Privacidad, manipulación emocional y perfiles psicológicos: ESET ha identificado varias amenazas asociadas al uso de chatbots románticos, empezando por la recopilación masiva de datos privados y emocionales. Estos sistemas almacenan conversaciones que pueden incluir detalles íntimos, preferencias, estados emocionales o incluso confesiones personales. Parte de esta información puede ser utilizada para realizar un perfilado psicológico o entrenar modelos sin transparencia de cara al usuario.
Falsa percepción de intimidad y dependencia emocional es otro de los aspectos a tener en cuenta. Muchos chatbots están diseñados para generar apego, reforzar respuestas afectivas y mantener al usuario dentro de la plataforma. Algunos imitan comportamientos románticos, lo que puede difuminar los límites entre la compañía artificial y las emociones reales.
Otra amenaza es el riesgo de monetización agresiva. Las versiones gratuitas suelen limitar algunas funciones clave y empujan a los usuarios a suscripciones «premium», ofreciendo interacciones más íntimas o personalizadas. De igual modo, ESET advierte del uso inadecuado por parte de menores. La accesibilidad de estas apps en redes sociales y tiendas móviles facilita que menores interactúen con modelos no supervisados, sin comprender los riesgos de privacidad ni las implicaciones emocionales.
Todo ello, sin olvidar una amenaza no menos importante como son las vulnerabilidades técnicas o fallos de seguridad asociados a este contexto. Como cualquier servicio basado en datos, un fallo de seguridad podría exponer conversaciones con contenido extremadamente sensible.
Desde ESET recuerdan en una nota que los chatbots de compañía pueden resultar atractivos, especialmente para los jóvenes, pero su funcionamiento implica la recopilación de datos personales y emocionales que, en manos equivocadas o en plataformas poco seguras, pueden convertirse en un riesgo real.
Por ello, recomiendan a los usuarios, y a las familias por extensión, adoptar hábitos de protección digital antes de utilizar estas aplicaciones y ser especialmente cautos con la información que comparten en ellas. Si, después de todo, el sujeto decide utilizar este tipo de aplicaciones, la compañía recomienda no compartir información personal o sensible. Hay que tratar al chatbot como se trataría a un desconocido. Debe evitarse compartir fotos íntimas, datos financieros o cualquier información que permita identificarle a uno.
Luego, el sentido común, que empieza por investigar antes de descargar nada. Mejor revisar las políticas de privacidad y la reputación de la app. Hay que desconfiar de servicios que admiten compartir o vender datos. También se deben activar todas las medidas de seguridad disponibles, como configurar contraseñas fuertes, activar la autenticación en dos pasos y revisar los ajustes de privacidad para limitar cómo se almacenan y usan las conversaciones de uno.
Para las familias, el mensaje es que si sus hijos muestran interés por estas apps, mejor supervisar su uso, establecer límites y asegurarse de que solo acceden a plataformas con verificación de edad y moderación adecuada. Y, desde luego, hablar abiertamente sobre los riesgos: hay que fomentar el diálogo para que comprendan que estos bots no son «amigos» ni «parejas», sino herramientas comerciales que pueden manipular emociones y recolectar datos.
Otros consejos son evaluar el impacto emocional y evitar la dependencia; mantener los dispositivos actualizados; y ser crítico mientras llegan nuevas regulaciones. Este tipo de herramientas aún operan en una zona regulatoria difusa y hasta que exista un marco claro, mejor evitar usarlas como apoyo emocional o confidente.



