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jueves, agosto 20, 2026

Ceuta, el ensayo de una conquista sin soldados

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Vicente Reig Basset
Vicente Reig Basset
Coronel de la Guardia Civil (Retirado)

Hay ocasiones en las que un acontecimiento debe analizarse no por lo que aparentemente es, sino por lo que puede llegar a significar. Lo ocurrido en Ceuta a finales de julio no debería contemplarse únicamente como una crisis migratoria, ni como una actuación más de las mafias dedicadas al tráfico de personas, ni siquiera como un episodio aislado de presión fronteriza. A mi juicio, constituye algo mucho más preocupante: un ensayo de hasta dónde puede llegar Marruecos en su estrategia de presión sobre Ceuta y, por extensión, sobre Melilla, territorios que reclama como suyos, sin necesidad de emplear un solo soldado.

No afirmo, aunque sospecho, que Marruecos haya diseñado una operación militar encubierta ni que exista una orden escrita desde Rabat para que decenas de miles de personas se dirigieran hacia Ceuta. La realidad puede ser mucho más sofisticada y, precisamente por ello, a futuro, más peligrosa. Para utilizar una avalancha humana como instrumento de presión no es imprescindible organizarla desde el primer hasta el último detalle. Basta con tener conocimiento de lo que está ocurriendo, disponer de capacidad para impedirlo y decidir no hacerlo, como así ha sido. Por eso creo que esa es, probablemente, la cuestión central que España debería estar investigando.

Marruecos no es un Estado sin capacidad de control territorial, todo lo contrario. Dispone de unas estructuras de seguridad extraordinariamente amplias y de un férreo control sobre los movimientos internos de población y no solo de la suya, especialmente en las zonas próximas a Ceuta y Melilla. La propia reacción marroquí ante los llamamientos realizados para una nueva entrada masiva el 15 de agosto constituye una evidencia difícil de ignorar: cuando Rabat quiso impedir los desplazamientos, desplegó fuerzas, estableció controles, bloqueó rutas y detuvo a personas que intentaban alcanzar el entorno fronterizo y por ende el resultado fue radicalmente diferente.

Todo esto a mí me plantea una pregunta incómoda, pero inevitable: si Marruecos podía impedir la concentración de miles de personas antes del 15 de agosto, ¿por qué no lo hizo con la misma determinación antes de la avalancha de finales de julio?

La respuesta oficial española ha puesto buena parte del foco en desconocimiento, en una sentencia judicial, en las mafias y en la utilización de las redes sociales para difundir información falsa sobre una supuesta apertura de la frontera. Sin duda, las redes criminales pueden haber participado, aunque no conozco ninguna que no quiera obtener beneficios de sus acciones. Lo que molesta al intelecto es convertirlas en explicación principal de todo lo ocurrido ya que supone, desde mi punto de vista, confundir el instrumento con el verdadero problema.

Las mafias pueden transportar personas, cobrar dinero, difundir información o explotar una situación creada por terceros, pero lo que no pueden hacer por sí solas es, mucho menos en un país como Marruecos, controlar miles de kilómetros cuadrados de territorio, decidir qué carreteras son vigiladas, determinar qué controles policiales se mantienen o se relajan y permitir que una concentración humana de dimensiones extraordinarias llegue hasta las inmediaciones de una frontera internacional. Eso solamente puede hacerlo un Estado y ya sabemos cuál es.

Aquí me aparece el dato que considero más relevante: informaciones publicadas posteriormente apuntaron a que los servicios de inteligencia españoles habrían concluido que Rabat permitió y utilizó la oleada humana sobre Ceuta, aunque no necesariamente la hubiese planificado desde el principio y esta diferencia entre “organizar” y “permitir” es fundamental.

Quizás nos estamos planteando mal la pregunta ya que no deberíamos preguntarnos exclusivamente: ¿Organizó Marruecos la entrada masiva?

Deberíamos estar preguntándonos: ¿Sabía Marruecos lo que estaba sucediendo, tenía capacidad para impedirlo, decidió utilizar esa situación en beneficio de sus intereses y acabó por organizar y planificar lo que ocurrió?

Si la respuesta terminara siendo afirmativa, estaríamos ante algo mucho más grave que una simple crisis migratoria, como muchos actores políticos y sociales nos quieren hacer ver. Estaríamos ante la utilización de la presión migratoria como instrumento de estrategia nacional a la que Marruecos no va a renunciar y eso, a mí parecer, cambia completamente la naturaleza del problema.

Marruecos no necesita enviar soldados a Ceuta, no necesita tanques, no necesita artillería, no necesita cruzar formalmente la frontera. Puede utilizar algo mucho más eficaz, barato y políticamente difícil de responder: la presión humana.

Tener una frontera saturada, una ciudad desbordada y colapsada, decenas de miles de personas movilizadas intentando entrar, servicios públicos saturados y sometidos a una presión extraordinaria, Fuerzas de Seguridad obligadas a concentrarse durante horas o días y semanas, una opinión pública dividida y a poco casi enfrentada y todo gestionado por un Gobierno en aprietos y obligado a reaccionar ante semejante crisis política puede suponer el que finalmente la incompetencia haga llegar a una negociación.

Todo ese mecanismo puede repetirse y cuando una estrategia puede repetirse, deja de ser un incidente para convertirse en una herramienta. Por eso considero que lo sucedido en julio debe analizarse dentro de una perspectiva mucho más amplia: la reivindicación histórica de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y la posibilidad de que Rabat haya comprendido que no necesita conquistar físicamente ambos territorios para avanzar hacia sus objetivos puede bastar para desgastar progresivamente la posición española y demostrarle a España, como ya ha sido este 15 de agosto, que necesita permanentemente la cooperación marroquí para mantener controlada su frontera.

A Marruecos en definitiva le basta con convertir cada crisis migratoria en una negociación y así conseguir que cada episodio termine con concesiones españolas en otros ámbitos, como ya viene haciendo desde de forma clara desde 2021. A Marruecos solo le puede bastar con esperar, porque el tiempo, en determinadas estrategias geopolíticas, también es un arma.

La pregunta que España debería hacerse es si está jugando con Marruecos una partida de meses o una partida de décadas ya que Rabat puede permitirse pensar a largo plazo y España, en cambio, parece demasiado condicionada por un ciclo político inmediato y esa diferencia puede terminar siendo decisiva.

Ceuta y Melilla no se perderían necesariamente el día en que una bandera marroquí apareciera sobre sus edificios. Podría comenzar a perderse mucho antes: cuando España asumiera como inevitable que Marruecos puede ejercer una presión permanente sobre ambas ciudades y que la única solución consiste en negociar cada vez que esa presión aumente y ese sería, en mi opinión, el verdadero peligro.

Una conquista sin soldados, una ocupación sin disparos, una modificación progresiva de la realidad sobre el terreno sin necesidad de alterar formalmente ninguna frontera. Precisamente por eso, lo sucedido este julio debería provocar en España algo mucho más profundo que una operación irrisoria y burlesca de refuerzo fronterizo. Debería provocar una revisión completa de nuestra política hacia Marruecos, de nuestros sistemas de inteligencia y alerta temprana y, sobre todo, de nuestra capacidad para defender los intereses nacionales cuando, como dicen, nuestro principal y muy leal socio, al otro lado de la frontera, es también nuestro mayor enemigo, siempre lo ha sido, pues es quien posee la capacidad de generar una presión extraordinaria sobre ella.

Si algo nos ha demostrado esta crisis es que una frontera no se defiende únicamente y de forma ineficaz y descuidada desde el lado español, depende mucho de lo que ocurre al otro lado y cuando el Estado que controla ese otro lado tiene una reivindicación territorial, que nunca va a abandonar, sobre el territorio español, la cuestión deja de ser exclusivamente migratoria y debe convierte, para todo Gobierno, en una cuestión de Seguridad Nacional, ya que al contrario sería traición a la patria y es ahí donde comienza realmente este análisis.

Vicente Reig Basset es Coronel de la Guardia Civil (Retirado), DSE. Fue Jefe de la Comandancias de Huesca y Las Palmas de Gran Canaria, Director de Seguridad de Mapfre en México, Jefe de los POMLT en Afganistán y Director Proyecto de la UE de Lucha al Narcotráfico en Bolivia.

Vicente Reig
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