‘Comunicar o politizar la Unión Europea. Del consenso inicial a la polarización de la Europa Geopolítica’, es como titula su último ensayo el profesor Miguel Ángel Benedicto, presidente de la Asociación Ideas y Debate y también miembro del Consejo Editorial de Delta13News.
Licenciado en Derecho, Periodismo y Ciencias Políticas, Benedicto aborda en este último libro valiosas consideraciones sobre la percepción que tiene la sociedad europea sobre sus instituciones comunitarias y, con carácter general, sobre el concepto en sí mismo de Europa como aglutinante.
En un momento en el que los movimientos nacionalistas, lejos de haber sido superados, adquieren una presencia creciente en los estados, esta obra ensayística devuelve al lector a una realidad que, no por desconocida o advertida, no deja de representar un aviso para navegantes. Por ello le preguntamos en esta entrevista concedida a este diario
Profesor, ¿qué papel deben tener las políticas “útiles y beneficiosas” en la construcción de la identidad europea, más allá de la propia información institucional?
Las políticas útiles son aquellas que tienen un impacto directo en la vida cotidiana de los ciudadanos, como Erasmus, el roaming gratuito, o los fondos de recuperación tras la COVID. Creo que son claves para cimentar una identidad europea pues no basta con que la UE se comunique de forma técnica o institucional: los europeos deben sentir la utilidad de pertenecer a la Unión. La comunicación debe ir acompañada de un relato emocional, narrativo y contextualizado, que conecte con valores compartidos y con la idea de un proyecto común.
Estas políticas se convierten así en palancas narrativas de europeización y deben ser visibilizadas no solo como logros técnicos, sino como expresiones de solidaridad, cohesión y progreso colectivo. El relato debe ser accesible, cercano y centrado en los beneficios concretos para cada ciudadano.
¿Cómo puede la UE encontrar el equilibrio entre defensores de sus valores democráticos y «hablar el lenguaje del poder» en un contexto geopolítico tan incierto como el actual, con conflictos como los de Ucrania o Gaza de fondo?
La UE no solo debe ser una potencia normativa sino también estratégica. Tiene que defender los valores democráticos, el Estado de derecho o los derechos humanos; esto es crucial para su legitimidad, pero no puede hacerlo sin capacidades reales. Hablar el lenguaje del poder no significa renunciar a los valores, sino dotarlos de fuerza operativa en la arena internacional.
Hay que combinar el soft power con capacidades de disuasión, defensa común y unidad estratégica. La ambigüedad o la parálisis entre Estados miembros perjudica su credibilidad internacional. La clave está en una comunicación estratégica clara, que explique por qué actuar en defensa de Ucrania, por ejemplo, no es solo una cuestión geopolítica, sino de coherencia con los principios europeos.
En la era de la desinformación y las redes sociales, ¿cuáles son los retos más inmediatos y urgentes que enfrenta la comunicación de la UE para mantener su credibilidad y legitimidad?
La UE ha sido demasiado tímida y tecnocrática en su comunicación, especialmente ante la desinformación. En un entorno digital dominado por la inmediatez, la polarización y la manipulación informativa, la UE enfrenta tres retos urgentes. Primero, pasar de informar a conectar emocionalmente, mediante narrativas más cercanas y adaptadas a públicos diversos. Segundo, combatir la desinformación de manera proactiva, invirtiendo más en alfabetización mediática, unos medios con periodistas más formados y mejor pagados, con más editores y cooperación las con plataformas digitales. Por último, hay que saber visibilizar los logros europeos y explicar los procesos complejos, evitando el vacío que otros actores llenan con simplificaciones o ataques.
La legitimidad de la UE está en juego si no logra hacerse presente en los canales donde se forma la opinión pública. Para ello, debe reforzar su branding político, empoderar a portavoces cercanos y renovar su narrativa.
¿Considera que el debate entre el modelo intergubernamental y el federalista influye en la percepción ciudadana sobre la utilidad y el futuro de la Unión? ¿Cómo debería tratar este debate la propia comunicación europea?
Sí, y de forma significativa. El libro subraya que este debate no es meramente institucional: sino que se traduce en percepciones ciudadanas sobre la eficacia, la transparencia y el horizonte de la Unión. Cuando la toma de decisiones es bloqueada por el veto de algunos Estados, la imagen de la UE como actor global o garante de derechos queda debilitada.
La comunicación europea debe explicar con claridad los límites actuales del modelo intergubernamental., presentar los avances en integración como soluciones a problemas comunes y evitar el lenguaje excesivamente jurídico o abstracto, y centrarse en cómo diferentes modelos afectan al bienestar ciudadano y a la capacidad de respuesta europea. No se trata de imponer un modelo, sino de hacer comprensible y visible el debate, mostrando sus consecuencias prácticas.



