Ideologías difusas y radicalización acelerada marcan el informe TE-SAT 2026 de Europol
Europol ha hecho público estos días el European Union Terrorism Situation and Trend Report (EU TE-SAT) 2026, el informe de referencia que cada año recopila y analiza los datos aportados por los Estados miembros sobre atentados, detenciones, condenas y penas relacionadas con el terrorismo, en colaboración con Eurojust para la información judicial, y del que nos hicimos eco esta semana de la mano de un detallado análisis de Juan Manuel Llenderrozas.
Ahora complementamos, prestando especial atención a las cifras y estadísticas. La edición correspondiente al ejercicio 2025 dibuja un panorama caracterizado no tanto por un incremento cuantitativo de la amenaza cuanto por su creciente complejidad cualitativa: la disolución de las fronteras ideológicas tradicionales, la instrumentalización del entorno digital y la persistencia de una coyuntura geopolítica inestable configuran, según el organismo con sede en La Haya, un escenario de vigilancia prioritaria para las próximas fases.
Los datos del año: menos atentados, más detenciones
Durante 2025, diez Estados miembros notificaron un total de 45 atentados terroristas (entre consumados, fallidos y frustrados), de los cuales 22 llegaron a completarse, ocasionando seis víctimas mortales y 81 heridos solo en el ámbito yihadista. La cifra supone un descenso respecto a 2024, año en que se contabilizaron 58 atentados en catorce países con un balance de cinco fallecidos. Sin embargo, el número de detenciones por delitos de terrorismo continuó su tendencia ascendente: 486 sospechosos arrestados en 21 Estados miembros, frente a los 449 registrados en 2024 y los 426 de 2023. Europol subraya que esta aparente paradoja (menos atentados, más detenciones) no permite extraer conclusiones simplistas sobre la evolución de la amenaza, sino que puede reflejar tanto la eficacia creciente de los servicios de inteligencia como la existencia de un volumen mucho mayor de investigaciones en curso no reflejadas en las cifras cerradas.
El yihadismo concentró la mayor parte de la actividad terrorista, con 24 de los 45 atentados (la mitad del total) y 347 de las 486 detenciones, recuperando así niveles similares a los de 2023 tras el descenso registrado en 2024. España (100 arrestos) y Francia (64) encabezaron los registros nacionales en esta categoría, seguidas de Alemania y Países Bajos. El terrorismo de extrema izquierda y anarquista, con doce atentados (la mayoría en Italia, donde el recurso al incendio provocado y al artefacto explosivo improvisado siguió siendo la modalidad predominante), y el de extrema derecha, con cinco ataques y 43 detenciones repartidas entre Alemania, Países Bajos y Bélgica, completaron el cuadro de las ideologías clásicas. No se registraron atentados verificados de matriz etnonacionalista o separatista, pese a que esta categoría sumó 34 detenciones, encabezadas por Italia y Francia, en un contexto marcado por la incertidumbre que ha generado el llamamiento de Abdullah Öcalan, en febrero de 2025, a la disolución y desarme del PKK.
En el plano judicial, Eurojust la reportado 406 condenas y 99 absoluciones por delitos de terrorismo en 2025, con una pena media de prisión de seis años, cifra estable respecto a los dos ejercicios precedentes. Las condenas por delitos de matiz yihadista y de extrema derecha alcanzaron una tasa del 88%, frente al 76% del terrorismo etnonacionalista y separatista y un notablemente inferior 41% en el ámbito de la izquierda y el anarquismo. Las penas de hasta cinco años de prisión siguieron siendo las más habituales, representando el 67% del total, mientras que un 17% de los condenados recibió penas iguales o superiores a diez años, con casos que oscilaron entre los dos meses de privación de libertad y la cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
Una amenaza cada vez más difícil de etiquetar
El elemento más destacado del informe no reside, con todo, en la estadística, sino en el diagnóstico cualitativo que Europol formula sobre la propia naturaleza del fenómeno terrorista. El documento constata que, junto a las ideologías históricamente consolidadas (yihadismo, extrema derecha, extrema izquierda y anarquismo, y etnonacionalismo), ha emergido un conjunto de corrientes «desestabilizadoras» que dificultan la clasificación tradicional de los actores. Entre ellas destacan los grupos antiinstitucionales que, alimentados por narrativas conspirativas y desinformación, erosionan la confianza en las estructuras democráticas sin que todos sus integrantes alberguen necesariamente intención terrorista explícita, así como los actores de amenaza híbrida que instrumentalizan a terceros (a menudo son desconocedores del objetivo estratégico último) para ejecutar acciones de desestabilización acumulativa más que un ataque único de gran magnitud.
Especial atención merece la denominada «violencia extremista nihilista», protagonizada por individuos procedentes de comunidades digitales descentralizadas que glorifican la violencia sin articular un proyecto ideológico coherente. En este contexto, el informe dedica un apartado específico a la llamada Com network, un ecosistema en línea fragmentado en tres ramificaciones : Cyber Com, dedicada a ataques de denegación de servicio, doxing y extorsión digital; (S)extortion Com, centrada en la explotación y coacción de víctimas menores de edad mediante material grabado bajo la denominación de «bloodsigns» y «cutsigns»; y Offline Com, orientada a la violencia física en forma de incendios, apuñalamientos u homicidios. Europol señala que algunos subgrupos vinculados a esta red ya han sido designados organizaciones terroristas en Canadá y Reino Unido, mientras que dentro de la Unión persisten vacíos legales para calificar determinados actos vinculados a este fenómeno, que en ocasiones son tratados como simples infracciones al orden público.
A ello se suma la difuminación de fronteras ideológicas: conceptos híbridos como el llamado «White Jihad» ejemplifican el trasvase de referentes entre el extremismo yihadista y el de extrema derecha, mientras que perpetradores cada vez más jóvenes muestran una comprensión superficial de las doctrinas de referencia, sustituida por una fascinación genérica con la violencia, con frecuencia agravada por problemas de salud mental. El informe cita el caso de un menor de 16 años detenido en Italia en octubre de 2025, administrador de un canal de mensajería donde difundía contenido antisemita y manifestaba apoyo a atentados de gran magnitud, como ilustración paradigmática de esta tendencia. La gamificación de la violencia (mediante la imitación de mecánicas de videojuegos, rankings y sistemas de recompensa) constituye, según Europol, un vector adicional de normalización que difumina la frontera entre la participación en línea y la violencia en el mundo físico.
El entorno digital como catalizador
El informe subraya el papel estructural del ecosistema online en la radicalización contemporánea. Las plataformas de gran escala y los foros minoritarios comparten responsabilidad en la difusión de contenido extremista, potenciada por algoritmos de recomendación que amplifican su alcance entre audiencias jóvenes y vulnerables. Europol documenta un uso creciente de la inteligencia artificial para la generación de propaganda (incluidos deepfakes, memes y contenido audiovisual manipulado) y advierte sobre el empleo de técnicas de jailbreaking e ingeniería de instrucciones para sortear las salvaguardas de los modelos comerciales, cuyos resultados suelen limitarse a discurso de odio «desagradable pero lícito» antes que a contenido explícitamente ilegal. Solo en 2025, las autoridades competentes y Europol evaluaron 81.862 piezas de contenido online vinculadas al terrorismo, que derivaron en 61.412 remisiones a 99 proveedores de alojamiento, además de 7.219 piezas relacionadas con racismo y xenofobia.
En paralelo, persiste el recurso a tecnologías de anonimización (redes privadas virtuales, mensajería cifrada de extremo a extremo, sistemas operativos portátiles) y a servicios descentralizados basados en tecnología blockchain, que dificultan sensiblemente la retirada definitiva de contenidos mediante la creación de canales de respaldo y alias que se reactivan automáticamente cuando una instancia es eliminada. La propaganda sonora, de más difícil detección que el material audiovisual, emerge también como vector emergente de radicalización, mientras que las plataformas de videojuegos continúan siendo explotadas para la difusión de contenido y la construcción de redes de apoyo.
La sombra alargada de Oriente Próximo
El informe reserva un capítulo sustancial a la influencia de la dinámica geopolítica exterior sobre la seguridad interior de la Unión. El atentado de Hamás del 7 de octubre de 2023 y su prolongación en el conflicto de Gaza continúan operando como catalizador de radicalización transversal, alimentando narrativas antisemitas que atraviesan tanto el espectro yihadista como el de extrema izquierda y extrema derecha. Europol documenta casos concretos de individuos radicalizados con objetivos judíos en Austria y Alemania, vinculados a la red de apoyo de Hamás (incluido el descubrimiento de un arsenal de armas falsificadas en Austria y la detención de tres presuntos miembros de la organización en Alemania), así como el reciente veto de la Unión Europea al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní, formalizado mediante la Decisión (PESC) 2026/421 del pasado mes de febrero, que ha ido acompañado de una acción coordinada de Europol contra la propaganda vinculada a dicha organización en el entorno digital.
La guerra de agresión rusa contra Ucrania, por su parte, mantiene una relevante presencia narrativa (sobre todo en círculos de extrema derecha, donde coexisten posiciones favorables a Rusia como potencia antioccidental con posturas de apoyo a Ucrania), aunque de intensidad decreciente respecto a ejercicios anteriores. La expansión territorial de filiales del Estado Islámico y Al Qaeda en el Sahel y África occidental (con un notable crecimiento de la Provincia del Sahel del Estado Islámico y la persistencia de Jama’at Nusrat al-Islam wa al-Muslimin en Burkina Faso, Malí y Níger) continúa generando preocupación por su capacidad de proyección exterior, mientras que la resiliencia de la Provincia de Jorasán del Estado Islámico en Asia central y meridional mantiene abierta la incertidumbre sobre eventuales operaciones dirigidas contra objetivos europeos.
Perspectivas
El apartado de previsión del informe anticipa la persistencia de atentados de baja complejidad, protagonizados por actores individuales o células autoiniciadas, como modalidad predominante, dada su reducida necesidad de planificación y la consiguiente dificultad para su detección temprana. Sin descartar (por la confluencia de excombatientes terroristas extranjeros retornados, individuos excarcelados tras cumplir condena y la accesibilidad creciente de conocimiento técnico avanzado) un repunte en la sofisticación de determinadas operaciones, Europol advierte, en definitiva, de un escenario en el que la amenaza terrorista se diluye progresivamente en fenómenos de violencia adyacentes, exigiendo de los servicios de seguridad europeos una capacidad analítica renovada para distinguir el terrorismo propiamente dicho de otras formas de criminalidad y radicalización difusa. La propia institución reconoce que esta creciente ambigüedad conceptual plantea desafíos de naturaleza legal, analítica y operativa a cuantos tienen encomendada la tarea de comprender, evaluar y responder a un fenómeno que, diez años después de la creación del Centro Europeo de Lucha contra el Terrorismo, sigue reinventando sus formas de manifestarse.



