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miércoles, julio 29, 2026

León XIV, preocupado por el «rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

El papa León XIV aprovechó este lunes su histórica intervención ante el Congreso de los Diputados para lanzar un llamamiento en favor de la paz, la protección de la dignidad humana y una gestión solidaria de los desafíos migratorios, al tiempo que expresó su preocupación por el creciente recurso al rearme y por la evolución de las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito militar.

Ante diputados, senadores, miembros del Gobierno y representantes de las principales instituciones del Estado, el Pontífice defendió que la seguridad de las naciones no puede sustentarse únicamente en la fuerza militar ni en la acumulación de armamento, sino que debe construirse sobre los pilares de la justicia, el diálogo y el respeto al derecho internacional.

En uno de los pasajes más significativos de su discurso, León XIV manifestó su inquietud por la situación geopolítica actual y por la creciente tensión internacional. «Me preocupa que en diversos lugares del mundo, y también en Europa, vuelva a presentarse el rearme como respuesta casi inevitable ante la fragilidad del escenario internacional«, afirmó ante los parlamentarios españoles.

Frente a esa tendencia, el Papa reivindicó una concepción más amplia y humana de la seguridad. «La verdadera seguridad, en cambio, nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra», declaró.

El Pontífice dedicó una parte importante de su intervención a reflexionar sobre los conflictos armados que afectan actualmente a numerosas regiones del planeta. En ese contexto, advirtió de que las guerras representan un fracaso colectivo de la comunidad internacional y de la capacidad de los Estados para resolver sus diferencias por vías pacíficas.

«Todo conflicto de guerra constituye, en última instancia, una dolorosa derrota de la capacidad de negociar y también de aquella conciencia común de la humanidad que reconoce vínculos de justicia entre las naciones», señaló. Asimismo, recordó que «las armas pueden imponer un silencio temporal, pero nunca podrán edificar una paz auténtica y duradera«.

León XIV hizo también una defensa explícita de la diplomacia y del multilateralismo como herramientas imprescindibles para prevenir conflictos. Según explicó, «la comunidad internacional está llamada a redescubrir el valor indispensable del diálogo como camino paciente hacia acuerdos justos y duraderos», sustentados en «el respeto a los tratados, la transparencia de la acción diplomática y la voluntad sincera de anteponer la paz al recurso a la fuerza».

El Papa alertó además sobre las implicaciones éticas derivadas del uso de la inteligencia artificial y de las tecnologías emergentes en el ámbito de la defensa. En un mensaje que resonó especialmente entre los responsables políticos presentes, pidió extremar la vigilancia sobre el desarrollo de sistemas militares automatizados.

«También el desarrollo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial en el ámbito militar exige una vigilancia ética rigurosa, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca sean descargadas sobre automatismos ni sustraídas a la responsabilidad moral de la persona humana», afirmó.

La inmigración como reto moral

Otro de los ejes centrales de su intervención fue el fenómeno migratorio, que definió como uno de los grandes desafíos morales y jurídicos de nuestro tiempo. León XIV insistió en que las migraciones no pueden analizarse exclusivamente desde parámetros económicos o demográficos, sino que deben abordarse desde la perspectiva de la dignidad humana.

«La afirmación de la dignidad humana no puede permanecer abstracta cuando tantas personas se ven obligadas a dejarlo todo para buscar paz, seguridad y futuro», señaló. A continuación recordó que «numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos».

El Pontífice denunció cualquier forma de discriminación hacia los migrantes y refugiados. «Ahí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica y social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos«, afirmó.

Asimismo, reclamó una respuesta internacional coordinada capaz de combinar la acogida con la lucha contra las causas que provocan los desplazamientos forzosos. «La situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos«, sostuvo.

En este sentido, defendió «ofrecer vías seguras y legales, una acogida respetuosa y posibilidades reales de integración», pero también «promover al mismo tiempo el derecho a permanecer en la propia tierra, trabajando para que nadie tenga que abandonar su hogar por falta de paz, seguridad o condiciones dignas de vida».

El Papa mostró especial preocupación por las redes criminales que se aprovechan de la desesperación de quienes emigran. «Muchas personas siguen siendo presas de traficantes y contrabandistas que se aprovechan de su desesperación», denunció, reclamando fortalecer «la prevención, el rescate y la asistencia a las víctimas» mediante una cooperación internacional más estrecha.

Durante su intervención, León XIV vinculó directamente los desafíos migratorios con la estabilidad internacional, las desigualdades económicas y los conflictos armados, insistiendo en que ninguna nación puede afrontar en solitario un fenómeno de tal magnitud. «Ninguna nación puede afrontar por sí sola un desafío de esta magnitud», advirtió.

El Pontífice concluyó este apartado recordando que unas políticas migratorias inspiradas en la dignidad humana pueden transformar la función tradicional de las fronteras. «Cuando la respuesta institucional se hace cercana, justa y coordinada, las fronteras dejan de ser lugares de abandono y pueden convertirse en espacios de protección responsable de la dignidad humana», afirmó.

En el tramo final de su discurso, León XIV apeló a la necesidad de rebajar la polarización política y fortalecer la convivencia democrática. «La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario», sostuvo, defendiendo una cultura de la escucha y del respeto mutuo como condición indispensable para la paz social.

Su intervención concluyó con una llamada a preservar la concordia y la cohesión nacional. «Que España continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza», deseó el Pontífice, cerrando un discurso marcado por la defensa de la paz, la cooperación internacional, la protección de los migrantes y una visión de la seguridad basada en la dignidad humana y el bien común.

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