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martes, julio 28, 2026

España acude a Ankara con «sus» deberes hechos confiada en la aprobación de sus socios

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España llegará a la cumbre de la OTAN que comienza este martes bajo el foco de sus aliados debido a que sigue siendo el país que más se distancia del objetivo general de inversión en defensa impulsado por la Alianza. Sin embargo, el Gobierno sostiene que acudirá a la reunión cumpliendo los compromisos de capacidades militares asumidos con la organización, aunque sin aceptar elevar el gasto hasta el 5 % del PIB que defienden la mayoría de los socios y que impulsa con especial intensidad el presidente estadounidense, Donald Trump.

La posición española se apoya en el acuerdo político alcanzado con la OTAN en 2025, mediante el cual el Ejecutivo de Pedro Sánchez defendió que España puede cumplir los objetivos militares fijados por la Alianza destinando alrededor del 2,1 % del PIB a defensa, sin necesidad de llegar al 5 %. Desde entonces, el Gobierno mantiene que ese porcentaje resulta suficiente para desarrollar las capacidades militares exigidas y que un incremento mayor sería incompatible con la sostenibilidad del Estado del bienestar.

En vísperas de la cumbre, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha insistido en que España «está cumpliendo» con la OTAN pese a las críticas formuladas por Donald Trump. Robles sostiene que los mandos militares de la Alianza reconocen el grado de compromiso español, tanto por el desarrollo de capacidades como por la participación en operaciones internacionales, y asegura que el país alcanzará este año una inversión equivalente al 2,1 % del PIB mediante un plan extraordinario de modernización que incorpora quince programas prioritarios.

La discrepancia no gira únicamente en torno al porcentaje de gasto, sino también sobre la forma de medir el esfuerzo de cada aliado. Mientras Washington y la dirección política de la OTAN consideran que el aumento presupuestario constituye una condición indispensable para reforzar la disuasión frente a Rusia y responder al nuevo escenario internacional, el Gobierno español defiende que el verdadero criterio debe ser el cumplimiento efectivo de los objetivos de capacidades militares asignados a cada país.

Esta diferencia de interpretación convertirá previsiblemente a España en uno de los principales focos de atención de la reunión. Donald Trump ha reiterado en varias ocasiones que todos los aliados deben incrementar significativamente sus presupuestos de defensa y ha criticado expresamente a España por considerar insuficiente su esfuerzo económico. La presión estadounidense se ha intensificado en las últimas semanas, coincidiendo con la preparación de la cumbre y con el objetivo de acelerar el rearme europeo.

Pese a ello, el Ejecutivo español insiste en que no llega aislado a la cita. La ministra Robles sostiene que España ocupa una posición destacada dentro de la Alianza por su participación en operaciones en el flanco oriental, en las misiones de policía aérea del Báltico, en Irak y en Turquía, además de su contribución a la Fuerza de Respuesta de la OTAN. Según el Ministerio de Defensa, el compromiso español debe evaluarse tanto por el gasto como por la aportación real de efectivos, medios y capacidades militares.

En ese contexto, uno de los asuntos más delicados de la cumbre será determinar cómo se supervisará el cumplimiento de los compromisos nacionales durante los próximos años. La OTAN pretende comprobar que los incrementos presupuestarios anunciados por los Estados miembros se traduzcan en nuevas capacidades militares, mayor producción industrial y un fortalecimiento efectivo de la defensa colectiva, especialmente tras las lecciones extraídas de la guerra de Ucrania.

España defenderá durante la reunión que su modelo de inversión permite cumplir las capacidades asignadas sin asumir un incremento presupuestario equivalente al 5 % del PIB. El Ejecutivo considera que elevar el gasto por encima del 2,1 % supondría un esfuerzo económico desproporcionado y sostiene que la eficacia de la defensa no depende exclusivamente del volumen de inversión, sino también de la calidad de los programas, la modernización tecnológica y la cooperación industrial europea.

Así, la delegación española acudirá a Ankara con una posición claramente diferenciada respecto a la mayoría de los aliados: reivindicará que cumple con los objetivos militares acordados, defenderá el incremento realizado hasta el entorno del 2,1 % del PIB y rechazará asumir, por ahora, un compromiso político para alcanzar el 5 %. Esa discrepancia convertirá previsiblemente el caso español en uno de los asuntos más observados durante una cumbre en la que el reparto del esfuerzo financiero será uno de los grandes ejes del debate.

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