En 2024, se importaron a la UE un total de 12.900 toneladas de elementos de tierras raras (REE+), lo que supone una disminución del 29,3 % en comparación con 2023. Al mismo tiempo, se exportaron desde la UE un total de 5.500 toneladas de tierras raras , lo que supone un descenso de tan solo el 0,8%.
Los elementos de tierras raras son un grupo de 17 metales especiales con un alto riesgo de suministro y de significativa importancia económica, utilizados en diversas aplicaciones de alta tecnología.
Casi la mitad de las importaciones de elementos de tierras raras procedieron de China. En efecto, en 2024, China fue el principal socio importador de tierras raras, con un 46,3 % del peso total de las importaciones (6.000 toneladas). Le siguieron Rusia con el 28,4 % de las importaciones (3.700 toneladas) y Malasia, con el 19,9 % (2.600 toneladas).
El creciente interés en la explotación de tierras raras a nivel mundial se debe a su papel crucial en tecnologías avanzadas y a su influencia en la geopolítica global. Estos 17 elementos químicos, esenciales para dispositivos electrónicos, energías renovables y sistemas de defensa, han generado una competencia internacional por asegurar su suministro.
Los elementos químicos que componen estas llamadas tierras raras incluyen el escandio, el itrio y los 15 lantánidos. A pesar de su nombre, no son escasos en la corteza terrestre, pero su extracción y procesamiento son complejos y costosos debido a su dispersión y a menudo a su presencia en concentraciones bajas.
Estos elementos son fundamentales para la fabricación de una amplia gama de productos tecnológicos, como teléfonos inteligentes, computadoras y pantallas planas, turbinas eólicas y paneles solares, vehículos eléctricos e híbridos o sistemas de guía, radares y otros equipos militares.
Dominio de China y la búsqueda de diversificación
China controla aproximadamente el 80% de la producción mundial de tierras raras, lo que le otorga una posición dominante en el mercado global. Esta dependencia ha llevado a otras naciones a buscar fuentes alternativas y a invertir en la exploración y desarrollo de yacimientos en diferentes regiones, como África, América Latina y Europa.
Diversos países están tomando medidas para garantizar el acceso a estos minerales estratégicos. Por ejemplo, Estados Unidos ha reabierto minas cerradas y está financiando nuevos proyectos para reducir su dependencia de las importaciones chinas. Por su parte, la Unión Europea está promoviendo la investigación y el desarrollo de tecnologías de reciclaje y extracción sostenible.
En este contexto, América Latina y África, regiones con potencial en tierras raras están atrayendo inversiones extranjeras para desarrollar su industria minera.
Investigadores europeos han identificado métodos más sostenibles para obtener tierras raras, como la extracción a partir de fosfoyesos, un subproducto de la industria de fertilizantes. Este enfoque no solo reduce el impacto ambiental, sino que también permite reutilizar residuos industriales, contribuyendo a una economía circular.
Con todo, la explotación de tierras raras plantea varios desafíos, empezando por su impacto ambiental, ya que la minería puede causar contaminación del suelo y del agua si no se gestiona adecuadamente. Además, en algunas regiones, la extracción se realiza en condiciones precarias, con riesgos para la salud de los trabajadores. Sin olvidar que la competencia por estos recursos puede exacerbar tensiones internacionales y afectar la estabilidad de ciertas regiones.
La realidad es que la demanda de tierras raras continuará en aumento debido al crecimiento de las tecnologías verdes y digitales. Para satisfacer esta demanda de manera sostenible, será crucial fomentar la investigación en métodos de extracción y reciclaje más eficientes y ecológicos, establecer marcos regulatorios que aseguren prácticas mineras responsables y promover la cooperación internacional para diversificar las fuentes de suministro y reducir la dependencia de un solo proveedor.



