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martes, julio 28, 2026

José Cabrera: «La mayoría de la gente es buena gente»

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El doctor José Cabrera Forneiro es una figura destacada en el ámbito de la psiquiatría forense española, con una extensa carrera que abarca la medicina militar, la psiquiatría clínica, la medicina legal y una notable presencia en medios de comunicación. Presentarle, se diría que es un mero trámite, pues su bagaje y conocimientos son por muchos conocidos, no solo en España. Su carrera comenzó tras licenciarse en Medicina y Cirugía en la Universidad Complutense de Madrid en 1979, y posteriormente se doctoró en 1989 con una tesis sobre «El brote esquizofrénico en el medio militar», que obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude. Esta combinación de medicina y entorno militar parece haber sido fundamental en su desarrollo profesional. Además de su especialización en Psiquiatría (1985), cuenta con diplomados en Salud Pública (1985), Psiquiatría Militar (1987), Criminología y especialización en Medicina Legal y Forense, lo que le ha permitido abordar casos desde múltiples perspectivas.

En la actualidad, el doctor Cabrera compagina su práctica clínica privada con la elaboración de peritajes médicos para tribunales españoles y mantiene su labor divulgativa en medios de comunicación. Representa una figura singular en el panorama de la psiquiatría forense española, con una trayectoria que combina la experiencia militar, la medicina legal, la toxicología y una destacada presencia mediática. Su capacidad para analizar casos complejos desde múltiples perspectivas y su labor divulgativa han contribuido significativamente al conocimiento público sobre psiquiatría forense en España.

En esta entrevista a fondo, concedida a Delta13News, vamos a plantearle preguntas que nos permitirán explorar las diversas facetas de su trayectoria profesional.

Doctor Cabrera, empezamos con una triple pregunta, usted comenzó su carrera como médico militar. ¿De dónde nació esa vocación, cómo influyó esta primera etapa en su posterior desarrollo como psiquiatra forense y qué le llevó a especializarse en psiquiatría militar en 1987?

A fuer de ser sincero debo decir dos cosas fundamentales que motivaron mi ingreso en la carrera militar: la primera fue la sensación fuerte de que tras una carrera brillante en la que solo estudié y en correspondencia me llené de Matriculas de Honor, no salí lo suficientemente hábil socialmente, es decir salí con mucha información, pero “un poco tonto social”, y el ejército era una buena opción para resolver esta cuestión. Y la segunda razón fue que tenía que hacer el Servicio Militar (era obligatorio en mis tiempos jóvenes) y no estaba dispuesto a “quemar un año de soldado en cualquier destino”. Tras mi paso por la Academia Militar General en Zaragoza me inundé de sentimientos patrióticos y ya no pude sino lanzarme de lleno a lo castrense solicitando como primeros destinos la Brigada Paracaidista, nunca lo olvidaré. El convivir con una Fuerza de Intervención inmediata y dormir en el campo 15 días al mes durante estos años, cambió mi vida y junto a ser hijo de psiquiatra me empujó a dedicarme primero a la psiquiatría Militar en el Hospital Gómez Ulla de Madrid y posteriormente a la psiquiatría Forense.

Su formación académica es extraordinariamente diversa: psiquiatría, medicina legal, criminología y salud pública. ¿Considera que esta interdisciplinariedad ha sido clave en su enfoque de los casos forenses?

Siempre fui curioso, me intrigaba la motivación de la conducta humana y sobre todo en el aspecto criminal, y esto junto con la necesidad que surgió en mí de poder explicar tales conductas a un Juez, me empujaron definitivamente a la medicina forense, primero por distintos juzgados de España, luego por el Instituto de Toxicología y finalmente en la psiquiatría forense. No se puede explicar a un Magistrado o a un Jurado el porqué de unos actos delictivos si no se ven estos actos desde distintos puntos de vista al mismo tiempo. Hay que ser cocinero antes que fraile, en definitiva.

Ha mencionado en otras entrevistas que se ha entrevistado con más de 700 homicidas. ¿Qué patrones comunes ha identificado en sus perfiles psicológicos y qué factores considera determinantes para que una persona cometa un crimen violento? ¿Podría compartir cómo gestiona emocionalmente este tipo de encuentros y qué ha aprendido sobre la naturaleza humana a través de ellos? 

Es una pregunta común en el mundo periodístico ésta, tratar de definir rasgos, patrones o conductas comunes en distintos perfiles criminales, y de hecho hay departamentos en las distintas policías del mundo que se dedican a esto, al “Perfil Criminal”, pero permítanme que les diga que en mi experiencia no hay dos personas iguales, y por ende no hay dos delincuentes iguales. Cada persona es un mundo y aunque al final el hecho sea una agresión, un homicidio, una estafa o cualquiera de los delitos tipificados, el camino al mismo es diferente. Tras entrevistarme con homicidas terroristas (Grapo, ETA, Yihadistas), homicidas del narcotráfico, homicidas puntuales por odio o pasiones, o simples atracadores, no podría predecir rasgos que me hicieran profetizar que tal o cual persona va a cometer tal o cual delito.

Naturalmente los orígenes familiares, las amistades, el escenario de la vida y hasta la mala suerte pueden acabar en una conducta homicida, incluso me atrevería a decir que si la vida nos aprieta cualquiera podría infringir la ley en un momento dado. Y finalmente, cuando se ha tratado con muchas personas que acabaron con la vida de otro, es necesario tomárselo con calma, controlar las emociones, poner distancia con el entrevistado sin alejarse mucho de su corazón para poder entenderle, y luego sacar conclusiones constructivas sin abandonar el optimismo y la fe en el ser humano. Ojo, lo que juzgamos no es a la persona, sino su conducta. La mayoría de la gente es buena gente, el mundo de lo delictivo es un apartado muy reducido que debe seguir así, reducido.

En una entrevista reciente mencionaba: «Habré explorado personalmente cara a cara aproximadamente a 700 homicidas”, lo que constituye una experiencia profesional extraordinaria en el campo forense. Su amplia experiencia elaborando informes psiquiátricos periciales para diferentes tribunales de justicia seguramente incluye casos que han marcado su carrera y visión profesional. Como psiquiatra forense, ¿cuál ha sido el caso que más le ha impactado profesionalmente y por qué?

Son tantos los casos en los que he participado, tantas las veces que me he sentado cara a cara con personas que han hecho mucho mal, que casi me he anestesiado y me sería muy difícil determinar aquello que más me impactó. Pero por afinar un poco la respuesta yo diría que cada vez que tengo que tratar de entender a un pederasta “se me revuelve el estómago”, o cuando he tenido delante a un terrorista que puso una bomba y voló a tres niños “me dieron ganas de tomarme la justicia por mi mano”, o cuando tuve que explorar a los supervivientes de las explosiones del 11 de Marzo en Madrid (más de 50 personas de todas las nacionalidades) “llegué a asquearme del género humano”,  o cuando lamentablemente presencié la caída de las Torres Gemelas (yo estaba en Nueva York en ese instante) “me invadió una total desesperanza”, y así un largo etcétera. Pero al final yo creo firmemente que las cosas tienen un sentido, y en el Pensamiento de la Providencia, en la que creo, todo adquiere una armonía universal.

Durante su etapa como director general de la Agencia Antidroga de la Comunidad de Madrid, ¿cuáles fueron los principales desafíos que enfrentó y qué logros destacaría?

Yo siempre he pensado y he sentido que esa época de mi vida (unos cuatro años) fue una de las más intensas, difíciles, pero al mismo tiempo prolíficas que me tocaron en mi camino. Con las drogas pocas bromas. Millones de personas han muerto o desgraciado su vida por los estupefacientes y el alcohol (y con el tabaco por supuesto). Yo llegué a la Agencia Antidroga en un momento crucial en el que la heroína se había apoderado de zonas muy oscuras de Madrid, y en ese tránsito tuvimos que tomar medidas técnicas difíciles y muy controvertidas que ayudaron a muchas personas y eso es lo importante.

Podría decir que lo que mejor sabor de boca me dejó fueron la ampliación de plazas de tratamiento con metadona (llegamos hasta casi 15.000 pacientes en Madrid), su implementación más coordinada en las prisiones, la fabricación de más dispositivos móviles de prevención y tratamiento, la creación de unidades hospitalarias de tratamiento de cocaína, los programas de reducción del daño, la implementación de la idea de que el drogodependiente era un verdadero enfermo y no un vicioso/delincuente, el desmantelamiento de poblados marginales en aquella época y su concentración en un solo lugar (era la estrategia necesaria) y finalmente la creación del Dispositivo de Venopunción en Las Barranquillas (popularmente llamado Narcosala). Pero al final de lo que más orgulloso estoy es de haber podido dar una oportunidad a muchos que no la tenían por causa de las drogas.

Su experiencia en este cargo, junto con su participación en el Observatorio Europeo de Drogas y en misiones internacionales, le otorga una perspectiva única sobre las políticas de drogas. Como representante de España en misiones de Naciones Unidas relacionadas con estupefacientes, ¿qué diferencias encontró entre el enfoque español y el de otros países en el abordaje de las adicciones?

Cada país es un mundo y a la hora de enfrentarse a las drogas aun es aún mucho más diverso el criterio. Desde las Naciones Unidas tuve ocasión de ver el mundo de la droga desde muchas perspectivas, Colombia, Bolivia, México, Argentina, Europa en su conjunto y posteriormente Asia, y era casi imposible llegar a un consenso. Siempre existía el eterno debate entre países productores y países consumidores, la lucha constante entre el primer mundo y el otro.

Mi última experiencia internacional como miembro de las Naciones Unidas fue negociar con el Gobierno de los Ayatola en Irán la impermeabilización de su frontera con Afganistán para evitar el paso del opio que luego se procesaba en Turquía para pasar a heroína o morfina, y debo decir que después de más de 1000 kilómetros en helicóptero desde Turkmenistán hasta Pakistán llegué a la conclusión que la única forma de ganar esta batalla contra las drogas era quitar clientes a las mafias internacionales y eso solo se puede hacer con educación, prevención y valores, utópico sí, pero auténtico.

Con más de 60 libros y 100 artículos científicos publicados, ¿considera que existe alguna de sus obras que defina mejor su pensamiento o filosofía profesional?

Mis libros en general son técnicos ya que no tengo ninguna capacidad creativo-literaria, es decir, no tengo imaginación, ni siquiera tengo algún don natural (risas). Por otra parte, lo importante no es los libros que escribes sino los que lees. Y finalmente debería añadir que los textos de los que más satisfacción me ha quedado son aquellos en los que ha intervenido más mi parte sentimental, es decir el corazón. Yo diría que hay tres que me gustan: “No estamos Locos” una experiencia personal y familiar de convivir con un familiar con un trastorno mental, “CSI Jesús de Nazaret” una explicación forense del suplicio y muerte de Jesús y finalmente “Las raíces del mal” un acercamiento al mal desde una perspectiva multidisciplinar.

Su prolífica carrera como autor refleja un compromiso con la divulgación científica que complementa su labor clínica y forense. Ha impartido materias tan diversas como Bioquímica, Biofísica, Bioestadística y Medicina Legal en universidades de Madrid, Valladolid, Burgos y la UNED. Durante sus dos décadas como docente universitario, ¿cómo ha evolucionado la enseñanza de la psiquiatría y la medicina legal en España?

La docencia siempre fue mi gran vocación frustrada porque no pertenecía a la clase “Académica” y al no tener padrinos pues “no me comí ni una rosca” a pesar de luego itinerar por diversas Universidades. Para enseñar tiene que gustar lo que haces, y si no serás un simple “funcionario docente”. Tanto la psiquiatría como la medicina legal en su enseñanza han evolucionado de forma fulgurante. Desde las clases meramente magistrales y clínicas hasta la actual formación multiprofesional con prácticas, laboratorio, pruebas complementarias, tecnología avanzada y un largo etcétera, hay un mundo. Pero hay algo que no ha cambiado y nunca lo hará: la observación y el análisis metódico son y serán siempre la base del acercamiento a la verdad científica, y luego ya vendrá el laboratorio.

Usted es conocido como «el forense de la televisión». ¿Cómo surgió su interés por la divulgación en medios de comunicación y qué responsabilidad siente al abordar casos mediáticos?

Yo me di cuenta de que, los medios de comunicación iban a significar algo importante en mi vida la primera vez que al salir de un juicio siendo médico forense me “enchufaron unas cuantas alcachofas de sonido y cámaras” y me empezaron a preguntar. Y me sorprendió lo fácil que me resultaba explicar las cosas con pocas palabras “para no dormir al personal”, y luego increíblemente la gente lo entendía a la primera, justo lo contrario que hace un político que habla mucho y nadie se entera de nada. Y desde entonces pues han pasado 40 años, ahí es nada. Y resulta fundamental asumir el hecho cierto que lo que dices impacta en las personas, creas un clima de opinión, generas debate y asumes naturalmente responsabilidades.

Para mí es completamente natural hablar en un medio de comunicación y siempre busco sinceridad, pocas palabras, mirar a los ojos de los que me están viendo y sobre todo no escucharme a mí mismo. Como decía Don Quijote: “Sábete Sancho que no hay personas que son más que otras, sino que hacen más que otras”. Hay que mantener la humildad con los medios porque la fama es la antesala del olvido (no se quien lo dijo, pero me gustó).

¿Qué valor añadido cree que aporta la presencia de expertos como usted en programas de televisión cuando se abordan crímenes o casos de gran impacto social?

El valor añadido que aportan los expertos en los medios de comunicación es explicar científicamente lo que ha sucedido, anular la magia o la leyenda urbana, y poner las cosas en su sitio. Un experto en una televisión, una radio o un medio escrito pone los elementos de racionalidad y de cordura para que luego el espectador pueda forjarse su propia opinión alejada del ruido de las opiniones “callejeras”, creo firmemente en esta misión. El experto en los medios de comunicación tiene el deber moral de acabar con la conjetura, la opinión gratuita, el “corre ve y dile”, la “sospecha infundada” y en general la floritura con la que a veces se fabrican muchas noticias trágicas.

En una entrevista mencionó que a pesar de haberse enfrentado al mal y al dolor a lo largo de su carrera, no ha perdido su fe en Dios. ¿Cómo concilia su visión científica con sus creencias personales?

Yo no sé si es por mi educación, mis vivencias en familia, el escenario en el que he vivido o las experiencias tenidas, pero lo que sí sé es que solo creo en cuatro cosas: Dios, la Patria el Amor y la Lealtad, todo lo demás son veleidades. Yo no tengo que demostrar la existencia de Dios, solamente vivir conforme a esa creencia. Para mí es natural explicar el Universo por la fuerza creadora de Dios, el azar y la materia; por sí solos no pueden explicar este mundo increíble y maravilloso, digamos que desde una perspectiva lo más científica posible, para mí la hipótesis de la existencia de Dios es la más sólida. He visto morir a mucha gente, mucha, mucha, y un día a mí me tocará, y deben saber los que están leyendo esta entrevista que no se muere igual sintiendo a Dios que sin ese sentimiento.

Ha expresado en alguna otra ocasión que, «cuando uno tiene los dos componentes, la ciencia y la creencia en una religión, en un Dios, las cosas son aún más fáciles que cuando solo tienes la ciencia o cuando solo tienes la fe». Tras décadas tratando con la muerte en su faceta profesional, ¿ha cambiado su percepción personal sobre ella?

Yo siempre digo de medio broma en las entrevistas que de tanta muerte que he visto (como cualquier otro compañero médico o médico forense), me imagino que estoy sentado a los pies de la barca de Caronte, que como el lector sabrá era el que llevaba las almas de los difuntos en su travesía de la laguna Estigia en la mitología griega, y ahí sentado tomo notas. La muerte a lo largo de los años me ha enseñado que en nuestra carrera contra ella no tenemos ninguna posibilidad y por eso nos da toda una vida de ventaja, por lo que me ha obligado a vivir lo más intensamente posible, ese es el cambio en mi perspectiva tras tantos años en este “negociado”.

Su experiencia como jefe del Servicio de Información Toxicológica del Instituto Nacional de Toxicología le otorga una perspectiva histórica valiosa sobre este tema. Como especialista en toxicología, ¿qué opinión le merece la evolución del consumo de drogas en España en las últimas décadas?

El consumo de drogas en España ha evolucionado de forma muy interesante en los últimos tiempos. Desde hace décadas, en que los drogodependientes eran “cuatro desgraciados” condenados a morir sin remedio de forma trágica o a enfermar de manera crónica de por vida, hasta la actualidad en que las drogas se han “normalizado” y conviven con todas las clases sociales sin que haya percepción de riesgo ni graves enfermedades asociadas, ha corrido mucha agua.

Las drogas se han sofisticado, se producen a gusto del consumidor, se presentan como “pseudo-medicamentos”, se banalizan sus efectos colaterales, se usan como intermediadores sociales y ya no tienen una estigmatización negativa, están aquí para quedarse. No podemos ni debemos bajar la guardia, aunque solo sea por nuestra gente joven, nuestros hijos y nietos.

A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios y recompensas. Entre sus reconocimientos destacan la Cruz de la Orden de San Raimundo de Peñafort del Ministerio de Justicia, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco del Ministerio del Interior, la Cruz Blanca de la Orden al Mérito del Plan Nacional de Drogas del Ministerio del Interior, la Cruz al Mérito Militar del Ministerio de Defensa y la Cruz del Mérito de la Real Academia de Ciencias de la Salud. ¿Cuál de estos reconocimientos ha sido más significativo para usted y por qué?

Después de las Medallas, los premios o los elogios que uno tiene a lo largo de la vida, y que no se deben desdeñar, no porque nos los merezcamos, sino porque hay que dar opción a la gratitud de los demás, lo más importante para mí sinceramente es cuando alguien me da las gracias porque le ayudé a salir de un bache en la vida, o porque supo decidir que camino tomar, o porque rehízo su vida, o un abrazo espontáneo en la calle, una mirada cómplice, una sonrisa, y en definitiva un querer. No hay nada que más me signifique a mí en este momento de la vida que el querer y que me quieran. Me educaron mis padres en la auto crítica, la austeridad y la humildad, y creo que aprendí bien la lección.

Actualmente ejerce la psiquiatría clínica privada y elabora peritajes médicos. ¿Hay algún proyecto profesional o publicación que esté desarrollando y quiera compartir con nosotros?

Quisiera compartir con todos los que han conseguido llegar al final de esta entrevista mi secreto más profundo, querer, es necesario amar, es urgente amar, sin amor nada es lo mismo. Mi último proyecto es que cuando Dios me llame y tenga que mirar hacia atrás, ver miradas de cariño y amistad, y sentir que la vida ha merecido la pena, y no sigo… porque alguno llorará. Un fuerte abrazo.

 

 

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