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miércoles, julio 29, 2026

Los países con una estructura de gobierno más descentralizada tienen mayores niveles de felicidad

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Los factores que configuran la felicidad, y que hace que existan notables variaciones entre los niveles de felicidad autopercibida en los diferentes países en todo el mundo, siempre ha sido motivo de estudio y debate. Pero dentro de estos factores, ¿hasta qué punto la descentralización de un estado, tal cual sería el caso de España afecta a los niveles de felicidad?

Una investigación encabezada por Ignacio Lago , catedrático de Ciencia Política e investigador del Grupo de Investigación en Instituciones y Actores Políticos de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) analiza el impacto de la descentralización del poder político y económico en los niveles de felicidad a nivel mundial, y concluye que la organización descentralizada de sus ciudadanos genera mayores índices de felicidad.

El estudio, publicado en la revista Publius: The Journal of Federalism, y que junto a Ignacio Lago, cuenta con la participación de Cristina de Gispert , Núria Bosch y Maite Vilalta, vinculadas a la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, ​​utiliza datos del Informe Mundial de La Felicidad de todo el mundo a lo largo de cuatro años.

Esta cobertura amplía el análisis empírico más allá del foco habitual, centrado en los países occidentales, permitiéndoles utilizar un enfoque que maximiza la variación de la felicidad y de las variables independientes, como el PIB per cápita, la tasa de paro o la esperanza de vida.

Según los autores, “nuestros resultados revelan que los países con estructuras de gobierno descentralizadas registran mayores niveles de felicidad, principalmente impulsados ​​por el aumento del gasto subcentral (autonómico, en España)”. Y añaden: «Además, la felicidad se ve afectada de forma más positiva cuando los servicios locales se financian mediante transferencias de niveles superiores de gobierno, en lugar de impuestos locales».

Sabido es que los mecanismos económicos y políticos conllevan una correlación positiva entre la felicidad y la descentralización: la descentralización fiscal permite una asignación más eficiente de los recursos en el sector público; las unidades subfederales independientes posibilitan una toma de decisiones más localizada, con políticas más adaptadas a las necesidades de las poblaciones regionales; la proximidad de las instituciones al ciudadano ayuda a mejorar la responsabilidad de los políticos; y, finalmente, la descentralización fomenta la competencia entre los distintos gobiernos subcentrales y estimula la eficiencia y la innovación de políticas públicas.

Pero los autores van más allá, y descifran la “caja negra” de la descentralización: examinan los mecanismos específicos que impulsan sus efectos sobre la felicidad. Concretamente, exploran cómo las diferentes formas de gastos e ingresos gubernamentales impactan en la felicidad: distinguen entre gastos, ingresos (en general) e ingresos fiscales, y lo hacen, por separado, de forma descentralizada y centralizada.

Esta relación positiva que han encontrado se debe principalmente a la descentralización fiscal: cuanto mayor sea el gasto subcentral (autonómico, en España), mayor será la felicidad reportada: «Nuestros hallazgos muestran que cuantos más recursos tienen los gobiernos subcentrales, mejor pueden satisfacer las necesidades de los ciudadanos. Esto permite un mejor gasto, que puede afectar positivamente a los niveles de felicidad».

El efecto psicológico de la «ilusión fiscal» determina la percepción de felicidad

Los autores han descubierto que los beneficios percibidos de la toma de decisiones localizada están entrelazados con el efecto psicológico de la «ilusión fiscal»: el impacto de los impuestos y las transferencias sobre la felicidad depende, en cierto modo, de las percepciones de los ciudadanos sobre el coste de los servicios públicos.

«Cuando los gobiernos subcentrales se financian mediante transferencias, los ciudadanos tienden a ser más felices, puesto que no perciben completamente el coste real de los servicios públicos debido a la ‘ilusión fiscal’. En cambio, la financiación a través de impuestos, tiende a disminuir la felicidad, ya que los ciudadanos tienen una comprensión más clara del coste de los servicios», aseguran.

Según los autores, los responsables políticos deberían tener en cuenta sus hallazgos a la hora de diseñar políticas destinadas a mejorar la felicidad y el bienestar en general, que según Naciones Unidas, son objetivos y aspiraciones universales para las personas de todo el mundo: «Mejorar la calidad institucional, promover la libertad económica con precaución y garantizar una descentralización efectiva son estrategias concluyen.

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