24.5 C
Madrid
miércoles, julio 29, 2026

El 83% de españoles, seguros de que, más pronto que tarde, se usarán armas capaces de atacar objetivos militares sin intervención humana

Debe leer

A comienzos de 2026, en la sociedad española predomina el sentimiento de preocupación respecto a la IA (un 49%), frente a un 16% al que le entusiasma, un 13% para el que es indiferente y un amplio grupo (21%) que no tiene aún una opinión formada. Hasta el punto es así lo de la preocupación que una inmensa mayoría, el 83% de españoles, están convencidos de que, gracias a la IA, terminarán por usarse armas capaces de atacar objetivos militares sin intervención humana más pronto que tarde.

El nivel de familiaridad con la IA influye claramente sobre los sentimientos: quienes tienen un mayor nivel de comprensión de la IA y quienes han utilizado chatbots tienden a mostrar mayor entusiasmo y tener una opinión más definida, aunque prevalece en todos los grupos la preocupación, según el Estudio Fundación BBVA sobre actitudes hacia la Inteligencia Artificial en España.

Las tecnologías y avances científicos emergentes sobre los que todavía no se dispone de experiencia o de efectos demostrados generan expectativas o predisposiciones con valencia positiva, negativa o neutra. Es lo que se ha llamado “imaginar el mañana” asociado a la tecnología. En el caso de la IA, en la sociedad española a comienzos del 2026 se da una partición con predominio de quienes creen que “el desarrollo de máquinas y sistemas basados en la IA mejorará la sociedad” (un 47%), frente a un 39% cree que “empeorará la sociedad”.

El conocimiento y el uso de la IA aparece asociado a las expectativas, con una actitud claramente más positiva entre quienes comprenden la tecnología (el 61% cree que mejorará la sociedad) y fuertes reservas entre quienes declaran no estar familiarizados con la IA (solo el 23% cree que la mejorará). Las expectativas favorables se incrementan también entre quienes han utilizado en alguna ocasión chatbots de IA (el 58% cree que mejorará la sociedad), frente a quienes nunca los han usado (solo el 34% cree que la mejorará).

Desde una perspectiva sociodemográfica, las expectativas favorables se acentúan entre los hombres, los intervalos de menor edad, las personas con mayor nivel educativo y los estudiantes. Es mayor también entre quienes se identifican ideológicamente con el centro y la derecha que con la izquierda.

Como ocurriera con el arranque de los computadores, hoy a propósito de la IA conviven dos visiones: la de su desarrollo y utilización para reemplazar al elemento humano en numerosos dominios y la de su diseño y despliegue para amplificar las capacidades de las personas que, aun interaccionando con las herramientas de la IA, permanecen en el bucle de desarrollo de tareas.

A principio del 2026, la mayoría de la población cree que, agregadamente, la IA tenderá principalmente a complementar y potenciar el trabajo que actualmente realizan las personas (un 58%) frente a un 37% que piensa que sustituirá el trabajo desarrollado por ellas. La percepción de que la IA tenderá sobre todo a potenciar las capacidades humanas se acentúa entre quienes tienen estudios terciarios y entre los estudiantes. La visión opuesta, que la IA tenderá más bien a sustituir el trabajo de las personas, se acentúa según disminuye el nivel educativo y entre los desempleados.

Los de centro y derecha se fían más de la IA que los de izquierdas

Y aunque casi la mitad de la población declara que la IA es un fenómeno que le genera preocupación, cuando se pasa del plano agregado a la valoración de los impactos concretos, el diagnóstico se vuelve más matizado, configurando espacios duales, con valencias valorativas opuestas según áreas de aplicación.

La mayoría de la población reconoce el potencial de mejora asociada a la inteligencia artificial en áreas como la salud (79%), la productividad del trabajo (63%), el entretenimiento (60%) y la formación en áreas de interés personal (59%), la persecución de la delincuencia (59%), el funcionamiento de la administración pública (57%), la enseñanza (56%) y la creación artística (52%), mientras que expresan reservas acerca de sus efectos en la privacidad (un 71% cree que hará que empeore), las relaciones personales (empeorando para un 61%), la salud mental y bienestar emocional (para un 55%, empeorará), las campañas electorales y el funcionamiento de la democracia (para un 51% y un 46% respectivamente, empeorará), la veracidad de la información (empeorará para un 59%) y el empleo (empeorará para un 48%).

Las expectativas sobre el impacto de la IA por área tienden a ser más favorables entre quienes se identifican con el centro y la derecha que entre quienes lo hacen con la izquierda. Las mayores diferencias entre los extremos ideológicos se observan en áreas como el funcionamiento de la democracia, la veracidad de la información, las campañas electorales, la privacidad y la protección de datos personales.

En el escenario de un despliegue de aplicaciones de IA autónomas (no como asistentes o amplificadores del elemento humano), la percepción dominante es que en la mayoría de los trabajos y funciones que hasta ahora son características del elemento humano, la IA actuando autónomamente, lo hará peor. El área en la que la pauta se invierte es la de traducción de textos entre distintas lenguas, con una amplísima mayoría que considera que la IA lo hará mejor.

En correspondencia con una valoración comparativa negativa de la IA autónoma respecto al elemento humano, predominan las reservas frente a escenarios en los que robots o aplicaciones de IA asuman funciones como el acompañamiento en problemas personales (media de 2,2, en una escala de 0 a 10, en la que 0 denota máxima incomodidad y 10 total comodidad), la atención al cliente por parte de una empresa privada (media de 2,8), la atención al ciudadano por aplicaciones de IA en la administración pública (2,7), la realización de diagnósticos médicos por IA (3,0) y la conducción autónoma de vehículos (3,0).

La aplicación que genera menor incomodidad de entre las ofrecidas para valorar es la de intervenciones quirúrgicas (un 4,1), seguramente porque la gran mayoría conoce el uso de robots asistiendo en la cirugía llevada a cabo por profesionales médicos. La mayoría escoge las puntuaciones de máxima incomodidad (0-2 en una escala de 0 a 10).

Amplias mayorías consideran que, como consecuencia del desarrollo de la IA, se producirán con una frecuencia “alta” o “muy alta” los siguientes efectos indeseados: el 88% afirma que que no se podrá distinguir en el espacio digital si lo que se ve es real o no; el 83% declara que se utilizarán armas capaces de atacar objetivos militares sin intervención de operadores humanos; el 80% considera que desaparecerán muchas profesiones; y el 59% cree que la IA superará la inteligencia de las personas.

 

Efectos indeseados de la IA en áreas relacionadas con la seguridad: amplias mayorías temen el aumento del espionaje, la delincuencia, el terrorismo y las guerras (D. 20)

Entre los potenciales efectos indeseados derivados de la potencia y versatilidad de las herramientas de IA, que hoy ya están siendo objeto de debate e incluso de decisiones de uso restrictivo por parte de empresas líder de IA, destacan los relativos a áreas relacionadas con la seguridad. En ese ámbito, amplias mayorías temen que el desarrollo de esta tecnología provocará un aumento del espionaje (83%), la delincuencia (73%), el terrorismo (66%) y las guerras (66%).

El estudio revela diferencias nítidas entre el conjunto de la población, con más reservas o cautelas, y el subconjunto de ciudadanos que, en calidad de early adopters, son ya usuarios frecuentes de la IA –principalmente los jóvenes, el segmento con un nivel más alto de estudios y, de manera clara, entre quienes se autoperciben con un mayor grado de habilidades digitales–, con expectativas más positivas acerca de su impacto.

El uso de las aplicaciones de IA es muy variable entre la población, asociado claramente a la edad, los estudios y las habilidades digitales: las utilizan casi el 90% de los jóvenes frente al 20% entre los mayores de 65 años; el 72% de quienes tienen estudios terciarios frente al 30% entre los de nivel primario; y el 90% de quienes consideran que tienen un alto nivel de destreza digital frente al 16% de quienes se autoevalúan con un nivel muy bajo. También es algo mayor entre quienes se identifican con la derecha (el 58%) que con la izquierda (53%) o centro (51%).

https://www.fbbva.es/

spot_img

Publicidad

spot_img

Última Hora

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puede consultar nuestra Aviso Legal y Política de Privacidad