La Declaración de Independencia de Estados Unidos es uno de los textos políticos más influyentes de la historia contemporánea. Sus principios sobre la libertad, la igualdad y los derechos inalienables han servido de inspiración para numerosas constituciones y movimientos democráticos en todo el mundo.
Sin embargo, un análisis impulsado por la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), coincidiendo este año con el 250.º aniversario de su aprobación, invita a revisar uno de los aspectos menos conocidos del documento: la forma en que describió a los pueblos indígenas y las profundas consecuencias que tuvo para las naciones originarias de Norteamérica.
El estudio recuerda que, junto a frases universalmente conocidas como «todos los hombres son creados iguales», la Declaración también contiene una referencia mucho menos difundida en la que acusa al rey Jorge III de haber alentado a los «merciless Indian savages» («salvajes indios despiadados«) contra los colonos británicos. Para los especialistas, esta expresión no constituye una mera anécdota histórica, sino un reflejo de la visión política con la que nació el nuevo Estado estadounidense respecto a los pueblos indígenas que habitaban el continente mucho antes de la llegada de los europeos.
La reflexión cobra especial relevancia en el contexto de las conmemoraciones por el 250.º aniversario de la independencia estadounidense. Mientras buena parte de los actos oficiales ponen el acento en el nacimiento de una democracia basada en los derechos individuales, investigadores y juristas especializados en derecho indígena consideran que la efeméride representa también una oportunidad para incorporar a la narrativa histórica las experiencias de cientos de naciones originarias cuya historia quedó relegada durante siglos.
La iniciativa promovida por la Facultad de Derecho de UCLA reunió a historiadores, expertos en derecho constitucional y especialistas en estudios indígenas para analizar qué significó realmente la independencia de las Trece Colonias para las comunidades nativas. Una de las principales conclusiones es que la Revolución Americana no puede entenderse exclusivamente como un enfrentamiento entre colonos británicos y la Corona inglesa, sino como un proceso desarrollado en un territorio donde ya existían complejas estructuras políticas, diplomáticas y militares indígenas.
Según explica la profesora Angela Riley, directora del Native Nations Law and Policy Center de UCLA y miembro de la Citizen Potawatomi Nation, muchos estadounidenses desconocen que la Declaración de Independencia incluyó aquella referencia despectiva hacia los pueblos indígenas. Pero, más importante aún, tampoco conocen el efecto práctico que tuvo esa visión en la construcción posterior del Estado norteamericano. Para la investigadora, esa omisión forma parte de un proceso más amplio de invisibilización histórica del papel desempeñado por las naciones indígenas en la formación de Estados Unidos.
El análisis recuerda que, cuando el Congreso Continental aprobó la Declaración en julio de 1776, Norteamérica no era un territorio vacío ni políticamente homogéneo. La colonización europea llevaba desarrollándose durante casi dos siglos y medio, y centenares de pueblos indígenas mantenían sus propias formas de gobierno, alianzas diplomáticas, redes comerciales y estrategias militares. Lejos de ocupar una posición marginal, muchas de estas naciones desempeñaban un papel decisivo en el equilibrio de poder entre británicos, franceses, españoles y colonos estadounidenses.
Los investigadores sostienen que la independencia modificó profundamente ese equilibrio. Mientras los colonos proclamaban su derecho a constituirse como un pueblo libre e independiente, numerosas comunidades indígenas defendían igualmente su soberanía y luchaban por preservar el control sobre sus territorios ancestrales. Desde esta perspectiva, el nacimiento de Estados Unidos supuso también el inicio de una nueva etapa de expansión territorial que terminaría afectando de forma decisiva a las naciones originarias.
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la paradoja jurídica que identifican los especialistas. La propia Declaración afirmaba que los pueblos podían decidir libremente su destino político y romper los vínculos con gobiernos considerados opresores. Sin embargo, esas mismas ideas serían posteriormente utilizadas por algunas naciones indígenas para reivindicar que ellas también eran comunidades políticas soberanas con derecho a gobernarse por sí mismas. El reconocimiento de ese principio, no obstante, chocó desde el principio con la expansión territorial del nuevo Estado estadounidense.
El profesor Gregory Ablavsky, de la Universidad de Stanford, señala que uno de los principales retos para comprender el proceso histórico consiste precisamente en abandonar la idea de que 1776 representa únicamente el comienzo de la historia estadounidense. Para quienes ya habitaban el continente, explica, la independencia se produjo después de generaciones de relaciones políticas, comerciales y militares entre pueblos indígenas y potencias europeas. Vista desde esa perspectiva, la Revolución Americana constituye solo un capítulo dentro de una historia mucho más extensa de interacción entre diferentes soberanías.
El trabajo también analiza cómo la noción europea de soberanía difería profundamente de las formas tradicionales de organización política de numerosas comunidades indígenas. Mientras el modelo occidental tendía a concentrar la autoridad en un Estado centralizado con fronteras definidas, muchas naciones originarias desarrollaban estructuras de gobierno más flexibles, basadas en relaciones entre comunidades, consensos internos y formas propias de organización territorial. Esa diferencia conceptual continúa influyendo hoy en los debates sobre el reconocimiento jurídico de las tribus dentro del sistema federal estadounidense.
Para el profesor Matthew L. M. Fletcher, de la Universidad de Michigan, la reivindicación contemporánea de la soberanía tribal no responde a un deseo de confrontación con el Estado, sino al ejercicio cotidiano de funciones de gobierno. Las naciones indígenas gestionan actualmente sistemas judiciales, servicios públicos, programas educativos, políticas sanitarias y mecanismos de desarrollo económico que constituyen expresiones concretas de autogobierno dentro del marco constitucional estadounidense.
El informe de UCLA considera que las celebraciones del 250.º aniversario ofrecen una oportunidad para ampliar la narrativa histórica tradicional. Más que cuestionar la importancia de la Declaración de Independencia, los investigadores proponen contextualizarla incorporando las perspectivas de quienes quedaron fuera del relato dominante. Comprender el nacimiento de Estados Unidos implica reconocer también el impacto que ese proceso tuvo sobre las comunidades indígenas, cuya historia ha permanecido durante décadas en un segundo plano.
Integrar a los pueblos originarios
Esta revisión historiográfica coincide con una tendencia creciente dentro del ámbito académico estadounidense. Durante los últimos años, numerosos historiadores han defendido la necesidad de integrar las experiencias de los pueblos indígenas en el estudio de la Revolución Americana, no como actores secundarios, sino como protagonistas con intereses políticos propios, capacidad diplomática y una influencia decisiva sobre el desarrollo de los acontecimientos.
Los especialistas insisten además en que conocer estas dimensiones históricas no pretende sustituir unas interpretaciones por otras, sino enriquecer la comprensión del pasado. La historia de Estados Unidos, sostienen, resulta más completa cuando incorpora tanto los ideales democráticos proclamados en 1776 como las contradicciones que acompañaron su aplicación práctica a distintos colectivos de la población.
En definitiva, el análisis impulsado por la Universidad de California en Los Ángeles plantea que el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia constituye una ocasión para revisar críticamente uno de los documentos fundacionales de la democracia moderna. Reconocer el papel desempeñado por las naciones indígenas, comprender cómo fueron representadas en el texto y analizar las consecuencias políticas de aquella visión permite construir una interpretación más amplia, compleja y rigurosa del origen de Estados Unidos.
Los investigadores concluyen que el conocimiento del pasado no debe limitarse a celebrar los grandes ideales fundacionales, sino también a examinar las voces que quedaron fuera del relato y cuya experiencia sigue siendo esencial para entender la historia del país.



