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martes, julio 28, 2026

Zelenski recupera la confianza perdida con Hungría, y el dinero

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El pasado 5 de marzo, fuerzas antiterroristas húngaras interceptaron en una autopista dos vehículos blindados con matrícula ucraniana que viajaban desde Austria hacia Ucrania. A bordo: 40 millones de dólares, 35 millones de euros y 9 kilogramos de oro, todo propiedad del banco estatal ucraniano Oschadbank. En total, unos 82 millones de dólares en activos.

La Administración Nacional de Impuestos y Aduanas de Hungría (NAV) anunció la detención de siete ciudadanos ucranianos, entre ellos un exgeneral del servicio de inteligencia ucraniano, por sospecha de blanqueo de capitales. El ministro de Exteriores, Peter Szijjarto, exigió respuestas a Kiev sobre el transporte del dinero.

Desde Ucrania, la versión fue radicalmente distinta. El ministro Andrii Sybiha denunció que los detenidos eran empleados del Oschadbank y acusó a Budapest de “tomar rehenes y robar dinero”, calificándolo de “terrorismo de Estado y extorsión”. Kiev sostuvo que el tránsito había sido aprobado de antemano por las autoridades aduaneras húngaras. Los empleados fueron retenidos más de 24 horas, con denuncias de presión física y psicológica, y luego expulsados del país.

Petróleo, política y la campaña de Viktor Orbán

El incidente no ocurrió en el vacío. Hungría y Ucrania arrastraban meses de tensión por el oleoducto Druzhba, que cruza territorio ucraniano y abastece de petróleo ruso a Budapest. El gobierno de Orbán había bloqueado decenas de miles de millones de euros en ayudas de la UE para Kiev, y utilizaba herramientas financieras como presión política.

El 9 de marzo, el partido Fidesz impulsó en el Parlamento una iniciativa para que la autoridad fiscal conservara el efectivo y el oro durante 60 días mientras “desarrollaba tareas de inteligencia”. Ucrania lo interpretó como un intento de legalizar una incautación sin base. Analistas señalaron que el caso se convirtió en “una pieza de presión diplomática útil para la campaña de Orbán” en plena escalada con Volodímir Zelenski.

Durante 60 días, los activos quedaron bajo custodia húngara. Budapest insistía en investigar un posible lavado de dinero y sugirió, sin pruebas, vínculos con la oposición húngara o con organizaciones criminales. Kiev lo describía como un “convoy rutinario” entre bancos estatales y acusó a Hungría de usar la fuerza del Estado contra un país en guerra.

Las imágenes del operativo circularon en medios: furgones blindados rodeados por agentes tácticos, lingotes de oro y fajos de billetes incautados. En redes, el caso se volvió viral. Medios franceses titularon “Ucrania pide a la UE actuar para recuperar millones y oro incautados por Hungría”, mientras que en Hungría el debate giró sobre si la devolución sería “un gesto político de Fidesz”.

El giro electoral y la devolución

El punto de inflexión llegó tras las elecciones en Hungría a finales de abril de 2026. Viktor Orbán fue derrotado “por amplio margen”, lo que abrió la puerta a un gobierno entrante menos antagónico con Kiev.

Este pasado miércoles el presidente Volodímir Zelenski anunció en redes sociales que Hungría había devuelto el cargamento completo a Oschadbank. “Un paso importante en las relaciones con Hungría” y “un enfoque constructivo y civilizado”, escribió Zelenski. Medios rumanos y vietnamitas confirmaron la restitución de los 82 millones en efectivo y oro.

La devolución se produjo dos meses después de la incautación. La autoridad fiscal húngara no respondió a solicitudes de comentarios tras el anuncio.

Para Ucrania, la recuperación del dinero y los 9 kg de oro es una “decisión justa” que defiende los intereses del Estado en plena guerra. El episodio se suma a los 1,7 billones de dólares en pérdidas que el sector de recursos ucraniano ha sufrido por la ocupación rusa, y ocurre mientras Zelenski busca 10.000 millones de euros para la reconstrucción.

Para Hungría, el caso dejó cicatrices internas. En redes húngaras, parte de la opinión pública acusó al gobierno de Orbán de “robar y luego devolver” con fines electorales. En otros países, la discusión mezcló sarcasmo sobre el monto —“alcanza para unos cuantos misiles Patriot”— con análisis sobre el oleoducto Druzhba y la dependencia energética.

Entre acusaciones de blanqueo, “terrorismo de Estado”, campañas electorales y crisis del petróleo, hay un hecho: el 5 de marzo Hungría retuvo 40 M USD + 35 M EUR + 9 kg de oro ucranianos. El 6 de mayo, tras el cambio de gobierno en Budapest, los devolvió íntegros. La recuperación del oro ucraniano cierra un capítulo, pero deja expuesta la fragilidad de las rutas financieras de un país en guerra y cómo, en Europa, un convoy bancario puede convertirse en munición política.

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