Para comprender el trasfondo de la operación, conviene repasar cómo se ha ido gestando esta relación entre Escribano e Indra en los últimos años. EM&E (Escribano Mechanical & Engineering), empresa especializada en defensa, aeroespacial y seguridad, es de capital familiar y cuenta con una historia de crecimiento progresivo: empezó siendo un taller de mecanizados en Coslada y ha ido escalando en el sector de alta tecnología con especialización en componentes militares y sistemas de defensa.
Desde finales de 2024, Escribano incrementó su participación en Indra hasta alcanzar el 14,3 %, convirtiéndose en el segundo mayor accionista tras la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales).
En enero de 2025, Ángel Escribano (hermano de Javier) fue nombrado presidente de Indra tras la salida de Marc Murtra, lo que reforzó aún más los vínculos entre ambas entidades. Poco después, comenzaron a circular versiones de que Indra estaba evaluando una posible integración (o fusión) con EM&E para agrupar capacidades industriales y fortalecer su posición en el ámbito de defensa europeo. En abril de 2025, se supo que se había contratado a la consultora KPMG para realizar una due diligence sobre EM&E y valorar su viabilidad.
Por lo tanto, lo que ahora es objeto de declaraciones públicas ya tiene meses de trabajo previo y de rumor mediático, aunque no se había llegado hasta ahora al punto de que uno de los protagonistas, Javier Escribano, lo confirme con tantos matices, como acaba de hacer.
Las declaraciones de Javier Escribano y sus principales matices
La semana pasada, Javier Escribano ofreció una serie de declaraciones durante una visita a las instalaciones de EM&E en Alcalá de Henares (Madrid). En ellas, abordó varios puntos clave de la operación y, al mismo tiempo, clarificó lo que él considera ciertos malentendidos. En primer, se estaría fraguando una fusión, no una absorción, que sí, estaría prevista para antes de fin de año.
Escribano insistió en ese punto, en que la operación no será una absorción de EM&E por Indra, sino una fusión con sinergias y complementariedad entre ambas compañías, descartando que se trate de una compra pura y dura. Asimismo, se declaró convencido de que la fusión se realizará antes de que acabe 2025. “Lo que está encima de la mesa es una operación de fusión … se llevará a cabo antes de finales de año”, afirmó textualmente.
Por otra parte, rechazo absoluto al plan alternativo o venta. Javier Escribano fue muy claro: no contempla un plan B. Si la operación no sale adelante, no venderán la empresa ni abandonarán sus participaciones. “Hemos venido para quedarnos”, dijo. Rechazó también la idea de que en ausencia de la fusión vendan la sociedad a un tercero u opten por otra estrategia.
Empleo, sinergias y cadena de valor
Un punto que enfatizó fue que la operación no implicará recortes de plantilla, sino lo contrario: proyecta un aumento de empleados. “No va a suponer una reducción de plantilla en EM&E; al contrario, vamos a crecer porque tenemos los contratos para ello.” Para él, parte del objetivo es consolidar capacidades industriales que permitan traccionar a las pymes del ecosistema de defensa en España. En sus palabras: la fusión busca generar empleo de calidad y cohesión territorial, instalar fábricas en zonas menos favorecidas y expandir la cadena de suministro.
Por otra parte, según Javier Escribano, la operación no requeriría desembolso de efectivo (“sin mediar efectivo”), sino que se articularía mediante canje accionarial y una ampliación de capital por parte de Indra. El negociado sobre los términos, es decir, qué porcentaje de Indra correspondería a los accionistas de EM&E, dependerá de la valoración que produzcan los bancos asesores.
Asesores nombrados, conflicto de interés y legitimidad del proceso
Para reforzar la transparencia del proceso, Escribano mencionó que se han contratado “los mejores bancos del mundo”: EM&E con JP Morgan y Santander e Indra con Goldman Sachs y Morgan Stanley, entre otros. Ante las sospechas de conflicto de interés (por la vinculación familiar entre Javier y Ángel Escribano, y su doble rol en ambas empresas), Javier negó directamente que eso comprometa la operación. Además, aseveró que la operación no es monetaria ni especulativa, sino con un enfoque industrial estratégico.
En cuanto a los números, Javier Escribano estimó que EM&E alcanzará en 2025 una facturación cercana a 480 millones de euros, con un EBITDA de entre 180 y 190 millones. La cartera de pedidos antes de los recientes contratos con programas especiales de modernización se situaba en torno a los 1.500 millones de euros, cifra que ha aumentado gracias a adjudicaciones recientes del Gobierno en el ámbito defensa.
De confirmarse la operación en los términos que Javier Escribano está anunciando, las consecuencias para el sector de defensa español, para Indra y para EM&E podrían ser profundas. La fusión sumaría know-how, capacidades industriales y cartera de proyectos, lo que podría situar al nuevo grupo en una posición más competitiva frente a empresas europeas consolidadas.
Uno de los objetivos declarados es que este “actor tractor” impulse a las empresas más pequeñas del ecosistema para que participen en proyectos de mayor envergadura. Con una estructura más fuerte, la firma combinada podría pujar con más credibilidad por contratos europeos de defensa, programas multinacionales o incluso exportaciones.
La operación tiene como parte de su discurso la descentralización industrial: crear fábricas fuera de Madrid, activar zonas menos desarrolladas y generar empleo de calidad. Tras la fusión, los accionistas de EM&E recibirían acciones de Indra. Su participación consolidada podría convertirse en un bloque relevante dentro de la estructura accionarial, aunque probablemente diluido frente a la SEPI u otros inversores. Habrá que ver si, finalmente, los Escribano vuelven a casa con o sin turrón.
Luis Miguel Belda es Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia




