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miércoles, julio 29, 2026

Alberto Palomo (director Estrategia en Gaia-X): «El atraso europeo en creación tecnológica es, sobre todo, por falta de inversión y una cultura emprendedora cauta»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

Alberto Palomo es un experto español en análisis de datos y transformación digital cuya trayectoria profesional se ha desarrollado en la intersección entre la tecnología, la estrategia institucional y la economía del dato en Europa. Doctor en Física y especialista en Big Data y analítica avanzada, ha ocupado posiciones relevantes tanto en el ámbito empresarial como en la administración pública, participando activamente en el desarrollo de políticas relacionadas con el uso estratégico de los datos y la innovación digital.

Su perfil combina formación científica con experiencia en gestión tecnológica, lo que le ha permitido contribuir a la definición de iniciativas orientadas a impulsar la competitividad digital y el desarrollo de infraestructuras de datos en el contexto europeo.

Antes de incorporarse a proyectos institucionales de gran alcance, Palomo desarrolló parte de su carrera profesional en el sector privado vinculado al análisis de datos, especialmente en el ámbito del Big Data aplicado a empresas energéticas, trabajando para Avangrid, filial estadounidense del grupo Iberdrola. Posteriormente fue designado como el primer Chief Data Officer (CDO) del Gobierno de España, dentro de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, donde impulsó la creación y puesta en marcha de la Oficina del Dato, un organismo concebido para coordinar la estrategia nacional en materia de gobernanza y aprovechamiento de los datos públicos.

Tras su etapa en el Gobierno español, Palomo dio el salto al ámbito europeo al ser nombrado director de Estrategia del proyecto Gaia-X, una iniciativa impulsada por instituciones y empresas europeas para desarrollar una infraestructura federada de datos y servicios en la nube que garantice soberanía digital, interoperabilidad y seguridad en el intercambio de información dentro de la Unión Europea. Desde esta posición, participa en el impulso de un ecosistema digital que pretende reforzar la autonomía tecnológica europea y fomentar nuevos modelos de innovación basados en el uso responsable y compartido de los datos.

De todo ello le preguntamos en esta entrevista concedida a Delta13News.

Alberto ¿entiende que a no pocos ciudadanos eso del Big Data le genere algo de temor, en estos tiempos de una invasión que uno no siempre sabe por dónde ataca? Aproveche para trasladar, una vez más, un mensaje tranquilizador sobre este particular, y sobre que su aliada la IA no es tan mala como la pintan…

Verdaderamente, muchos de los instrumentos de los que hacemos uso cotidiano se pueden usar maliciosamente; por ejemplo, un cuchillo de cocina, un automóvil, o las mismas comunicaciones telefónicas cuando se usan para estafas o para spamming comercial. Por eso se crean regulaciones por encima, con que limitar sus usos negativos y potenciar sus bondades. Imaginémonos si los cuchillos estuvieran prohibidos, ¿cómo cortaríamos los alimentos?

Con la tecnología pasa lo mismo. Por ejemplo, el Big Data surge para resolver problemas de computación, paralelizando los cálculos a lo largo de distintos ordenadores, y reduciendo luego esos resultados parciales a uno final. La escala es casi lineal, y permite resolver problemas en minutos para los que antes se tardaba años. Por ejemplo, en 2024 el Premio Nobel de Química fue para los creadores de AlphaFold, una IA capaz de predecir la estructura de las proteínas. Ahora se aplican también estas técnicas en la investigación de medicamentos.

¿Se puede usar el poder de los datos y la IA para fines espurios? ¡Por supuesto! E incluso sin necesidad de que haya una motivación netamente vil, siendo capaces de generar interpretaciones erróneas, influenciar hacia una toma de decisiones sesgada o injusta, o provocar la pérdida de privacidad, simplemente debido a un mal diseño del sistema. Es por ello que diversas naciones han tomado la decisión de regular la IA, así como los regímenes de uso y transferencia de datos, para que -igual que ocurrió con los automóviles- la forma de potenciar esta nueva industria empiece porque la gente no se estrelle con ella.

Entremos en lo mollar ¿Cuál es la razón de ser de Gaia-X y qué diferencia tiene con otros proyectos de infraestructura de datos en Europa y qué papel juega Gaia-X España dentro del ecosistema general de Gaia-X en Europa?

Como iniciativa, Gaia-X surge para apoyar la reindustrialización digital europea. Busca dar forma a un nuevo e innovador estándar con que interconectar fuentes de datos y capacidades de cómputo, como ingredientes con que construir y desplegar modelos de IA sectoriales. La clave reside en que la actual ola de Inteligencia Artificial Generativa requiere de ingentes cantidades de datos y cálculo[1]. Debido a la enormidad de la escala, las compañías europeas deben aunar fuerzas para competir en una carrera mundial por la IA. De lo contrario, no sólo seremos eternos compradores de tecnología extranjera (con lo que eso supone tanto a nivel de dependencia tecnológica, como en términos de innovación e impacto en el PIB anual), sino que además podría no estar diseñada de forma óptima para nuestro contexto, es decir, que resultara sub-eficiente para nuestras necesidades, al ser concebida desde una perspectiva distinta.

Gaia-X no ofrece servicios de infraestructura, ni datos, sino que es una forma de interconectar proyectos, que son los que ofrecen dichos recursos. Representa un nuevo paradigma para trabajar con los datos y algoritmos. Frente al modelo tradicional monolítico -donde el sistema se monta sobra una única infraestructura, con unas características concretas- Gaia-X armoniza elementos comunes de diferentes infraestructuras, para que los sistemas por encima se interrelacionen de forma cruzada y así los proyectos puedan reutilizar los recursos entre ellos. Es una forma de crear masa crítica en torno a los ingredientes necesarios para crear IA, democratizando así su desarrollo.

Antes de Gaia-X fue pionero como Chief Data Officer del Gobierno de España. ¿Cómo influyó aquella experiencia en su enfoque actual en la estrategia de datos a nivel europeo?

Mi rol en el Gobierno era fundamentalmente estratégico, debido a las competencias atribuidas a la Oficina del Dato, un organismo de nueva creación. Desarrollamos planes y acciones con que fomentar un mayor uso de los datos, tanto en el ámbito industrial como el público, y siempre acorde a los incipientes regímenes legislativos europeos. Como este marco regulatorio era incipiente, pasé tiempo en el entorno europeo entendiendo cómo otros países, y sus ecosistemas de forma más general, avanzaban en operacionalizar dichas reglas. No existía un único modelo, y nuestro trabajo consistió en relacionar un continuado diagnóstico tecnológico con consideraciones de negocio y de gobierno del dato, para aterrizarlo así en un marco nacional que tomara en cuenta la madurez de las organizaciones y sectores españoles, con el objetivo último de crear impacto aquí.

En este sentido, fuimos clave tanto en la movilización de la comunidad española de datos, facilitando una comunicación bidireccional fluida entre el sector tecnológico y el Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, y así lograr una capilarización de las inversiones relativas a datos de los fondos NextGenEU, como también fortalecer su conexión y enlace estratégico con el ecosistema europeo, de modo que dicho marco nacional tuviera escalabilidad y creara la masa crítica digital a la que se aspira.

Así mismo, el enfoque se extendió también al sector público. Por ejemplo -junto al Ministerio de Sanidad, la SGAD y los Servicios de Salud autonómicos- diseñamos el modelo de lo que ahora es el Espacio Nacional de Datos de Salud, un proyecto de alto impacto por valor de 70M €, ahora ya en operación. También se desarrolló una ‘Comunidad del dato’ a lo largo de diferentes ministerios y entes públicos, y cuya capitalización toma actualmente forma alrededor de un extenso proyecto de gobierno y gestión del dato público, que además sigue una serie de especificaciones técnicas que promovimos desde la Oficina. Estos proyectos públicos, si bien tradicionales a nivel arquitectónico, constituyen elementos de base para una activación armonizada del ecosistema de datos públicos, que -por su dimensión y extensibilidad- ofrece enormes sinergias con los ecosistemas sectoriales privados. Es decir, una vez más, se buscaba la creación de sinergias y la interconexión de silos, de cara a activar lo que se ha llamado la “nueva Economía del Dato”.

En este sentido, soy constructivamente crítico con el enfoque actual del Ministerio, que ha virado en su estrategia y ahora aborda la oportunidad desde una dimensión esencialmente administrativa. Creo que el KPI crítico no debería ser el número de proyectos subvencionados, sino el impacto industrial vía IA, la creación de capacidades y la competitividad global, con que transformar el modelo productivo. Así, la financiación de pequeños proyectos dispersos es una dirección desafortunada, contraria a la generación de masa crítica.

Gaia-X se presenta como un proyecto no lucrativo y federado. ¿Cómo concilian la apertura de la infraestructura con la necesidad de interactuar con intereses comerciales y tecnológicos?

El estándar es abierto y no lucrativo por diseño, para lograr así una mayor adopción y capilaridad. Pero eso no quita que existan modelos de negocio por encima para todos aquellas compañías, proyectos e industrias que lo apliquen. Es más, se espera que efectivamente sea así, porque el objetivo último de este paradigma es el fomento de una nueva Economía del Dato y la IA, que aspira a ser financieramente viable y sostenible.

La intención detrás de un modelo abierto y federado es que permeé a tantos sectores de la economía y sociedad como sea posible. Actualmente son ya diversas las empresas y start-ups que generan beneficios económicos bajo este nuevo modelo, pero sin duda es todavía un mercado incipiente, que se espera siga creciendo a futuro.

Alberto Palomo. Imagen: Saioa Hermoso

La soberanía digital es un concepto recurrente en los debates sobre Gaia-X. ¿Qué significa exactamente para usted y para Europa lograr esa soberanía?

Definimos ‘Soberanía digital’ como la capacidad de un país, organización o incluso persona para tomar decisiones autónomas y ejercer un control efectivo sobre sus datos, infraestructuras digitales, tecnologías críticas y servicios digitales, sin depender de actores externos que puedan limitarle. Se trata por tanto de poder gobernar y proteger el entorno digital conforme a los valores, leyes e intereses propios.

En el contexto actual de la UE, esto pasa por reducir las dependencias de proveedores no-europeos, y contar con alternativas alineadas con valores como la privacidad, la competencia justa y los derechos fundamentales, reforzar sectores estratégicos como el de los semiconductores, cloud, ciberseguridad, datos industriales, o una IA confiable y de aplicación práctica. No se trata necesariamente de hacerse independiente del resto de mundo, cerrándose a él, sino de implementar un nuevo modelo que permita analizar y valorar las dependencias tecnológicas en el uso industrial y cotidiano, y actuar dónde goce de mayor sentido. Así, a menudo se habla de «autonomía estratégica abierta” como forma de referirse a esta acepción menos restrictiva, como enfoque pragmático que combine seguridad, resiliencia y competitividad, alrededor de la colaboración internacional.

Es por ello que Gaia-X no surge específicamente para crear nuevos servicios europeos de nube, sino para influenciar en un cambio de modelo. Una nube cuyos recursos operen alrededor dentro de un contexto armonizado, tanto a nivel geográfico como de dominio, donde las características de los mismos sean transparentes e interpretables, y por tanto “interrelacionables”. Esto permite que operarios y usuarios puedan evaluar las diferentes dependencias y factores de riesgo, y tomen decisiones acordes, buscando en dicho mercado armonizado quién tiene soluciones que se adaptan a sus necesidades. Además, un punto clave es que esta misma transparencia y armonización es lo que permite interconectar recursos digitales a escala, que es lo que facilita el desarrollo de una nueva economía digital.

¿Cómo puede Gaia-X facilitar que empresas y pymes españolas accedan y compartan datos de forma competitiva? ¿Qué beneficios concretos esperan para el tejido empresarial nacional?

No se trata de compartir datos per se, sino de fomentar y habilitar que su valor se capitalice más eficientemente, superando silos. Actualmente, la mayor parte de los datos privados son recolectados y gestionados de forma interna a las organizaciones, limitándose su alcance estrictamente a ellas. Diría incluso más, ¡ciñéndose a departamentos concretos dentro de dichas organizaciones! Esto implica que todos los esfuerzos de captura, modelización y gobierno de dichos datos tienden a enfocarse sólo desde una aplicación o contexto específico, algo natural como primera aproximación. Pero verdaderamente no hay razón para que dicho esfuerzo no se reaproveche, los datos no son un recurso rival ni agotable, y diferentes usuarios pueden beneficiarse de ellos en paralelo. En este sentido, ganan además valor según aumente su volumen y su capacidad descriptiva, y existen diferentes mecanismos para extraer valor incluso sin exponerlos.

Es precisamente por ello que estos modelos federados ofrecen beneficios para las pymes, ya que -de otro modo- nunca van a tener acceso a muchos datos, puesto que su alcance respectivo es limitado por definición. Pero es que también favorecen a las grandes corporaciones, ya que sus propias cadenas sectoriales/ logísticas están llenas de empresas pequeñas, que -debido a su grado de digitalización medio o bajo- no acceden a dichos entornos, y ahí se pierde su información. Por tanto, estos entornos colaborativos generan escenarios win-win de altísimo valor añadido, pero es cierto que no son fácilmente realizables, por los retos de coordinación y orquestación que entrañan. Es por ello que estos marcos generales (a la Gaia-X, pero también hay otros) resultan tan necesarios.

Uno de los pilares de Gaia-X es la interoperabilidad. En términos prácticos, ¿qué supone para una empresa participar en espacios de datos interoperables?

El concepto de “espacio de datos” es relativamente nuevo. Se trata de una nueva arquitectura de datos (de carácter socio-técnica, no es sólo tecnología) precisamente para solventar algunos de los retos en materia de reindustrialización digital, y como pieza clave del mercado único digital europeo. Es una forma de ordenar los requerimientos de diferentes organizaciones (empresas, asociaciones, sector público) para desplegar nuevos escenarios colaborativos de explotación del dato e IA.

Más concretamente, el objetivo de un espacio de datos es el diseño de un modelo de gobierno digital que encapsule coherentemente tanto los procesos de negocio de dichas organizaciones, y sus sinergias alrededor de determinados casos de uso, como su operacionalización en base a transacciones de datos seguras y confiables. Lógicamente, dicho modelo de gobierno debe respetar tanto las regulaciones digitales europeas como las locales y/o sectoriales, pero también capturar consideraciones funcionales y de negocio, porque su éxito dependerá de estas últimas.

En este sentido, y según contábamos arriba, la clave de este nuevo paradigma radica en habilitar la interconexión entre fuentes de datos, algoritmos y capacidades de cómputo. La interoperabilidad técnica es una condición sine qua non, pero también requiere de una orquestación cros-organizativa, que es algo mucho más multidimensional y complejo. El espacio de datos buscar facilitar esto último.

¿Hay barreras regulatorias en Europa que sea urgente superar?

Ésta es una pregunta difícil, porque depende en gran medida de la perspectiva desde la que se valore. Analizando las distintas regulaciones mundiales en materia de datos, se puede concluir que Europa no es de hecho tan excepcional a la hora de regular, ya que existen regímenes normativos parecidos en muchas naciones y entidades supranacionales, ¡incluyendo también algunos estados de EE.UU.! Igual somos los primeros, pero desde luego para nada los únicos.

Así mismo, por ejemplo, resulta difícil argumentar contra el concepto de salvaguardas en materia de aplicación de la IA, viendo lo disruptiva que es esta tecnología y lo complejo que resulta gobernarla (hablábamos arriba de los riesgos debido a un mal diseño de un sistema). Son factores para desatar una tormenta perfecta: la necesidad de ir deprisa, adelantando a competidores y monetizando los grandes gastos acometidos, la dificultad técnica de su desarrollo, con un alto grado de heurística e imprevisibilidad, y el alcance tan extenso y transformador de su aplicación.

Personalmente, creo que el atraso que sufre Europa en materia de creación tecnológica -que no así en su uso- se debe, sobre todo, más a una falta de inversiones y una cultura emprendedora cauta. Y por ello se está trabajando activamente desde la UE y los EE.MM. en distintos mecanismos para movilizar fondos, incluidos -y sobre todo- los privados. Se estima que el ciudadano europeo medio tiene un 17% de su patrimonio invertido en mercados financieros, mientras que en EE.UU. esa cifra sube al 43%. Esa diferencia es crítica a la hora de apostar por las nuevas tecnologías, que a la larga suponen un vector en el crecimiento del PIB de un país.

Mirando hacia adelante, ¿cómo imagina Gaia-X dentro de cinco o diez años? ¿Será determinante para la competitividad digital de Europa frente a actores globales como Estados Unidos o China? ¿Cuáles son los principales retos tecnológicos y normativos que enfrenta Gaia-X para escalar la creación de espacios de datos?

Diría que es, sobre todo, una cuestión de modelos de negocio, y de gobernanza y cultura organizacional y del ecosistema. El concepto que subyace a una nueva Economía Federada del Dato son las redes de negocio. Y estas existen desde siempre, acrecentadas más recientemente en las décadas de globalización. La necesidad de gestionarlas, y las bondades que ofrece la digitalización, es por ejemplo la razón de ser de una compañía europea como SAP (la única verdaderamente grande de nuestro continente). Así, como compañía con un foco originariamente industrial, se ha dedicado a la gestión digital de procesos. Por el contrario, empresas norteamericanas más jóvenes tipo Google o Meta hacen su negocio en torno a los datos, y la monetización de la segmentación de mercado que logran gracias a estos. Se trata de un modelo distinto, pero la base de ambos radica en una buena gestión del dato y en encontrar la forma de generar valor con ellos.

Por tanto, si bien Gaia-X (y otras iniciativas complementarias) ofrece un importante instrumento de base, creo que la clave finalmente residirá en la capacidad de países y compañías de organizarse en torno a nuevas formas de construir, emplear y gobernar las tecnologías. Por ello, recalco una vez más la necesidad de generar masa crítica, porque -por poner un ejemplo- si la IA agentica es efectivamente el siguiente nivel para aumentar la productividad, el impacto que ésta genere va a depender de cómo se orquesten sus procesos, quién se encuentre intermediando, y cómo se reparta el valor de sus rendimientos. Si Europa -que tradicionalmente se ha encontrado dispersada, y de ahí los recientes informes Letta y Draghi- no es capaz de trabajar coordinadamente, volveremos a perder el tren de cabeza de esta nueva revolución.

 

[1] Se entiende así el ingente gasto en centros de datos que están acometiendo las grandes corporaciones digitales, estimado entre 400.000-500.000 millones de euros para 2026.
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