia militar por debajo de las grandes economías europeas como Francia y Reino Unido, pero por encima de estados con mayor conflictividad regional o presión militar directa.

Por último, la integración de España en la OTAN y la Unión Europea impulsa elementos que van más allá del mero recuento de equipo y personal, como ejercicios multinacionales, sistemas compartidos de inteligencia, y proyectos conjuntos de defensa. España también ha asumido compromisos para incrementar sus efectivos en el marco de la Alianza Atlántica, reflejando una adaptación a las nuevas amenazas globales, que van desde la ciberdefensa hasta la vigilancia espacial.

En conjunto, los datos presentados por GlobalFirepower y su interpretación contextual muestran a España no solo como un país con significativa capacidad militar, sino como un actor con responsabilidades estratégicas en el equilibrio de fuerzas global, capaz de contribuir de manera efectiva a misiones de defensa colectiva, disuasión regional y proyección internacional.

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