La falta de alimentos, electricidad y asistencia sanitaria agravó la sensación de abandono tras la DANA

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La falta de recursos básicos durante los primeros días posteriores a la DANA del 29 de octubre de 2024 incrementó la sensación de abandono entre las personas afectadas por las inundaciones.

La ausencia de alimentos, alojamiento temporal, electricidad y asistencia sanitaria alcanzó su momento más crítico a las 72 horas de la catástrofe, mientras que, conforme avanzó la recuperación, adquirieron mayor relevancia otras necesidades, como la ayuda administrativa y legal y la disponibilidad de profesionales para reparar las viviendas.

Estas son algunas de las principales conclusiones de una investigación de la Universitat Politècnica de València (UPV) publicada en la revista científica International Journal of Disaster Risk Reduction, especializada en gestión y reducción del riesgo de desastres. El trabajo analiza la evolución de las necesidades de los damnificados desde las primeras 24 horas hasta tres meses después de la riada y estudia cómo esas carencias influyeron en su percepción de abandono.

La investigación ha sido realizada por Mar Adsuara-Fayos, Gema Ventura-Navarro y Tomás Baviera, a partir de una encuesta a 300 personas directamente afectadas por la inundación. Los participantes residían en 23 municipios de la zona cero y habían sufrido pérdidas materiales en sus viviendas.

Las primeras 72 horas, el periodo más crítico

La encuesta se llevó a cabo entre mayo y junio de 2025, siete meses después de la DANA. Los investigadores analizaron cuatro ámbitos: necesidades básicas, apoyo práctico, apoyo emocional y social, y suministros esenciales del hogar, entre ellos electricidad, agua, gas, saneamiento y telecomunicaciones.

El estudio constata que las carencias fueron especialmente intensas durante la primera semana. El momento de mayor dificultad para acceder a recursos básicos se produjo a las 72 horas, cuando la falta de alimentos, alojamiento temporal, asistencia sanitaria y electricidad condicionó las condiciones de vida de los afectados.

A medida que transcurrieron las semanas y avanzó la recuperación, las prioridades cambiaron. Las dificultades relacionadas con la atención legal y administrativa, así como la búsqueda de profesionales para acometer las reparaciones de las viviendas, adquirieron mayor protagonismo.

«Posteriormente, las dificultades para recibir ayuda legal y administrativa adquirieron mayor importancia», explica Tomás Baviera, profesor de Marketing de la UPV.

Uno de los aspectos más significativos de la investigación es el análisis de los suministros esenciales del hogar como una categoría específica dentro del estudio de las necesidades posteriores a un desastre. La interrupción de servicios como la electricidad y las telecomunicaciones no representó únicamente una dificultad material, sino que también tuvo consecuencias emocionales y sociales.

«Para muchas personas, también suponía una sensación de vulnerabilidad, incertidumbre y aislamiento», añade Baviera. La pérdida de conectividad y de suministro eléctrico dificultó así la recuperación cotidiana y reforzó la percepción de desprotección entre los damnificados.

Soledad y abandono frente al agradecimiento al voluntariado

La investigación también profundiza en la experiencia emocional de las personas afectadas. Para ello, 172 participantes respondieron a una pregunta abierta en la que pudieron describir libremente cómo habían vivido la catástrofe y sus consecuencias.

De sus respuestas surgieron dos grandes grupos de emociones. Por una parte, la soledad, la impotencia y la sensación de abandono; por otra, el agradecimiento hacia quienes acudieron a prestar ayuda, especialmente voluntarios, organizaciones no gubernamentales, entidades privadas, familiares y amigos.

«De esas respuestas emergieron dos emociones muy claras: por un lado, la soledad, la impotencia y la sensación de abandono; por otro, un profundo agradecimiento hacia quienes acudieron a ayudar», señala Mar Adsuara-Fayos, que durante la elaboración del estudio cursaba el Grado en Administración y Dirección de Empresas y participaba como asistente de investigación en el Departamento de Economía y Ciencias Sociales.

El voluntariado aparece así como uno de los principales apoyos percibidos por los damnificados durante la emergencia. La investigación pone de relieve la importancia de la solidaridad ciudadana y de las organizaciones sociales en un contexto en el que las necesidades de la población superaron las respuestas disponibles en determinados momentos.

Mejorar la coordinación para evitar un «segundo desastre»

A partir de los resultados, los investigadores plantean varias líneas de mejora para la gestión de futuras catástrofes. Entre ellas figuran reforzar la comunicación y la coordinación entre las distintas administraciones e integrar de manera más eficaz a los voluntarios y las organizaciones sociales en los dispositivos oficiales de respuesta.

El objetivo es evitar que, una vez superada la emergencia inmediata, las personas afectadas tengan que afrontar nuevas dificultades derivadas de una recuperación lenta, de los obstáculos administrativos o de la falta de apoyo suficiente.

Gema Ventura-Navarro, que ha finalizado el Máster en Ingeniería Industrial de la UPV, advierte de que estas circunstancias pueden generar lo que la literatura especializada denomina un «segundo desastre»: el sufrimiento añadido que aparece durante la fase de recuperación cuando las necesidades de los damnificados no reciben una respuesta adecuada.

Esta perspectiva amplía el análisis de la gestión de emergencias más allá de la intervención durante las primeras horas. La atención a los afectados requiere también mecanismos de acompañamiento posteriores, procedimientos administrativos accesibles, apoyo para la reconstrucción de viviendas y coordinación entre los distintos actores que participan en la recuperación.

Una investigación nacida del programa Emplea UPV

El origen del trabajo se encuentra en el Programa Emplea, una iniciativa impulsada por el Servicio Integrado de Empleo de la UPV para promover el liderazgo femenino en las organizaciones. El programa combina formación específica con la aplicación práctica de los conocimientos a un caso real, con el acompañamiento de mentoras profesionales.

En este contexto, el proyecto desarrollado por las dos alumnas autoras del artículo estuvo vinculado a la mejora de la gestión de la asistencia a los damnificados por la DANA. Su interés por conocer la experiencia de los beneficiarios de las ayudas llevó a plantear una encuesta que posteriormente se convirtió en la base de la investigación científica.

«Fruto de su interés por la implicación, surgió la idea de conocer mejor la percepción de los beneficiarios de esas ayudas a través de una encuesta», explica Tomás Baviera.

La publicación en International Journal of Disaster Risk Reduction traslada ahora esos resultados al ámbito académico especializado en la gestión de catástrofes. Sus conclusiones apuntan a que la respuesta ante una emergencia no debe limitarse a proporcionar recursos durante los primeros días, sino que debe contemplar las necesidades cambiantes de la población y mantener el acompañamiento durante todo el proceso de recuperación.

 

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