¿La declaración de una guerra abierta por parte de la OTAN contra Rusia por el incidente de los drones en suelo polaco? Es muy improbable. Lo que sí existe, a la luz de lo que ha ocurrido y trascendido, es un riesgo real de escalada entre ambas partes
Como se sabe, varios drones rusos (entre 19 y 23, está por determinar la cifra total) violaron este miércoles el espacio aéreo de Polonia, un país miembro de la OTAN. Polonia los identificó y derribó, con apoyo de aviones de la OTAN.
Inmediatamente, Polonia invocó el Artículo 4 del Tratado de la OTAN, que obliga a consultar con los aliados cuando se percibe una amenaza a la seguridad o la integridad territorial. Hay que recordar que una intervención militar directa es cuando un país miembro invoca el artículo 5, el siguiente.
Rusia niega que sus fuerzas hayan tenido la intención de atacar a Polonia, dice que los drones no tenían como objetivo ese país. Bielorrusia también ha dicho que algunos drones “se desviaron”.
Lo que nadie oculta son los factores que aumentan el riesgo de escalada más importante, como es la violación de espacio aéreo de la OTAN, lo que se ha producido, en realidad, pero sin que quede clara la voluntad rusa de hacerlo. El hecho de que haya sido un país miembro de la OTAN, y que haya habido respuestas militares, incrementa el riesgo político-militar de escalada. Porque la OTAN tiene obligaciones de defender el territorio de sus miembros.
Lo que también es cierto es que, si bien ha habido incidentes anteriores de drones o proyectiles cruzando fronteras, lo de ahora es más serio en cuanto al número, alcance, participación y daños, lo que puede obligar a las partes a tomar decisiones más firmes.
Voluntad de disuasión de la OTAN
La Alianza ha respondido, tirando de manual, eso es cierto, mostrando que tomará medidas si su espacio aéreo es vulnerado, lo que puede desalentar futuras incursiones si Rusia considera que el coste es mayor, pero no ha ido más lejos de la condena de su secretario general Mark Rutte.
Hay también condenas diplomáticas de la UE, de la OTAN, preocupación en medios internacionales, etc. Hasta un singular reproche a Rusia por parte de Donald Trump. Eso añade costes reputacionales a Rusia si la situación empeora. Aunque hay que preguntarse si a estas alturas a Rusia le importa algo su reputación.
Factores que reducen la probabilidad de guerra abierta
Invocar el Artículo 4 es serio, pero no obliga automáticamente a una respuesta militar como el Artículo 5, que contempla la defensa colectiva si un aliado es atacado. Hasta ahora, las consultas están en curso, no hay declaración de guerra o contraataque directo.
Si bien muchas señales apuntan a que podría haber sido deliberado, Rusia lo niega y dice que podrían haber sido errores o desviaciones. Esa ambigüedad puede dar espacio diplomático para bajar tensiones.
Un conflicto directo entre Rusia y OTAN tendría consecuencias enormes, incluidas destrucción, sanciones, riesgos nucleares, etc. Eso actúa como elemento disuasorio para que ambas partes eviten pisar el umbral de “guerra formal”. Las instituciones como la OTAN, la UE, e incluso organismos multilaterales pueden mediar, imponer sanciones, aumentar la presión, demostrar firmeza sin necesariamente desencadenar un conflicto abierto. Y eso está haciendo, y parece que va a seguir haciendo.
¿Escenarios posibles a partir de ahora? Escalada limitada, esto es, más incursiones, respuestas militares puntuales, refuerzo de defensa aérea, más sanciones; una respuesta fuerte de la OTAN, que podría implicar patrullas aéreas reforzadas, interceptaciones más agresivas, ejercicios militares mayores cerca de la frontera, apoyo militar más intenso a Ucrania o una escalada accidental derivada, por ejemplo, de que un dron provoque daños graves, muere alguien, se confunde quién lo disparó, etc., lo cual podría disparar reacciones en cadena. Por supuesto, sin olvidar una desescalada negociada, tras presiones diplomáticas, declaraciones y negociaciones que podrían servir para evitar que vaya a más.
Y sí, hay riesgo de ir a mayores, pero es un riesgo bajo que esto se convierta inmediatamente en una guerra abierta entre Rusia y la OTAN. Más probable es una escalada gradual si no se contiene la situación, con mayores tensiones, militarización y confrontaciones menores. Pero también hay muchas razones para creer que las partes querrán evitar caer en un conflicto generalizado.
Luis Miguel Belda es Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia




