“El materialismo es la única forma de distracción de la verdadera felicidad”
Douglas Horton
Vivimos un momento de culto a todo lo material porque nuestra sociedad actual, de la que todos formamos parte, no nos olvidemos, ha basado su discurso en el amor por las cosas materiales y en los sentimientos de posesión para encontrar la tan ansiada felicidad. Y en esta búsqueda incansable de satisfacción de los sentidos hemos sufrido, sin lugar a dudas, una pérdida de valores que ha provocado un desvío en nuestra conducta. Todo ello, en ocasiones, lleva a los individuos a acaparar, atesorar y coleccionar de manera compulsiva, incluso bienes ajenos para saciar esa necesidad de posesión.
“Es la preocupación por las posesiones más que ninguna otra cosa, lo que evita que las personas vivan noble y libremente” (Bertrand Russell)
La RAE define a la persona deshonesta como alguien que no es honrado y aclara que en todas las profesiones hay personas deshonestas dispuestas a lucrarse. Asimismo, para la institución cultural la deshonestidad implica indecencia, impudor, inmoralidad, impudicia, desvergüenza o desfachatez. De todo ello se deduce que la deshonestidad no implica un delito.
Mentir también es un acto deshonesto que tampoco implica delito, sin embargo, el delincuente siempre miente. En este artículo quiero abordar la deshonestidad desde el punto de vista de la apropiación indebida y el afán por la acaparación de lo que es ajeno, y que puede no implicar un delito, no solo cuando se trata de pequeños hurtos o si el individuo no es descubierto, sino en ocasiones las formas de apropiación pueden conllevar engaño o falta de ética, con cierto ingenio o habilidad; una forma de acaparación legalista; pero que, en cualquier caso, son formas de apropiación deshonestas o poco éticas.
Un problema complejo de nuestra sociedad actual y cuya solución, nada fácil, debería no solo fundamentarse en una buena base educacional, sino también en una buena gestión en la frustración de los afectos y también de un ego que necesita ser compensado, muchas veces, a través de emociones fuertes.
Por lo general el sujeto con este tipo de conducta es egoísta, muestras grandes deseos de acumular y escasa voluntad para esforzarse en lograr sus objetivos de manera honesta y que les lleva, de manera fácil, a caer en la tentación. Suelen ser personas con una mente algo confusa y mal organizada que no distinguen con claridad los valores éticos o no tienen clara la jerarquización de éstos. Suelen tener, además, un exceso de imaginación algo incontrolada. Por otra parte, las personas inteligentes con claridad de ideas no suelen cometer este tipo de delitos por la sencilla razón de que no les resulta rentable. No obstante, existen, por supuesto, sujetos con mentes brillantes y una inteligencia superior capaces de cometer un acto de apropiación indebida o con falta de ética.
Me gusta recordar que un análisis grafológico no se basa únicamente en un rasgo gráfico o aislado, sino que se ha de valorar el conjunto gráfico que realiza el individuo. Por lo general debemos desconfiar de un escrito que ofrece notables diferencias entre el texto y la firma, no porque el sujeto sea deshonesto, pero sí es ya un síntoma de que muestra cierta dificultad para adaptarse socialmente. Asimismo, una escritura ilegible, cuyas letras se han deformado muestra una falta de sentido moral y una huida de las responsabilidades; no obstante, en este caso cabría tener en cuenta otros aspectos gráficos como la velocidad o la forma, dado que existen colectivos profesionales, como todos sabemos y me estoy refiriendo a los médicos en particular, cuya escritura normalmente es ilegible sin que por ello sean necesariamente sujetos deshonestos. El sujeto que escribe ocupando toda la página, sin márgenes, denota una falta de respeto hacia los demás, con tendencia a tergiversar las cosas. La escritura confusa, aquella cuyos pies o jambas, crestas o hampas chocan con los renglones inferiores o superiores respectivamente está mostrando no solo una falta de claridad en sus ideas, sino también fuertes necesidades primarias que pudieran ser difíciles de manejar por quien escribe.

La zona inferior del cuerpo central de la grafía, es decir los pies de las letras como la “g”, la letra “j” o la “q” por ejemplo y todo aquello que sucede en esta zona del manuscrito, hace alusión a la parte más primaria, instintiva y material del individuo. Me estoy refiriendo a una serie de gestos tipo, por ejemplo, de ocultación, que se pueden apreciar en esa zona, consistentes en movimientos curvos hacia atrás y por debajo de las letras. Aunque por lo general es un rasgo que denota monopolización, también muestra escasez de transparencia, tratando el sujeto de ocultar sus propios objetivos en su actuar y contactar. No obstante, cuando este gesto se prolonga hacia atrás y por debajo de más de una letra es un rasgo claro de apropiación indebida. Los pies de estas letras cuando son regresivos muestran también un conflicto y frustración, una insatisfacción o avidez de placer, dinero y en general bienes materiales.

Otros rasgos que suceden es esta zona y que igualmente denotan deshonestidad en este sentido, son las prolongaciones de las letras mayúsculas hacia abajo o bien rasgos fijados que parten de la misma zona inferior y que denotan una fijación materialista y cierta deslealtad. Arpones o pequeños ganchos, tanto iniciales como finales, que pudieran apreciarse en cualquier parte del escrito también denotan un fuerte materialismo de quien escribe.
Por otra parte, los movimientos dextrógiros, es decir realizados hacia la derecha, son también rasgos propios del tema que nos ocupa y esto se aprecia claramente en los óvalos cuando están realizados en el sentido de las agujas de un reloj.


Por último quiero hacer una breve mención de un gesto gráfico, muy poco habitual incluso que pudiera pasar desapercibido, y que en grafología se denomina “rasgo del cajero infiel”. Con este título no necesito aclarar de qué se trata. Los óvalos están realizados de tal manera que parecen una patata y se debería estar alerta ante quien presenta en su escritura este rasgo gráfico, al menos a la hora de ponerle delante una caja de caudales.
Tal vez deberíamos cambiar el rumbo de nuestras distracciones y satisfacciones. Tal vez deberíamos abandonarnos más a la nobleza y a la libertad. Tal vez buscar dentro y no fuera el pretexto que nos justifique a nosotros mismos y nuestras acciones.
Por Elsa Alonso, grafóloga y perito calígrafo judicial.



