La industria española de defensa y seguridad atraviesa una etapa de fuerte expansión, impulsada por el aumento de la inversión militar, la modernización de las Fuerzas Armadas y el incremento de la demanda internacional de sistemas tecnológicos avanzados. Los últimos datos disponibles muestran que el sector ya no puede analizarse únicamente desde la perspectiva del gasto militar: su impacto se extiende a la industria aeronáutica, espacial, electrónica, digital, de comunicaciones y a un amplio tejido de empresas que desarrollan tecnologías de uso dual.
Uno de los indicadores más significativos procede del informe elaborado por PwC para TEDAE, que analiza el ejercicio 2024. Las industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio alcanzaron conjuntamente una facturación de 16.153 millones de euros, un 16,2% más que un año antes. Dentro de este conjunto, Defensa y Seguridad facturaron 9.364 millones, un 16,4% más; Aeronáutica alcanzó los 11.370 millones, con un crecimiento del 14,5%, y Espacio llegó a 1.293 millones, un 14,9% más.
El peso exportador constituye uno de los elementos fundamentales para explicar esta evolución. Las empresas integradas en estos sectores realizaron en 2024 9.931 millones de euros en exportaciones, equivalentes al 61% de su facturación consolidada. La cifra refleja el grado de internacionalización de una industria en la que los grandes programas aeronáuticos y de defensa desempeñan un papel determinante. Según el análisis de EY publicado en 2026, España mantiene además un superávit comercial específico en defensa de 1.361 millones de euros, con una tasa de cobertura del 129%.
Este último dato permite matizar una de las cifras que aparecen habitualmente asociadas al comportamiento comercial del sector. El 12,1% no representa una caída del déficit comercial propio de la industria de defensa, sino la contribución de las industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio a la reducción del déficit de la balanza comercial española. En otras palabras, el efecto positivo sobre el comercio exterior procede de la capacidad exportadora de un conjunto industrial mucho más amplio que el estrictamente militar.
La estructura empresarial explica también buena parte de esta capacidad exportadora. El informe de EY señala que las grandes compañías representan el 20,7% del tejido empresarial de defensa, pero concentran el 91,6% del volumen de negocio, especialmente en los mercados exteriores. Las pymes constituyen, por el contrario, el 79,3% de las empresas, aunque generan únicamente el 8,4% de las ventas de defensa. Esta concentración convierte a las grandes compañías en empresas tractoras de una extensa cadena de proveedores y subcontratistas.
Las pymes, lo más
El ecosistema, sin embargo, está creciendo con rapidez. En junio de 2026, la Cámara de España señaló que el Registro de la Industria de Defensa había pasado de unas 400 empresas inscritas en 2024 a 748 en 2026. El 80% del sector está compuesto por pymes y el conjunto genera alrededor de 36.000 empleos directos altamente cualificados, una evolución que refleja la incorporación progresiva de nuevas compañías procedentes de ámbitos tecnológicos y de ingeniería.
La innovación es otro de los grandes motores de esta transformación. El estudio de PwC cifra en 2.614 millones de euros la inversión directa e indirecta en I+D+i realizada en 2024 por las industrias de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio, cantidad equivalente al 29,5% de toda la I+D+i del sector industrial español. El dato confirma que buena parte del valor añadido del sector procede de tecnologías avanzadas y no únicamente de la fabricación convencional de equipamiento militar.
La evolución de las grandes compañías permite observar con mayor claridad el impacto del nuevo ciclo inversor. Indra, uno de los principales grupos españoles vinculados a defensa y tecnología, cerró el primer semestre de 2026 con una cartera de pedidos de 20.533 millones de euros, un 117% más que un año antes. De esa cartera, 11.746 millones correspondían al área de Defensa. Sus ingresos crecieron un 29,7%, hasta los 3.179 millones, mientras que el EBITDA alcanzó 456 millones, un 72% más.
El incremento de la demanda está estrechamente relacionado con el esfuerzo inversor del Estado. España destinó en 2025 33.123 millones de euros a defensa, según las cifras recogidas por análisis sectoriales, y puso en marcha un Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa superior a 10.400 millones de euros, estructurado en 31 Programas Especiales de Modernización con horizonte hasta 2037. Una parte sustancial de estos recursos está destinada a capacidades tecnológicas, comunicaciones, ciberseguridad, sistemas de armas y equipamiento.
El efecto tractor de este proceso se está extendiendo además por distintas comunidades autónomas. Madrid, Andalucía, País Vasco, Cataluña, Castilla y León y Castilla-La Mancha concentran más del 80% de la facturación consolidada y del empleo directo de las industrias agrupadas en TEDAE. Paralelamente, están apareciendo nuevos polos vinculados a la defensa, la robótica, la inteligencia artificial y el análisis de datos, como demuestra el desarrollo del entorno industrial asociado al CETEDEX en Linares.
La evolución del sector también tiene una dimensión estratégica. España se ha consolidado como uno de los principales exportadores mundiales de material de defensa y participa en grandes programas internacionales como el Eurofighter, el A400M y otros proyectos cooperativos europeos. EY señala que durante el periodo 2019-2023 España ocupó el cuarto puesto en Europa y el octavo del mundo en exportaciones de defensa, con 3.964 millones de euros procedentes de programas cooperativos internacionales y otros 2.333 millones de exportaciones directas.
El reto ahora consiste en conseguir que el aumento de la inversión pública se traduzca en una base industrial más amplia, competitiva y tecnológicamente autónoma. El propio sector reclama mayor capacidad de financiación, inversión sostenida en I+D+i, disponibilidad de profesionales especializados y una mayor integración de las pymes en las grandes cadenas de suministro. EY señala que alrededor del 90% de las empresas del sector invierten en I+D, destinando de media el 12,2% de su facturación a estas actividades.
La fotografía de 2026 muestra, por tanto, una industria española de defensa en plena transformación: más empresas, más inversión, más exportaciones y una creciente integración entre capacidades militares y tecnologías civiles. El desafío para los próximos años será convertir este ciclo expansivo en una capacidad industrial permanente que permita a España competir en los grandes programas europeos, reducir dependencias tecnológicas y reforzar simultáneamente su posición como potencia industrial y tecnológica de defensa.



