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miércoles, julio 29, 2026

La guerra se extiende a los dispositivos electrónicos: la nueva guerra psicológica

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Los recientes ataques en Líbano con dispositivos de comunicación, conocidos como «buscas» han generado gran impacto en la región. Estos ataques se produjeron el 17 y 18 de septiembre de 2024 y resultaron en la muerte de al menos 32 personas y más de 3.000 heridos, muchos de ellos miembros del grupo chií Hezbolá.

Las explosiones fueron atribuidas a una operación coordinada por Israel, en la que se introdujeron explosivos dentro de unos 3.000 buscapersonas distribuidos entre los miembros de Hezbolá en Líbano y Siria. Los explosivos, activados de forma remota, estaban escondidos junto a las baterías de estos dispositivos, y fueron detonados simultáneamente a través de un mensaje que los usuarios recibieron en sus aparatos.

El ataque ha sido altamente sofisticado y afectó a una parte importante de los integrantes de Hezbolá, muchos de los cuales sufrieron heridas graves. También se reportaron explosiones adicionales de walkie-talkies un día después, lo que elevó el número de víctimas. Este incidente ha aumentado significativamente la tensión entre Israel y Hezbolá, y ha generado temor en la población civil debido a la utilización de aparatos cotidianos como armas.

El uso de dispositivos de comunicación como armas es una táctica nueva que ha desatado preocupaciones sobre las normas de la guerra y los derechos humanos, ya que ha afectado tanto a combatientes como a civiles.

En este contexto, el psicólogo Álvaro Gallego, consultado por Delta13News, explica que los recientes ataques mediante dispositivos electrónicos sufridos en el Líbano “pueden tener una fuerte repercusión a nivel psicológico en la población general al estar expuestos a grandes períodos de angustia con una intensidad muy elevada tal como pueda ser la amenaza constante de verse afectado por uno de estos ataques en una sociedad tan digitalizada como la de hoy en día”.

Algunas de estas consecuencias, prosigue, “tal y como se ha visto en conflictos anteriores y según la literatura científica son una mayor tasa de pensamientos e intentos de suicidio, hipervigilancia y sus consecuentes alteraciones en el ciclo vigilia sueño, y mayor tasa de uso de alcohol y drogas”.

Pero no acaba ahí la cosa, esa sensación de no saber si uno está a salvo, generada con la acción atribuida presuntamente a Israel, también puede tener consecuencias vinculadas al “desarrollo de trastornos mentales”. Unas afecciones, explica este experto, “frecuentes en la población general ante este tipo de situaciones y que se traducen en trastorno de depresión mayor, trastornos de ansiedad generalizada o el trastorno de estrés postraumático”.

En niños y adolescentes, prosigue Álvaro Gallego, “se ha visto no solo el desarrollo de las afectaciones previamente mencionadas sino también el de alteraciones conductuales y del neurodesarrollo como el trastorno negativista desafiante y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad”.

Siempre hay una primera vez

Israel ha utilizado anteriormente teléfonos móviles como herramientas en operaciones contra líderes de grupos terroristas. Un ejemplo destacado fue el asesinato en 1996 de Yahya Ayyash, uno de los principales líderes de Hamas conocido como «El Ingeniero», responsable de múltiples atentados suicidas en Israel.

Ayyash fue asesinado cuando un teléfono móvil que utilizaba fue detonado por explosivos ocultos en su interior. El dispositivo había sido manipulado por el servicio de inteligencia israelí, el Shin Bet, que logró infiltrar el entorno cercano de Ayyash y reemplazar su teléfono con uno preparado para explotar. Esta operación marcó un precedente en el uso de tecnología de comunicaciones como arma en la lucha antiterrorista, algo que parece haber evolucionado con los recientes ataques con buscapersonas y walkie-talkies en Líbano​.

El uso de teléfonos móviles como medio para realizar ataques selectivos se ha mantenido como una táctica efectiva debido a la cercanía y la confianza que los objetivos depositan en estos dispositivos de comunicación, lo que permite un acceso directo y letal sin la necesidad de una confrontación física.

La psicología de la guerra

La guerra psicológica es una estrategia utilizada en conflictos bélicos y situaciones de tensión para influir en las emociones, percepciones y comportamientos de los enemigos, civiles o incluso aliados. El objetivo es desmoralizar, sembrar confusión, intimidar o manipular a través de información y tácticas que erosionen la capacidad del adversario para tomar decisiones racionales y efectivas.

Para ello se emplean campañas de desinformación, rumores y propaganda para distorsionar la realidad y generar miedo, dudas o desconfianza en el enemigo. Esto puede incluir la distribución de falsos reportes de bajas, triunfos exagerados, o la creación de caos informativo.

La guerra psicológica se basa en el control y difusión de mensajes a través de radio, televisión, redes sociales o cualquier otro canal de comunicación. Los mensajes suelen estar dirigidos a públicos específicos, como la población civil, los soldados enemigos o líderes políticos, con la intención de influir en su estado anímico o decisiones. A menudo, se utilizan tácticas para intimidar psicológicamente al enemigo mediante la exhibición de fuerza, el uso de amenazas creíbles o acciones diseñadas para causar miedo sin necesariamente llevar a cabo actos físicos de violencia.

Entre esas acciones diseñadas para causar miedo, y en este caso sí daños personales, se encuadraría la novedosa y supuesta maniobra de Israel, usando dispositivos electrónicos en su guerra, podría decirse que ya abierta, contra los grupos terroristas de su entorno

Acompañando todo esto, la propaganda tiene un papel crucial en la guerra psicológica, al promover ideologías o narrativas que busquen influir en la percepción del conflicto. Al mismo tiempo, los actores involucrados intentan contrarrestar la propaganda del adversario con información propia. A Israel le está ayudando, y no sin razón, que lo suyo es considerado un ‘pearl harbour’, de modo que cualquier acción que adopte es justificada para no pocas personas.

Con carácter general, un objetivo clave de la guerra psicológica es minar la moral del enemigo. Esto puede lograrse a través de tácticas que generen incertidumbre sobre el éxito de la lucha, la lealtad de los líderes, o la estabilidad de las fuerzas armadas del adversario o, como ahora, la incertidumbre entre la población libanesa, y de cualquier otro país implicado, y sus consecuencias psicológicas de las que hablaba antes el psicólogo Álvaro Gallego.

 

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