Gerardo Sánchez Revenga, presidente de AESMIDE, la Asociación de Empresas Contratistas Con las Administraciones Públicas de España y Otros Estados, lo pudo decir más alto, pero no más claro: “De poco serviría una estrategia brillante si no llegan los suministros al sitio adecuado”. Así se expresó en su intervención en el último Foro Aesmide, en el que estuvo presente Delta13News, celebrado esta semana y dedicado por entero a la cadena de suministro.
En el marco de una Europa que ha alzado el vuelo, a raíz de la guerra de Ucrania, en lo tocante a la oportunidad, cuando no urgente necesidad de aumentar su inversión en defensa, Sánchez Revenga recordó a los presentes, civiles y militares, que “es preciso que se tenga en cuenta a las empresas que tienen la cadena de suministro tantas veces invisible, pero siempre decisiva”. Porque, recordó, “la seguridad de los ciudadanos no depende sólo del valor de las Fuerzas Armadas, sino también de la solidez de la industria que las sostiene”.
En este punto, advirtió que “de poco serviría una estrategia brillante si no llegan los suministros al sitio adecuado”, como tampoco si los productos de las empresas innovadoras “no se prueban donde se tienen que probar, que son en el frente o en el campo de batalla”.
Las ‘grandes’ pequeñas y medianas empresas
En este sentido, puso el acento en el caso español, donde, dijo, “buena o gran parte de su industria de defensa y de la cadena de suministro que las sostiene está en manos de pequeñas y medianas empresas”. Compañías “discretas, en gran parte invisibles, fuera del sector, pero”, eso sí, aseveró: “absolutamente imprescindibles”.
Unas empresas, prosiguió, “conocedoras de la necesidad que tiene el usuario y que comparten con él y en equipo las capacidades que tienen y piensan para el futuro”. “De ellas”, agregó, “viene la especialización, la innovación, la flexibilidad que dan fuerza y diversidad a toda la estructura”, además de que generan “empleo de calidad”. En definitiva, “industria social que se puede llamar industria de defensa”.
Para el presidente de Aesmide, las pymes en este ámbito fomentan la cohesión territorial haciendo que la industria de defensa sea una industria que da una calidad de empleo “importante”, razón por la que, entre otras, llamó a defender las pymes, que es lo mismo que “defender la soberanía industrial”.
Por ello, apostó por reforzar cadena de suministro, lo que implica afrontar varios temas, el primero de cuales sería la resiliencia. Una resiliencia que se entiende no solamente como la posibilidad de sobrevivir, como por ejemplo en la pandemia del COVID, “sino como la capacidad de reaccionar y reorganizarse con rapidez cuando la situación lo exige”.
Porque, enfatizó, “si algo nos han demostrado la pandemia y la guerra en Ucrania es hasta qué punto las dependencias externas son capaces de paralizar industrias enteras” y, en este contexto, avisó que en defensa “no hay opción porque los suministros tienen que estar garantizados incluso en los peores escenarios”.
El segundo gran reto, explicó, es la innovación. Nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la ciberseguridad o la fabricación aditiva, subrayó, están cambiando a gran velocidad la forma de entender la defensa y para seguir este ritmo, dijo, “se necesita inversión”.
La pequeña empresa, por tanto, necesita que se invierta en defensa y que en la industria esta inversión sea constante y, además, una colaboración real entre empresas, centros de investigación y Fuerzas Armadas, un terreno en el que las pymes juegan con ventaja, celebró.
Y así es porque “son ágiles, saben moverse entre lo civil y lo militar y aportan ideas innovadoras”. Ahora bien, al mismo tiempo “necesitan apoyo, innovación para crecer y consolidarse como actores estables en el mercado. Y sobre todo necesitan seguridad y certidumbre”.
El tercer reto, dijo, es el talento. “Ninguna empresa puede prosperar si no tiene profesionales cualificados y comprometidos. La industria española de la defensa debe ser capaz de atraer a jóvenes que han tenido una percepción diferente de la defensa”, de un sector de la defensa que “ha estado distorsionado e injustamente en el ámbito social”.
Un campo en el que formar ingenieros y técnicos en áreas críticas y estratégicas “es tanto como invertir en equipamiento y si no aseguramos el relevo generacional, la cadena de suministro corre el riesgo de perder capacidades”, advirtió.
El cuarto reto es la visibilidad. La sociedad, comentó Sánchez Revenga, debe comprender cuando ve un barco, un avión o un carro de combate que “detrás hay una red de empresas que sin hacer ruido sostienen la defensa de todos”. “Esa narrativa es esencial para que la opinión pública y los responsables políticos entiendan que invertir en defensa, en su industria y en la cadena de suministro, es invertir en seguridad, en empleo y en innovación”. “Sin este reconocimiento social”, reiteró, “será difícil consolidar las políticas industriales necesarias para fortalecerla”.



