La empresa gallega Metaldeza, especializada en el diseño, fabricación y montaje de construcciones metálicas y equipos a presión, estudia su posible incorporación a la cadena de suministro de la industria de defensa. La compañía, con sede en el polígono industrial de Botos, en Lalín, ha mantenido contactos con la Xunta de Galicia para analizar qué capacidades puede aportar al sector militar y qué requisitos tendría que cumplir para convertirse en proveedor de programas vinculados a la seguridad y la defensa.
La posibilidad fue planteada públicamente por la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana, durante una visita a las instalaciones de Metaldeza el pasado mes de abril. La representante del Gobierno gallego señaló que la compañía reúne, a juicio de la Xunta, características que podrían facilitar su entrada en este nuevo ámbito de actividad: internacionalización, innovación y diversificación. El Ejecutivo autonómico anunció entonces su voluntad de trabajar conjuntamente con la empresa para estudiar su incorporación a los mecanismos de la Iniciativa Estratégica de Seguridade, Defensa e Aeroespazo (IESDA).
La operación se plantea, por tanto, como un proceso de diversificación industrial y no como una transformación inmediata de la actividad de Metaldeza en fabricante de armamento. La compañía cuenta con experiencia en sectores industriales muy diferentes y dispone de capacidades relacionadas con la ingeniería, la fabricación de estructuras metálicas, la calderería y los equipos a presión, ámbitos que pueden encontrar aplicaciones en distintos segmentos de la cadena industrial de defensa.
Según la propia empresa, Metalúrgica del Deza, S.A., conocida comercialmente como Metaldeza, fue fundada en 1987 y tiene sus instalaciones principales en Lalín. Su actividad comprende el diseño, fabricación y montaje de construcciones metálicas y equipos a presión. La compañía trabaja actualmente para sectores como el industrial, minero, hidroeléctrico, energías renovables, tratamiento de residuos, petróleo y gas, cementero e infraestructuras.
La experiencia acumulada en estos ámbitos es uno de los elementos que pueden favorecer su eventual incorporación a proyectos de defensa. La industria militar requiere una extensa red de empresas capaces de fabricar estructuras, componentes, subconjuntos, equipos industriales y otros elementos que posteriormente son integrados por los grandes contratistas y fabricantes de sistemas de defensa.
Una empresa con capacidad industrial e internacional
Uno de los principales activos de Metaldeza es su dimensión industrial. La compañía declara una capacidad de producción de hasta 1.000 toneladas mensuales, una capacidad de elevación de 72 toneladas y unas instalaciones que suman 28.100 metros cuadrados, de los que más de 14.200 corresponden a superficie cubierta.
A esta capacidad se suma una importante experiencia internacional. Metaldeza inició su proceso de internacionalización de forma estructurada en 2010, aunque ya había ejecutado trabajos fuera de España desde años anteriores. Actualmente cuenta con filiales en Panamá, Reino Unido, Marruecos y Suiza, y asegura estar presente en más de 26 países. Entre los proyectos que desarrolla figuran instalaciones industriales, plantas de tratamiento de residuos, centrales energéticas, estructuras para refinerías y plantas siderúrgicas.
La internacionalización es uno de los aspectos que la Xunta considera especialmente relevantes para su posible entrada en defensa. El sector militar tiene una fuerte dimensión internacional y las cadenas de suministro de los grandes programas europeos están cada vez más interconectadas. Para una pyme o empresa industrial de tamaño intermedio, disponer de experiencia trabajando bajo estándares internacionales puede convertirse en una ventaja para acceder a nuevos contratos.
La empresa ha recibido además reconocimiento por su trayectoria exterior. En 2024 fue distinguida con un premio a la internacionalización, un reconocimiento que la compañía vinculó a su inversión en tecnología, la cualificación de sus profesionales y su estrategia de crecimiento internacional.
La certificación, una de las puertas de entrada
Uno de los principales obstáculos para las compañías que pretenden acceder por primera vez al mercado de defensa es la necesidad de cumplir determinados requisitos técnicos, de calidad, seguridad y homologación.
Precisamente por ello, la Xunta ha puesto en marcha mecanismos de apoyo destinados a facilitar que empresas procedentes de otros sectores puedan certificarse y convertirse en proveedoras de la industria de defensa. En el caso de Metaldeza, la Administración autonómica ha señalado expresamente las ayudas existentes para la certificación en defensa como una de las vías para facilitar su entrada en este mercado.
El proceso puede resultar especialmente relevante para empresas industriales que ya cuentan con experiencia en sectores altamente regulados. Metaldeza dispone, por ejemplo, de certificación EN ISO 3834-2, relativa a requisitos de calidad para el soldeo por fusión de materiales metálicos, con un alcance que incluye fabricación de estructuras metálicas, calderería, puentes y recipientes a presión.
Estas capacidades no significan automáticamente que la empresa esté homologada como fabricante de material militar, pero sí constituyen una base industrial que puede facilitar la adaptación a los requisitos específicos que exige el sector.
Galicia quiere multiplicar sus empresas de defensa
La posible entrada de Metaldeza coincide con una estrategia más amplia de la Xunta para ampliar el número de compañías gallegas vinculadas a la seguridad, la defensa y el sector aeroespacial.
Cuando la conselleira Lorenzana visitó Metaldeza, señaló que Galicia contaba entonces con alrededor de 20 empresas en el sector de la defensa y que el objetivo del Gobierno autonómico era alcanzar un centenar. La Xunta pretende incorporar progresivamente a empresas procedentes de sectores como el naval, la automoción, la metalurgia, la ingeniería, la electrónica y las tecnologías avanzadas.
La estrategia tiene una razón industrial: Galicia cuenta con grandes empresas tractoras, pero también con una extensa red de pequeñas y medianas compañías capaces de suministrar componentes y servicios especializados. La intención de la Administración autonómica es conseguir que una mayor parte de ese tejido industrial participe en los programas de modernización de las Fuerzas Armadas y en las nuevas cadenas europeas de suministro.
La primera convocatoria de ayudas vinculada a esta estrategia recibió 52 solicitudes de empresas gallegas, procedentes de sectores como el naval, el aeroespacial y la automoción. Las ayudas, enmarcadas en la IESDA 2025-2030, están destinadas precisamente a facilitar la certificación necesaria para que las compañías puedan convertirse en proveedoras del sector defensivo.
Una estrategia industrial de 900 millones
El interés por incorporar a Metaldeza a la industria de defensa se enmarca en una estrategia económica mucho más ambiciosa. La Xunta ha anunciado que su hoja de ruta para consolidar Galicia como polo de seguridad, defensa y aeroespacio contempla la movilización de 900 millones de euros hasta 2030.
El Gobierno gallego considera especialmente estratégica la conexión entre defensa, industria naval, tecnologías marítimas, energías verdes, aeroespacio y tecnologías duales, es decir, aquellas que pueden tener simultáneamente aplicaciones civiles y militares.
La comunidad parte de una posición industrial particularmente relevante en el ámbito naval. Galicia concentraba al cierre de 2025 el 41% del volumen de trabajo de la construcción naval española y aproximadamente un tercio de los nuevos contratos, según los datos destacados por la Xunta.
Ese ecosistema tiene como uno de sus principales actores a Navantia, cuya actividad en Ferrol está vinculada, entre otros programas, a las fragatas F-110 de la Armada. La existencia de grandes compañías tractoras genera oportunidades para empresas auxiliares que puedan suministrar estructuras, componentes, servicios de ingeniería y soluciones tecnológicas.
La estrategia gallega busca precisamente que ese efecto tractor se extienda más allá del sector naval y llegue a empresas industriales de otras provincias y comarcas. En ese escenario encaja la posible incorporación de Metaldeza, una compañía ubicada en Lalín y con una experiencia industrial que podría ser aprovechada en diferentes eslabones de la cadena de suministro.
La nueva oportunidad llega en un momento de expansión del gasto en defensa
El movimiento se produce además en un momento de fuerte crecimiento de la inversión en defensa en España y Europa. El incremento del gasto militar está generando nuevas oportunidades para las empresas nacionales, pero también plantea el reto de aumentar rápidamente la capacidad productiva.
Para Galicia, el objetivo no consiste únicamente en captar contratos militares, sino en utilizar ese aumento de la demanda para modernizar su tejido industrial, generar empleo cualificado y desarrollar tecnología propia.
En julio de 2026, el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, anunció otros 40 millones de euros destinados a atraer grandes proyectos industriales de seguridad, defensa y aeroespacio mediante una fórmula de compra pública precomercial. La iniciativa pretende seleccionar socios tecnológicos capaces de desarrollar soluciones innovadoras en tecnologías duales y establece la fabricación en Galicia como uno de los criterios relevantes para consolidar cadenas de valor y empleo.
La Xunta considera que ámbitos como la vigilancia del litoral, las emergencias, la protección civil, la movilidad o la ordenación territorial pueden actuar como espacios de desarrollo de tecnologías que posteriormente encuentren aplicaciones en defensa.
Del acero a la defensa
Para Metaldeza, el salto al sector defensivo supondría ampliar una trayectoria empresarial basada precisamente en la diversificación. La compañía ha desarrollado actividad en sectores muy diferentes y ha utilizado su capacidad de ingeniería y fabricación para adaptarse a las necesidades de distintos mercados.
La defensa representaría ahora un nuevo campo de especialización potencial. Su incorporación podría producirse como proveedor de grandes empresas tractoras, integradores de sistemas o programas industriales, más que necesariamente como fabricante directo de sistemas de armas.
Este modelo es habitual en las grandes cadenas industriales de defensa. Los principales contratistas necesitan una red de proveedores especializados capaces de fabricar piezas, estructuras y equipos conforme a especificaciones muy exigentes. Para las empresas que consiguen superar los procesos de certificación y homologación, la entrada en estas cadenas puede proporcionar acceso a contratos de mayor duración y a mercados internacionales.
Por el momento, Metaldeza se encuentra en una fase de evaluación de oportunidades, y no consta públicamente la adjudicación de un contrato militar concreto a la compañía. La relevancia de la operación reside en que la Xunta ya ha identificado a la firma como una candidata potencial para incorporarse al ecosistema defensivo gallego y está trabajando con ella para estudiar las vías disponibles.
La posible entrada de Metaldeza refleja así el proceso de transformación que está experimentando la industria gallega. Empresas tradicionalmente vinculadas a la metalurgia, la construcción industrial, la energía o la ingeniería comienzan a mirar hacia defensa como un mercado adicional, mientras las administraciones intentan aprovechar el aumento de la inversión militar para ampliar la base industrial nacional.
Para Galicia, el reto será convertir ese interés inicial en capacidades industriales permanentes, evitando que la participación de las empresas se limite a contratos puntuales. Para compañías como Metaldeza, el desafío será demostrar que sus capacidades industriales pueden adaptarse a los elevados requisitos técnicos y de certificación de la defensa y, a partir de ahí, integrarse en cadenas de suministro nacionales y europeas.
La iniciativa abre, en definitiva, una nueva posibilidad para una empresa con casi cuatro décadas de trayectoria industrial: pasar del acero, las grandes estructuras y la ingeniería industrial a convertirse en uno de los nuevos proveedores potenciales de la industria de defensa gallega.



