Durante el desastre de la DANA en Valencia, la desinformación se propagó más rápido que las propias alertas oficiales. Rumores, vídeos descontextualizados, audios alarmistas y fake news inundaron las redes sociales justo cuando más certezas se necesitaban. ‘Bulos y barro. Cómo la DANA ejemplifica el problema de los desórdenes informativos‘ parte de esta experiencia para analizar, desde una perspectiva crítica, las claves del desorden informativo que se vivió.
Los autores de la publicación, Germán Llorca, profesor del campus de Gandia de la Universitat Politècnica de València (UPV) y las profesoras Dafne Calvo y Lorena Cano, de la Universitat de València (UV), proponen un modelo interpretativo propio, que ayuda a comprender las dinámicas estructurales, económicas y prácticas de la comunicación actual. “El Modelo Estándar de (Des)Información (MEDI) es una propuesta de caracterización del contexto tecnológico-comunicativo propio de nuestra sociedad. A partir de él, buscamos las razones profundas que explican los desórdenes informativos, entre los que se encuentran los bulos”, sostiene Llorca.
Este modelo planteado distingue tres esferas interconectadas: la esfera pragmática, que tiene que ver con los usuarios “inmersos en procesos de comunicación acelerados que en realidad no entienden y en los que ceden, sin ser plenamente conscientes, sus datos personales”, explica Germán Llorca; la segunda es la económica, centrada en “las empresas de comunicación comercian con dichos datos y compiten por la atención de los usuarios” y la tercera es la esfera estructural donde criticamos el control de la comunicación por parte de un reducido número de grandes corporaciones.
El caos informativo
‘Bulos y barro’ ejemplifica el problema de los desórdenes informativos combina teoría, experiencia vivida y ejemplos concretos, para ofrecer una explicación clara de por qué y cómo se instala el caos informativo. “Estos fenómenos no son exclusivos de las situaciones de emergencia comunicativa e informativa (catástrofes naturales, emergencias sanitarias…), sino que son propios de nuestro contexto tecnológico y comunicativo. Lo que hicimos fue usar los ejemplos que dio la DANA como hilo conductor de nuestra argumentación”, afirma Llorca.
Además, el libro plantea preguntas fundamentales sobre la impunidad del bulo, la manipulación de la opinión pública y el descrédito creciente del periodismo. Sobre este último, “es una de las consecuencias”, asegura su autor. “Hay que tener en cuenta además que las nuevas generaciones no consumen información en medios tradicionales y que un porcentaje muy elevado de la población accede a la información solo a través de redes sociales, donde hay muchísimo perfil que no es periodista”.
Para el profesor Llorca no todos los desórdenes informativos son iguales, “aunque la mayoría están diseñados para engañar, confundir, a la opinión pública” Cuando las noticias falsas se instalan en la opinión pública generan un sentimiento de desconfianza y abren la puerta a discursos autoritarios. “Es una estrategia para predisponer a la ciudadanía a que acepte e incluso pida una dictadura. Y esto beneficia, sobre todo, a los partidos de extrema derecha y a los de derecha que pactan con ellos”.
Tragedia convertida en espectáculo televisivo
Sobre si las catástrofes acaban convirtiéndose en un espectáculo televisivo, Llorca expresa que “los medios y ciertas figuras de internet se aprovechan de estas situaciones en sus luchas por captar la atención. Hay que tener en cuenta que en estas situaciones la gente está necesitada, con carácter de urgencia, de información de calidad que les ayude a entender qué está pasando. Y convertir esto en un espectáculo no contribuye a dar información de calidad”.
Frente a esta desinformación, con qué alternativas se cuenta. Según Germán Llorca no existen soluciones simples. A nivel individual, recomienda mantener una actitud crítica y contrastar siempre la información, incluso cuando confirma nuestras creencias. Y a nivel colectivo, apuesta por una regulación más estricta: “Que esté castigado mentir deliberadamente, sea cual sea la plataforma desde la que se haga; exigir a las redes sociales que sean más transparentes en cómo gestionan sus algoritmos y que rindan cuenta de ellos cuando contribuyen a difundir información falsa o que atente contra los derechos humanos; exigir programas de alfabetización digital y comunicativa para toda la población”.



