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miércoles, julio 29, 2026

Jordi Sandalinas (director de Estudios Jurídicos de la Cátedra Delta13Sec): «En un mes Irán puede producir miles de drones» mientras sigue la guerra

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

El uso de drones militares ha transformado profundamente la forma de hacer la guerra en el siglo XXI. Así lo explica en una entrevista en TVE el profesor universitario y experto en tecnología de drones Jordi Sandalinas, analista de Delta13News y director de Estudios Jurídicos de la Cátedra Delta 13Sec de Seguridad e Inteligencia de la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA), quien sostiene que estos dispositivos se han convertido en una de las herramientas más decisivas en los conflictos contemporáneos, especialmente desde el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022.

Según el especialista, el uso de estas aeronaves no tripuladas ha crecido de forma exponencial en los últimos años debido a una combinación de factores tecnológicos y económicos que han favorecido su rápida expansión en los campos de batalla.

Sandalinas señala que los drones han introducido una nueva dimensión en la guerra moderna, permitiendo ataques más precisos y con menores costes operativos en comparación con otros sistemas de armamento. “Desde la invasión rusa de Ucrania el uso de drones ha aumentado de manera exponencial”, explica el experto, quien subraya que estos sistemas pueden emplearse en cantidades masivas y con un coste muy inferior al de misiles o aviones militares.

De hecho, según estimaciones de servicios de inteligencia occidentales citadas por el analista, entre el 60 % y el 70 % de los daños causados a sistemas rusos en el conflicto ucraniano estarían relacionados con ataques realizados mediante drones.

Una de las claves de esta transformación reside en la capacidad de estos dispositivos para realizar operaciones de reconocimiento y ataque en tiempo real. Sandalinas destaca especialmente el papel de los drones denominados FPV (First Person View), un tipo de aeronave controlada por un operador que puede ver en directo lo que observa el aparato gracias a cámaras integradas. Este sistema permite dirigir el dron con gran precisión hacia el objetivo, incluso en espacios muy reducidos o de difícil acceso, como trincheras, edificios o zonas urbanas densamente pobladas.

La proliferación de drones en los conflictos actuales también se explica por la gran diversidad de modelos disponibles. El especialista explica que hoy en día conviven diferentes categorías de drones, desde dispositivos comerciales modificados para uso militar hasta aeronaves diseñadas específicamente para operaciones bélicas. Entre ellos se encuentran modelos comerciales populares adaptados para transportar cargas explosivas, así como drones de ala fija capaces de recorrer largas distancias o aparatos tipo quadcopter que utilizan hélices múltiples para desplazarse con gran maniobrabilidad.

Esta diversidad tecnológica se ha visto favorecida por la convergencia entre la industria civil y la militar. Según Sandalinas, muchos drones utilizados en conflictos armados se basan en tecnologías desarrolladas inicialmente para usos comerciales o recreativos. Posteriormente, estos sistemas se modifican para incorporar cargas explosivas, sensores avanzados o sistemas de navegación más sofisticados. “Se ha unido la industria que conocíamos con el ámbito armamentístico”, explica el experto, lo que ha permitido desarrollar soluciones de combate relativamente baratas y fáciles de producir.

El bajo coste es precisamente uno de los factores que más ha contribuido a la popularización de estos sistemas en los conflictos armados. Mientras que un misil puede alcanzar un coste de varios millones de euros, algunos drones militares pueden fabricarse por apenas decenas de miles de euros.

Sandalinas cita como ejemplo el caso de determinados drones kamikaze cuyo coste oscila entre los 20.000 y los 50.000 euros, una cifra muy inferior a la de los sistemas de armamento tradicionales. Esta diferencia económica permite a los ejércitos producir grandes cantidades de drones y utilizarlos en operaciones masivas.

Sin embargo, el experto advierte de que el uso de drones también presenta limitaciones y vulnerabilidades. Uno de los principales puntos débiles de estas aeronaves es su dependencia de sistemas electrónicos y de comunicación. Los drones suelen operar mediante señales de radio y sistemas de posicionamiento que pueden ser interferidos o bloqueados por tecnologías de guerra electrónica. En este sentido, diversos países están invirtiendo en sistemas de inhibición capaces de neutralizar drones enemigos mediante interferencias electromagnéticas que interrumpen la comunicación con el operador.

Estas tecnologías de defensa se utilizan también en entornos civiles sensibles, como aeropuertos o infraestructuras críticas, para evitar la entrada de drones no autorizados. Sin embargo, el especialista señala que la neutralización de un dron puede resultar especialmente peligrosa cuando el aparato transporta una carga explosiva, ya que su caída o detonación puede provocar daños colaterales en la zona donde se produce la interceptación.

La expansión de esta tecnología también está influyendo en la evolución de los conflictos en Oriente Medio. Según Sandalinas, países como Irán han desarrollado una estrategia basada en el uso de drones como herramienta de presión militar y geopolítica. Estos sistemas pueden ser utilizados para atacar infraestructuras estratégicas, como instalaciones energéticas o bases militares, o para apoyar a grupos aliados en diferentes regiones.

En este contexto, el experto menciona el uso de drones kamikaze conocidos como Shahed-136, empleados en distintos conflictos recientes. Estos aparatos, diseñados para impactar directamente contra su objetivo cargados de explosivos, han sido utilizados tanto por fuerzas estatales como por milicias aliadas en diversos escenarios de Oriente Medio. Su relativa simplicidad técnica y su bajo coste los convierten en una herramienta eficaz para ataques coordinados contra infraestructuras militares o energéticas.

Uno de los aspectos más llamativos de estos drones es su proceso de fabricación. Sandalinas explica que muchos de estos dispositivos están construidos con componentes procedentes de distintos países y mercados tecnológicos. En algunos casos se han encontrado drones que incorporaban sensores, transpondedores o piezas electrónicas de origen japonés o estadounidense, adquiridas en el mercado civil y posteriormente integradas en el sistema militar.

Este carácter modular facilita enormemente la producción de drones incluso en contextos de sanciones internacionales o restricciones comerciales. Según el analista, esta capacidad permite a algunos países, como Irán, aun estando en plena acción militar, fabricar miles de unidades en relativamente poco tiempo. “En un mes pueden producir miles de drones”, afirma Sandalinas, especialmente en el caso de modelos de pequeño tamaño que no requieren infraestructuras industriales complejas.

El modelo iraní

En relación con el conflicto entre Rusia y Ucrania, el experto considera que la producción de drones se ha descentralizado en gran medida. Aunque Irán fue inicialmente señalado como uno de los proveedores de drones utilizados por Moscú, Sandalinas recuerda que Rusia ha desarrollado sus propias variantes a partir de modelos previamente licenciados. Este proceso ha permitido a Moscú producir sus propios drones sin depender completamente del suministro externo.

Más allá de los conflictos concretos, el especialista considera que el auge de los drones refleja una transformación más amplia en la naturaleza de la guerra contemporánea. En su opinión, los enfrentamientos actuales combinan diferentes dimensiones tecnológicas, desde sistemas de armamento de alto coste hasta dispositivos baratos capaces de generar un impacto significativo en el campo de batalla.

Por ello, Sandalinas define los conflictos actuales como guerras híbridas, en las que se mezclan operaciones militares tradicionales con nuevas formas de confrontación tecnológica. En estos escenarios, además de los drones, intervienen también herramientas de ciberseguridad, técnicas de interferencia electrónica o ataques dirigidos a infraestructuras económicas y energéticas.

Según el analista, esta combinación de tecnologías refleja un cambio profundo en la lógica estratégica de los conflictos. Las potencias ya no se enfrentan únicamente mediante grandes sistemas de armamento, sino también mediante herramientas más baratas y accesibles que pueden alterar el equilibrio militar.

A pesar de esta transformación, Sandalinas subraya que el desarrollo tecnológico no sustituye completamente a las armas convencionales. Los drones conviven con misiles balísticos, misiles de crucero y otros sistemas de alto coste que siguen desempeñando un papel fundamental en los conflictos. La diferencia es que ahora se combinan tecnologías de distinto precio y complejidad dentro de una misma estrategia militar.

En definitiva, el auge de los drones refleja una nueva etapa en la evolución de la guerra moderna. Según el experto, estos sistemas han democratizado en cierta medida el acceso a capacidades militares avanzadas, permitiendo que actores con menos recursos puedan influir en el desarrollo de los conflictos. Sin embargo, también han introducido nuevos riesgos y desafíos que obligan a los Estados a desarrollar tecnologías de defensa y regulación cada vez más sofisticadas.

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