Las nuevas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre España han vuelto a situar al país en el centro de la controversia durante la cumbre de la OTAN que se celebra en Ankara. En una comparecencia conjunta con el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, el mandatario estadounidense endureció su discurso contra el Gobierno español, al que reprochó nuevamente su nivel de inversión en defensa y su actitud dentro de la organización.
Trump afirmó que «España no está en un buen grupo» y volvió a presentar al país como uno de los aliados que, a su juicio, no asumen una parte suficiente de la carga económica de la defensa colectiva. El presidente estadounidense insistió en que algunos socios europeos continúan beneficiándose de la protección militar de Estados Unidos sin realizar un esfuerzo presupuestario equivalente, un argumento que ha repetido de forma recurrente desde su regreso a la Casa Blanca.
El líder estadounidense fue aún más lejos al anunciar que ha ordenado suspender el comercio bilateral con España, una medida que justificó como respuesta a las discrepancias políticas y estratégicas mantenidas con el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Aunque la política comercial corresponde en gran medida al marco de relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea, las palabras de Trump elevan considerablemente la tensión diplomática entre ambos países y anticipan un nuevo foco de fricción dentro de la Alianza Atlántica.
Durante la comparecencia, Mark Rutte evitó alimentar la polémica y trató de transmitir un mensaje de cohesión entre los aliados. El secretario general de la OTAN defendió que Estados Unidos sigue plenamente comprometido con la organización y recordó que los países europeos han incrementado de manera significativa sus presupuestos de defensa en los últimos años. Rutte reiteró además que el objetivo común es fortalecer la capacidad militar de la Alianza frente al deterioro del contexto internacional.
Las palabras de Trump llegan en un momento especialmente delicado para España, cuyo Gobierno mantiene que puede cumplir los objetivos de capacidades militares fijados por la OTAN sin necesidad de elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB, como reclama Washington. Esa posición ha convertido a España en uno de los principales puntos de discrepancia con la Administración estadounidense durante los últimos meses.
Las declaraciones del presidente estadounidense amenazan con proyectar una nueva sombra sobre las relaciones bilaterales entre Madrid y Washington y añaden presión política a una cumbre marcada por el debate sobre el futuro de la seguridad euroatlántica, el apoyo a Ucrania, el refuerzo del flanco oriental y el reparto de las cargas económicas entre los miembros de la organización. Mientras tanto, la dirección de la OTAN intenta contener las diferencias internas para preservar una imagen de unidad frente a los desafíos estratégicos que representan Rusia, China y la creciente inestabilidad internacional.



