Un informe de la OCDE alerta de que las restricciones a la exportación de minerales estratégicos alcanzaron máximos históricos en 2024 y amenazan la estabilidad de cadenas de suministro esenciales para energía, defensa, tecnología y manufactura avanzada. El fenómeno ya afecta directamente a la resiliencia industrial, la planificación estratégica y la seguridad económica de gobiernos y empresas.
La competencia internacional por el control de minerales estratégicos se ha convertido en uno de los principales factores de riesgo para la estabilidad industrial y tecnológica global. Litio, cobalto, grafito, manganeso o tierras raras son hoy elementos esenciales para sectores tan diversos como defensa, automoción eléctrica, inteligencia artificial, telecomunicaciones, energías renovables, aeroespacial o fabricación de semiconductores. Sin embargo, el acceso a estas materias primas críticas se encuentra cada vez más condicionado por restricciones comerciales, tensiones geopolíticas y una elevada concentración de la producción mundial.
Esa es la principal conclusión del nuevo informe publicado por la OCDE, que advierte de que las restricciones a la exportación de materias primas críticas continúan aumentando y representan ya un riesgo estructural para las cadenas globales de suministro. Según el organismo internacional, el volumen de restricciones alcanzó niveles récord en 2024 tras quince años consecutivos de crecimiento.
El estudio, titulado OCDE Inventory of Export Restrictions on Critical Raw Materials 2026, analiza la evolución de medidas como prohibiciones de exportación, cuotas, licencias obligatorias, aranceles y limitaciones cuantitativas aplicadas sobre minerales estratégicos. El documento concluye que el problema no solo afecta al comercio internacional, sino también a la seguridad económica, la capacidad industrial y la resiliencia operativa de numerosos países y sectores productivos.
Los datos recopilados por la OCDE muestran un incremento sostenido de restricciones desde 2009. Entre 2022 y 2024, alrededor del 16% del comercio mundial de materias primas críticas estuvo sometido al menos a una restricción de exportación, frente a aproximadamente el 12% registrado al inicio del período analizado.
Algunos minerales presentan niveles de exposición especialmente elevados. El informe señala que aproximadamente el 70% de las exportaciones mundiales de cobalto y manganeso estuvieron sujetas a restricciones entre 2022 y 2024. En el caso del grafito, el porcentaje alcanzó el 47%, mientras que las tierras raras llegaron al 45%.
El riesgo operativo asociado a estas cifras resulta especialmente relevante porque muchos de estos materiales son insustituibles en determinados procesos industriales. El grafito, por ejemplo, es esencial para la fabricación de baterías eléctricas; las tierras raras son imprescindibles para motores eléctricos, radares, sistemas de guiado y electrónica avanzada; y el cobalto continúa siendo clave para numerosas tecnologías de almacenamiento energético.
La OCDE advierte además de otro factor crítico: la extrema concentración geográfica de la producción y procesamiento. Aunque los países líderes varían según el mineral, los tres principales productores de cobalto, litio y níquel concentran más de dos tercios de la producción mundial. En tierras raras, esa concentración se aproxima al 90%.
Este nivel de dependencia genera vulnerabilidades sistémicas para industrias estratégicas. El informe destaca que restricciones relativamente limitadas en un pequeño número de países pueden desencadenar interrupciones globales, aumentos bruscos de precios o problemas de abastecimiento en sectores críticos.
China, con ventaja
El caso de China ocupa un lugar central dentro del análisis. Pekín mantiene una posición dominante en buena parte de las cadenas de valor de minerales críticos, especialmente en tierras raras y procesamiento intermedio. Diversos estudios citados por analistas internacionales muestran que China controla más del 90% de algunos segmentos altamente especializados vinculados a refinado y transformación de materiales estratégicos.
La preocupación por esta dependencia no es nueva. En 2010, China restringió temporalmente exportaciones de tierras raras hacia Japón durante una crisis diplomática, un episodio considerado por muchos analistas como el primer gran aviso sobre la vulnerabilidad estratégica de las cadenas de suministro tecnológicas. Quince años después, la exposición global continúa siendo muy elevada.
Desde entonces, el escenario se ha vuelto todavía más complejo. Las restricciones comerciales ya no afectan únicamente a materias primas sin procesar, sino también a tecnologías de refinado, maquinaria especializada y componentes intermedios de alto valor añadido.
El informe de la OCDE detecta además un cambio relevante en el tipo de medidas utilizadas. Aunque los impuestos a la exportación y los sistemas de licencias continúan siendo frecuentes, desde 2019 han aumentado especialmente las restricciones cuantitativas y las prohibiciones directas, consideradas las medidas más disruptivas para la estabilidad de mercado.
La evolución de estas políticas responde a múltiples factores. Algunos países productores intentan proteger recursos estratégicos, impulsar industrias nacionales de transformación o aumentar ingresos fiscales. Otros utilizan estas herramientas como instrumentos de presión económica o respuesta a tensiones internacionales.
El problema adquiere una dimensión especialmente sensible para sectores vinculados a seguridad y defensa. Sistemas militares modernos —desde radares hasta misiles guiados, drones, sensores, submarinos o aviones de combate— dependen de minerales críticos difíciles de sustituir. La interrupción prolongada de determinados suministros podría afectar directamente a capacidades industriales estratégicas.
En paralelo, la transición energética está multiplicando la demanda mundial de estos materiales. Vehículos eléctricos, baterías, parques eólicos, paneles solares y redes eléctricas inteligentes requieren grandes cantidades de litio, níquel, cobre, cobalto o tierras raras. La Agencia Internacional de la Energía lleva años advirtiendo de posibles tensiones estructurales entre oferta y demanda durante la próxima década.
La OCDE señala que el crecimiento de la demanda avanza mucho más rápido que la capacidad de expansión de nuevas minas y plantas de procesamiento. Abrir explotaciones mineras estratégicas suele requerir inversiones multimillonarias, largos procesos regulatorios y plazos superiores a diez años.
A ello se suma otro elemento operativo crítico: muchas vulnerabilidades no se encuentran únicamente en la extracción minera, sino en el procesamiento intermedio. Diversos análisis académicos recientes sostienen que el verdadero cuello de botella se concentra cada vez más en las fases de refinado, separación química y fabricación avanzada de componentes.
Este aspecto resulta especialmente importante porque algunos países poseen recursos minerales, pero carecen de capacidad industrial para transformarlos. Como consecuencia, la dependencia estratégica no desaparece aunque aumente la extracción minera fuera de Asia.
El informe también destaca el crecimiento de restricciones sobre residuos y materiales reciclables. Chatarra metálica, baterías usadas y residuos tecnológicos se han convertido en objetivos prioritarios debido al creciente interés por la economía circular como fuente alternativa de minerales estratégicos.
La respuesta internacional se está acelerando. Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, Canadá y otros socios industriales impulsan programas de diversificación de suministro, creación de reservas estratégicas y alianzas con países productores considerados políticamente fiables.
La Unión Europea, por ejemplo, ha intensificado sus iniciativas para reducir dependencia respecto a China mediante el programa RESourceEU y nuevas asociaciones con Australia, Canadá, Chile, Kazajistán o Ucrania. Bruselas considera que la seguridad de suministro de materias primas críticas constituye ya un elemento central de autonomía estratégica europea.
Además, varios países europeos trabajan ya en proyectos de almacenamiento estratégico de minerales críticos similares a las reservas energéticas tradicionales. Francia, Alemania e Italia lideran actualmente un plan piloto europeo orientado a evaluar necesidades logísticas, costes y mecanismos de respuesta ante posibles interrupciones de suministro.
En paralelo, el G7 estudia crear una estructura permanente para coordinar políticas sobre minerales críticos y supervisar riesgos asociados a cadenas de suministro estratégicas. El objetivo es mejorar intercambio de información, coordinación industrial y capacidad de reacción ante futuras crisis.
El sector privado también está modificando sus estrategias operativas. Fabricantes de automóviles, empresas tecnológicas, industrias militares y productores de baterías están incrementando inversiones en trazabilidad, diversificación de proveedores, reciclaje y contratos de suministro a largo plazo.
Algunas compañías intentan además reducir riesgos mediante integración vertical, participando directamente en proyectos mineros o plantas de refinado para asegurar acceso estable a materiales críticos. Otras desarrollan tecnologías alternativas orientadas a disminuir dependencia de minerales especialmente sensibles.
Sin embargo, expertos del sector advierten de que muchas de estas soluciones requieren años para desplegarse a gran escala. La transición hacia cadenas de suministro más resilientes implica inversiones elevadas, nuevas infraestructuras y cooperación internacional sostenida.
El informe de la OCDE evita planteamientos alarmistas, pero subraya que la tendencia actual incrementa significativamente la exposición a interrupciones y volatilidad de mercado. La combinación entre creciente demanda, concentración geográfica y endurecimiento de restricciones comerciales crea un entorno de riesgo estructural para la economía global.
Las consecuencias potenciales van más allá del encarecimiento industrial. Interrupciones prolongadas podrían afectar proyectos energéticos, producción tecnológica, fabricación militar, transición digital y estabilidad de cadenas logísticas internacionales. En un contexto de creciente competencia estratégica entre grandes potencias, el control de minerales críticos se perfila ya como uno de los principales factores de seguridad económica del siglo XXI.



