Una investigación conjunta de la Universitat Oberta de Catalunya y la Universidad Pompeu Fabra ha puesto cifras a una preocupación creciente en el ecosistema digital: el aumento de la polarización ideológica y la expansión de contenidos sesgados o falsos en Facebook.
El estudio, considerado uno de los análisis empíricos más amplios sobre el fenómeno, examinó más de seis millones de enlaces de noticias procedentes de 1.231 dominios estadounidenses compartidos en la plataforma entre 2017 y 2020. Sus conclusiones dibujan un escenario en el que los cambios algorítmicos, el comportamiento de los usuarios y la calidad de las fuentes se entrelazan en la amplificación de la división política online.
El periodo analizado no es menor. Los investigadores observaron la circulación informativa durante años especialmente convulsos en Estados Unidos, marcados por acontecimientos de enorme impacto público: desde las elecciones de medio mandato de 2018 hasta las presidenciales de 2020 —que desembocaron en el asalto al Capitolio tras la derrota de Donald Trump— y la irrupción de la pandemia de la covid-19. Este contexto permitió evaluar cómo reaccionan las dinámicas de difusión en momentos de alta tensión política y social, y hasta qué punto las redes sociales contribuyen a reforzar burbujas ideológicas.
Uno de los hallazgos centrales del trabajo es que el aumento de la polarización coincide temporalmente con modificaciones clave introducidas por Facebook en su algoritmo de recomendación. En 2018 la plataforma comenzó a priorizar las comparticiones y los comentarios frente a los tradicionales “me gusta”, y en 2020 volvió a ajustar el peso de las interacciones dando mayor relevancia a los comentarios.
Estos cambios alteraron el modo en que los contenidos ganan visibilidad en el feed de los usuarios. Sin embargo, los propios autores introducen cautela metodológica: subrayan que no puede establecerse una relación causal directa entre las modificaciones del algoritmo y el aumento de la polarización, una cuestión que, advierten, requerirá investigaciones futuras más específicas.
El estudio, publicado en abierto en la revista EPJ Data Science, cuenta con la participación del investigador Andreas Kaltenbrunner, coordinador del grupo Artificial Intelligence and Data for Society (AID4So) del centro UOC-TECH. Su equipo analizó el engagement, medido a partir de clics, comparticiones, comentarios y reacciones, para relacionarlo con la orientación ideológica de los usuarios y con la fiabilidad de las fuentes informativas.
Los resultados muestran un patrón especialmente revelador: el engagement adopta una forma de “U”. Es decir, los usuarios situados en los extremos ideológicos interactúan mucho más con los contenidos que los moderados. Este comportamiento tiene consecuencias directas en la visibilidad de las noticias, ya que el propio diseño algorítmico tiende a premiar los contenidos con mayor interacción. En la práctica, esto implica que los mensajes más polarizados, que generan reacciones más intensas, tienen más probabilidades de circular ampliamente.
El trabajo añade otro elemento inquietante: “El contenido más sesgado también tiende a proceder de fuentes de menor calidad”. La investigación detecta así una convergencia entre polarización y baja fiabilidad informativa, lo que refuerza el riesgo de desinformación. No se trata solo de que los usuarios consuman contenidos alineados con sus ideas, sino de que, en muchos casos, esos contenidos provienen de medios menos rigurosos, lo que amplifica la posibilidad de que circulen noticias engañosas o manipuladas.
Con todo, los autores evitan cargar toda la responsabilidad sobre la tecnología. El informe subraya que la polarización también se explica por la conducta de los propios usuarios, que tienden de forma natural a exponerse a informaciones afines a su ideología, un fenómeno conocido como “selección confirmatoria”. Tras los cambios introducidos por la plataforma, las diferencias entre las dietas informativas de progresistas y conservadores se han intensificado, reduciendo los espacios informativos compartidos.
Las implicaciones del estudio van más allá del ámbito académico. Los investigadores advierten de que esta creciente segmentación informativa dificulta los puntos de encuentro necesarios para el debate democrático. Cuando las audiencias consumen realidades mediáticas cada vez más divergentes, sostienen, se debilita la base común de hechos sobre la que se construye la deliberación pública.
En definitiva, la investigación de la UOC y la UPF dibuja un ecosistema digital donde algoritmos, incentivos de interacción y comportamientos humanos se retroalimentan en la expansión de la polarización.
Aunque no establece una causalidad directa entre los cambios de Facebook y el aumento de la división ideológica, sí apunta a una dinámica preocupante: los contenidos más extremos y de menor calidad encuentran un terreno especialmente fértil en las lógicas de visibilidad de la plataforma. Un diagnóstico que reabre el debate sobre la responsabilidad de las redes sociales y sobre la necesidad de diseñar entornos informativos que favorezcan —y no erosionen— la conversación democrática.



