A diario leemos que esta o aquella empresa, en cualquier parte del mundo, es víctima de un ciberataque. No importa el tamaño, desde una pyme hasta una gran compañía. Probablemente, para los ciberdelincuentes atacar a estas últimas sea, más que un objetivo económico, que lo es, un reto, un modo de firmar y generar un camino hacia una celebridad que solo se mueve en el universo de la delincuencia.
Los grandes eventos no son tampoco ajenos a estos ataques, el principal mal que atañe a internet como concepto. Roberto Lara es Spain SOC Director de BeDisruptive y nos cuenta, en esta entrevista concedida a DELTA13NEWS, de qué modo los Juegos Olímpicos que arrancan en unos días podrían verse afectados. Cabe esperar que no.
¿Cuáles son los riesgos potenciales en materia de ciberseguridad durante los próximos juegos olímpicos?
Lo primero que hay que decir es que hay precedentes: En los Juegos de Invierno de Pyongyang (2018) presenciamos el primer incidente con impacto que se conoce en la historia de los JJOO: el “gusano” Olympic Destroyer hizo caer tanto la web de los juegos como el acceso Wifi al estadio, y llegó a interrumpir las retrasmisiones del evento durante la ceremonia de inauguración. Y en los últimos juegos, celebrados en 2021, NTT reportó 450 millones de ciberataques bloqueados. Y, por poner ejemplos recientes, en la actual Eurocopa, en Ucrania, donde se paró la retransmisión del primer partido de su selección en la Eurocopa, y también en Polonia, donde un ciberataque obligó a suspender la transmisión de su partido inaugural.
Entre la amplia gama de vectores de ataque hay que destacar en primer lugar todos los relacionados con la logística, ya que estos eventos requieren la coordinación de miles de personas, empresas e instituciones. Por otro lado, los grupos hacktivistas podrían llevar a cabo ataques de denegación de servicio (DDoS) o exfiltrar información. Y también cabe esperar ataques de denegación de servicio por parte de grupos hacktivistas prorrusos como NoName057.
Por último, hay que destacar el papel que jugarán las nuevas tecnologías. Atacantes como WormGPT están adoptando chats de inteligencia artificial, que facilitan enormemente su labor (aunque también la de los defensores).
¿De qué modo un ataque en este ámbito podría afectar al ciudadano, al espectador?
Hay que tener en cuenta que este evento será seguido por millones de espectadores en todo el mundo, muchos de ellos online, y moverá miles de millones de euros. Una superficie de ataque inmensa y extraordinaria que los ciberdelincuentes no van a desaprovechar.
Si bien tanto deportistas o personalidades como ciudadanos en general estarán expuestos, por ejemplo, a las campañas de desinformación, éstos últimos serán vulnerables sobre todo al fraude online: fraudes en la venta y reventa de entradas en las principales plataformas de reventa; robo de credenciales para su posterior venta en la DarkNet; fraudes online para turistas respecto a alojamientos y packs turísticos, malware para puntos de venta (PoS), clonación de tarjetas en los cajeros, campañas de anuncios fake… La lista podría ser interminable.
Es de suponer que las autoridades y organización habrán diseñado planes de prevención para reducir los riesgos…
La exigente logística de estos eventos deportivos requiere la coordinación de numerosas personas, empresas e instituciones, lo que proporciona a los cibercriminales una amplia gama de posibles vectores de ataque, pero como es obvio, el comité y las empresas involucradas en la organización están asesorados para tomas las medidas necesarias para que los ciberataques no tengan éxito, y en caso de tenerlo, poder bloquearlos inmediatamente.
Porque ¿cuáles son las medidas que deben tomarse en casos así?
Obviamente, dependerá del tipo de víctima del que se hable. El equipo de organización, las empresas involucradas, deportistas, personalidades públicas, ciudadanos en general… A nivel empresarial, es recomendable implementar medidas anti DDoS para evitar ataques de denegación de servicio y redundar todos aquellos sistemas críticos que van a estar siempre disponibles. En el caso de las infraestructuras de suministro, se recomienda tener preparados además planes de contingencia y procedimientos de recuperación efectivos. Las empresas proveedoras, así como aquellas instituciones que requieran de gestión de infraestructuras, deberían segmentar la red debidamente, hacer una correcta gestión de los sistemas, actualizaciones y parcheo de vulnerabilidades. Muchas de ellas contarán ya con un SOC para una gestión adecuada y eficiente de los incidentes que se produzcan, y para reducir al mínimo los daños en caso de ataque.
En el caso de los ciudadanos en general, la primera medida debe ser navegar siempre de forma segura a fin de evitar la infección de los dispositivos, atendiendo únicamente a fuentes oficiales, evitando enlaces patrocinados ni correos, mensajes, QRs o llamadas de remitentes que no sean de confianza. Y la autenticación multi-factor, que es ya un imperativo para evitar robos de información personal o bancaria.
Es una pregunta retórica, ciertamente, pero ¿los malos siempre irán un paso por delante de los buenos?
Pues permítame que, ante una pregunta retórica, utilice como respuesta una declaración que oía recientemente de un experto en investigación policial: “los malos siguen siendo los mismos, solo que ahora se dedican a otra cosa que les da más beneficios y con menos esfuerzo”. Han cambiado las motivaciones, han evolucionado las técnicas y se han ampliado las superficies de ataque, pero la guerra se mantiene. Y parece que tenga un final predecible.
Con carácter general, ¿Europa está hoy preparada para afrontar los riesgos en este ámbito? ¿Llegamos tarde en algún capítulo?
El pasado mes de marzo, el parlamento europeo aprobaba la nueva Ley de Ciberseguridad, que incluía la creación de un sistema de alerta (“escudo”) paneuropeo; en abril, Europa anunciaba un plan de choque ante la oleada de ciberataques que esperaba. Y, también por entonces, la Agencia Europea para la Ciberseguridad (ENISA) ponía en marcha Cyber Europe, un ejercicio a gran escala para poner a prueba la ciberresiliencia del sector energético en el territorio.
Lo cierto es que Europa camina firme en su hoja de ruta de ciberseguridad. El problema es que, como comentábamos antes, siempre existirá el riesgo de que los “malos” vayan un paso por delante.
Como experto en la materia, recientemente conocíamos que la ciberseguridad es una de las profesiones con mayor demanda en España. El problema es que no hay candidatos ¿Qué opina sobre ello?
Estamos en un mercado maduro, pero muchas veces la exigencia nos impide conseguir una visión estratégica. Y, en este contexto, las compañías deben apostar por el talento como pilar fundamental de su diferenciación. Pero ahora el déficit ya no está en la oferta, sino en la demanda. Nos falta escalabilidad, dependemos demasiado del conocimiento de las personas, y en definitiva nos falta conocimiento. En efecto, estamos ante un reto histórico y, desde luego, nosotros trabajamos cada día para reducir esa brecha.
En este contexto ¿Cómo motivar a las nuevas generaciones en las oportunidades que esta disciplina de formación representa?
Para nosotros es clave el concepto de transformación. La experiencia nos dice que hemos de abordar estos mercados de manera diferente, tenemos que ser disruptivos. Hay que transformar los modelos digitales con la ciberseguridad como modelo por defecto (Security by Design). Europa nos empuja y sabemos que para competir hay que considerar la ciberseguridad como palanca de cambio.



