La lucha contra el tráfico de drogas es una batalla constante, una pugna entre la astucia de las organizaciones criminales y la firmeza y resolución de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Durante años, hemos observado una evolución en las tácticas de los narcotraficantes, desde las rudimentarias embarcaciones de pesca hasta las potentes «narcolanchas» que desafían nuestras costas a velocidades vertiginosas. Sin embargo, un nuevo paradigma se cierne sobre nuestras fronteras marítimas, el creciente uso de embarcaciones no tripuladas para el transporte de sustancias ilícitas. Esta amenaza silenciosa exige una reflexión profunda y una adaptación urgente de nuestras estrategias de inteligencia, seguridad y control integral de fronteras, con especial atención a la modernización y optimización del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE).
España por su ubicación geográfica estratégica entre África y Europa, y como puente hacia el continente americano siempre ha sido un punto caliente para el tráfico de drogas. Puerta de entrada clave para el narcotráfico en el sur de Europa, se enfrenta a una amenaza marítima que está en constante evolución. Si bien las veloces «narcolanchas» han sido durante mucho tiempo el terror de las costas, una nueva generación de embarcaciones no tripuladas, incluyendo sofisticados drones submarinos, está desafiando las estrategias de vigilancia tradicionales. La lucha contra el tráfico de drogas se adentra en una era tecnológica donde la innovación de los criminales exige una respuesta igualmente avanzada por parte de las autoridades.
En 2021, en España incautaron cantidades récord de droga, lo que subraya nuestro papel central en el mercado europeo. El Estrecho de Gibraltar, enclave geográfico estratégico, se ha convertido en un corredor principal para el tráfico de drogas. A pesar de los constantes éxitos de las fuerzas y cuerpos de seguridad, la gran cantidad de droga que presumiblemente evade la detección revela la necesidad urgente de reforzar la vigilancia marítima.
La tradicional «narcolancha», una embarcación semirrígida o inflable de más de 12 metros, equipada con potentes motores que le permiten alcanzar altísimas velocidades de navegación, sigue siendo la herramienta predilecta para el transporte rápido de grandes cantidades de droga. Operar en la oscuridad y en condiciones climáticas adversas, pilotadas por expertos que cobran elevadas sumas por hacer su arriesgado trabajo. Sin embargo, su elevada firma visual y de radar, la necesidad de reabastecimiento de combustible en alta mar, su dependencia de una tripulación humana expuesta a la detención y la reciente ilegalización de su uso, en 2018, en aguas españolas, han impulsado a las organizaciones criminales a explorar alternativas más discretas y con menor riesgo humano.
Es aquí donde entran en juego las embarcaciones no tripuladas. Aunque su uso aún no está tan extendido como el de las «narcolanchas», su potencial para revolucionar el tráfico de drogas es innegable. Estas plataformas, operadas remotamente o de forma autónoma, ofrecen a los narcotraficantes la posibilidad de transportar droga sin exponer a sus miembros a la acción de la justicia, además de presentar una menor probabilidad de detección en muchos casos.
La verdadera novedad en esta batalla es el auge de las embarcaciones no tripuladas. Ya han sido interceptados en España drones submarinos, pequeños vehículos operados remotamente, con capacidad para transportar hasta 200 kg de droga a través del Estrecho de Gibraltar, su sigilo bajo el agua los convierte en un desafío para los radares de superficie.
A una escala mayor, los semisumergibles y los «narcosubmarinos» totalmente sumergibles y construidos artesanalmente en la mayor parte de las ocasiones, representan una amenaza aún más seria. Estas embarcaciones, que son difíciles de detectar por su bajo perfil y los materiales empleados en su construcción, pueden transportar toneladas de droga a lo largo de miles de kilómetros, por ejemplo, cruzando el Atlántico desde Sudamérica hasta las costas gallegas.
Como muestra, estos días saltó a las noticias la explotación de la operación “Nautilus GCA”, donde la Guardia Civil en cooperación con la Policía Judiciaria Portuguesa, interceptaron 6,6 toneladas de cocaína cargadas en un semisumergible con rumbo a la península ibérica, a unas 500 millas náuticas al sur de las islas Azores y a 680 del suroeste de las Islas Canarias.
Aunque menos comunes, los drones aéreos también tradicionalmente se han utilizado para el transporte de pequeñas cantidades de droga a través de distancias cortas, como cruzar el Estrecho de Gibraltar, los avances tecnológicos están permitiendo el desarrollo de drones con mayor autonomía y capacidad de carga. La interceptación en 2021 de un dron de gran tamaño con capacidad para transportar hasta 150 kilogramos de droga demuestra que esta amenaza aérea también debe ser tenida en cuenta, especialmente en zonas costeras y fronterizas.
Comparativa de amenazas velocidad vs. sigilo

La elección de una embarcación u otra por parte de las organizaciones criminales depende de una compleja ecuación que incluye la ruta, la cantidad y tipo de droga, el riesgo asumido y los recursos disponibles.
La tabla evidencia que las embarcaciones no tripuladas ofrecen a las organizaciones criminales ventajas significativas en términos de reducción del riesgo humano y, en muchos casos, de la probabilidad de detección. Si bien las «narcolanchas» siguen siendo una amenaza por su velocidad y capacidad de carga. La tendencia hacia el uso de plataformas no tripuladas, especialmente en el ámbito submarino, exige una respuesta contundente y adaptada a esta nueva realidad.
El Sistema Integrado de Vigilancia Exterior español (SIVE), en funcionamiento desde 2002, es una herramienta valiosa y ha demostrado alta eficacia en la lucha contra la inmigración ilegal y el narcotráfico tradicional. Sin embargo, su arquitectura actual, diseñada principalmente para la detección de objetivos en superficie, presenta limitaciones significativas para la detección de amenazas subacuáticas y aéreas de bajo perfil.
Los semisumergibles y los UUVs, al operar principalmente bajo la superficie o a ras de agua pueden eludir los sistemas de radar convencionales. Del mismo modo, los drones aéreos de pequeño tamaño y volando a baja altitud pueden ser difíciles de detectar por los radares terrestres y marítimos tradicionales. Esta limitación del SIVE ante las nuevas tácticas de las organizaciones dedicadas a estos tráficos ilícitos exige una modernización integral de sus capacidades tecnológicas y operativas.
Para fortalecer la capacidad de los sistemas de vigilancia, es determinante la adopción de tecnologías de vanguardia como la mejora en capacidades radar, de detección de drones y sonar en plataformas fijas y móviles para detectar UUV y semisumergibles.
La inteligencia artificial (IA) juega también muy importante, se deben utilizar algoritmos de aprendizaje automático para analizar datos de múltiples sensores e identificar patrones sospechosos e implementar paralelamente análisis de vídeo inteligente con reconocimiento de objetos. Es también fundamental el desarrollo de modelos predictivos basados en IA para anticipar las rutas de tráfico e integrar IA para analizar firmas de radiofrecuencia de embarcaciones y drones.
Hay que estudiar la integración de plataformas para mejorar la colaboración con otras agencias nacionales y europeas; integrar, en lo posible, sistemas de vigilancia aérea y espacial y utilizar vehículos de superficie no tripulados (USV) dotados de sensores avanzados.
Pero, la tecnología por sí sola no es suficiente, es necesario optimizar las operaciones de los sistemas de vigilancia mediante el patrullaje Inteligente utilizando análisis predictivos para planificar rutas de patrullaje y asignar los recursos de una manera más eficiente, a la vez aumentar la presencia en zonas de alto riesgo y combinar patrullas tripuladas y con las no tripuladas.
Es conveniente establecer protocolos de comunicación y colaboración más eficientes con agencias nacionales e internacionales a la vez que realizar operaciones conjuntas y ejercicios de entrenamiento, lo que sin duda mejoraría la coordinación operativa; incluso se podría llegar a pensar en crear centros de fusión de inteligencia conjuntos.
No se puede dejar de lado la formación especializada, para ello se deben desarrollar programas de formación para operadores de los sistemas en la detección e interdicción de embarcaciones no tripuladas, implementar el entrenamiento en el uso de IA y realizar simulacros para los diferentes escenarios.
Todo ello ha de acompañarse con protocolos claros para la intercepción de los diferentes tipos de embarcaciones y el estableciendo procedimientos para la recuperación y análisis de pruebas en embarcaciones no tripuladas coordinados con las autoridades judiciales
Por último, cabe implementar un sistema de análisis operacional para evaluar la eficacia del sistema de vigilancia, juntamente con las revisiones periódicas de los protocolos y procedimientos.
La lucha contra el narcotráfico marítimo exige una modernización integral del sistema de vigilancia exterior de nuestro país. La evolución en su denominación desde Sistema Integrado de Vigilancia del Estrecho a Sistema Integrado de Vigilancia Exterior manteniendo el mismo acrónimo, debe culminar con la denominación de Sistema Inteligente de Vigilancia Exterior. La combinación de tecnologías avanzadas como radares de última generación, sistemas de detección de drones e inteligencia artificial, junto con estrategias operativas optimizadas y una mayor coordinación, es fundamental para hacer frente a la creciente amenaza de las embarcaciones no tripuladas y proteger las costas europeas. Seguramente, solo a través de la innovación y la colaboración se pueda ganar esta batalla en el mar.
Juan Manuel Llenderrozas es General de Brigada de la Guardia Civil (R)




