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martes, julio 28, 2026

Israel da un giro histórico y reconoce oficialmente el genocidio armenio tras décadas de negativa diplomática

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El Gobierno de Israel ha dado un paso histórico al aprobar el reconocimiento oficial del genocidio armenio, rompiendo una política de décadas marcada por la prudencia diplomática y las consideraciones geoestratégicas. El gabinete israelí respaldó este fin de semana por unanimidad una resolución impulsada por el ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, que reconoce como genocidio las matanzas y deportaciones masivas sufridas por el pueblo armenio a manos del Imperio Otomano entre 1915 y 1923.

La decisión supone uno de los cambios más significativos en la política exterior israelí de los últimos años y abre una nueva etapa en las relaciones entre Israel, Armenia y Turquía.

La resolución fue aprobada por el Ejecutivo israelí durante su reunión semanal y será remitida ahora a la Knéset para su ratificación definitiva como posición oficial del Estado. Aunque el reconocimiento deberá recibir el respaldo parlamentario para completar el procedimiento institucional, la aprobación por parte del Gobierno constituye el primer reconocimiento formal realizado por un Ejecutivo israelí desde la creación del Estado en 1948.

Tras la votación, Gideon Sa’ar calificó la decisión de «histórica» y defendió que Israel tenía la obligación de asumir una posición clara sobre uno de los episodios más dramáticos del siglo XX. «Nunca es tarde para hacer lo correcto», afirmó el jefe de la diplomacia israelí al anunciar la aprobación de la resolución. El ministro añadió que «este horrible genocidio, ocurrido hace más de cien años y sobre cuyos hechos históricos no existe controversia, incluyó el asesinato de 1,5 millones de personas y la destrucción de un antiguo patrimonio cultural e histórico». Asimismo, sostuvo que «debemos condenar enérgicamente cualquier negación, minimización o distorsión de la verdad histórica».

Con esta decisión, Israel abandona una posición mantenida durante décadas, en la que evitó utilizar oficialmente el término «genocidio» para referirse a las matanzas de armenios con el objetivo de preservar sus relaciones estratégicas con Turquía y, más recientemente, con Azerbaiyán, dos socios relevantes para su política regional y de seguridad. Aunque distintos dirigentes israelíes habían reconocido en ocasiones anteriores la dimensión histórica de aquellas matanzas, ningún gobierno había dado hasta ahora el paso de reconocerlas formalmente mediante una decisión oficial.

El reconocimiento israelí sitúa al país junto a la treintena larga de Estados que ya consideran oficialmente que las deportaciones y asesinatos masivos cometidos contra la población armenia constituyeron un genocidio. Entre ellos figuran Estados Unidos, Francia, Alemania, Canadá, Rusia y Uruguay, que reconocieron oficialmente estos hechos en distintos momentos de las últimas décadas.

La decisión llega en un contexto de fuerte deterioro de las relaciones entre Israel y Turquía. Durante los últimos años ambos gobiernos han intercambiado duras críticas por la guerra en Gaza, la situación en Oriente Próximo y diversas cuestiones relacionadas con la política regional. Aunque Gideon Sa’ar rechazó que el reconocimiento constituya una represalia contra Ankara y defendió que responde exclusivamente a un «deber moral e histórico», numerosos analistas consideran que el empeoramiento de las relaciones bilaterales ha eliminado uno de los principales obstáculos que durante décadas frenaron este reconocimiento.

La reacción de Turquía no se hizo esperar. El Ministerio de Asuntos Exteriores turco rechazó la decisión israelí y la calificó de iniciativa «políticamente motivada», acusando al Gobierno de Benjamin Netanyahu de utilizar el reconocimiento para desviar la atención internacional de la guerra en Gaza y de las acusaciones formuladas contra Israel en distintos foros internacionales. Ankara mantiene desde hace décadas que las muertes de armenios durante la Primera Guerra Mundial fueron consecuencia de un conflicto interno y rechaza que puedan calificarse jurídicamente como genocidio.

Históricamente, Israel había evitado pronunciarse oficialmente sobre esta cuestión pese a las reiteradas peticiones de historiadores, supervivientes, organizaciones judías y parlamentarios israelíes. La memoria del Holocausto y la especial sensibilidad del Estado israelí respecto a los crímenes de exterminio habían alimentado durante años un intenso debate interno sobre la conveniencia de reconocer el genocidio armenio, aunque los sucesivos gobiernos terminaron priorizando las relaciones diplomáticas con Turquía y Azerbaiyán.

La resolución aprobada por el Ejecutivo representa, por tanto, un profundo cambio de orientación en la política exterior israelí y en su aproximación a la memoria histórica. Además de reconocer oficialmente los hechos ocurridos entre 1915 y 1923, el Gobierno israelí hace un llamamiento a combatir cualquier forma de negacionismo histórico y a preservar la memoria de las víctimas. Para el ministro Gideon Sa’ar, el reconocimiento constituye «el cumplimiento de un deber moral» que sitúa a Israel «del lado de la verdad histórica».

Si la Knéset ratifica la resolución en las próximas semanas, Israel culminará un proceso largamente reclamado por Armenia y por numerosas organizaciones internacionales de derechos humanos. El reconocimiento supondrá el cierre de una de las cuestiones más delicadas de la diplomacia israelí contemporánea y marcará un antes y un después en la posición oficial del Estado respecto a uno de los episodios más trágicos de la historia del siglo XX.

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