Sandra Palo Bermúdez. 22 años tenía cuando fue secuestrada mientras esperaba, junto a un amigo, el autobús para volver a su casa. Frente a ellos para un vehículo con los cuatro menores, de entre 14 y 18 años, que secuestran a la fuerza a ambos. A él le sueltan al poco y a ella la llevan a un descampado, donde la violaron y asesinaron de la forma más cruel. Esta entrevista a su madre, María del Mar Bermúdez, que leerá, como su padre, Francisco Palo, huye de recrearse en lo que ocurrió, tantas veces contado en los medios, tantas veces repensado por la familia de la víctima.
Este periodista, quien los conoció a ambos en febrero de 2008, durante una visita al Parlamento Europeo para reclamar el endurecimiento de las penas a los menores de edad por crímenes tan graves como el que acabó con la vida de su hija, vuelve a reencontrarse con ellos 16 años después. Lo hace en Getafe, donde vivía con su familia Sandra, donde aún viven sus padres, donde pude visitar, y rezar, frente al monolito que colocó en su recuerdo el Ayuntamiento de Getafe, en un parque muy próximo a la casa que habitó en vida, en el popular barrio de Las Margaritas.
“Pues mira, desde que pasó lo de mi hija, yo no tengo vida, no tengo vida propia. No lo he superado. Antes era una persona muy alegre. Me relacionaba con todo tipo de personas, gente mayor, gente más joven. He visto que parte de mi vida se me ha pasado en estos 21 años”. Quien habla es Mar Bermúdez, a quien sus “nietos maravillosos” sí le dan la vida. Tres en total, la más pequeña de las cuales fue bautizada Sandra, como su tía. “Es un torbellino, igual que ella, igual que ella, flipas con los ojos que tiene y, bueno, eso también me dio mucha vida, la verdad es que sí”.
No es costumbre de este periodista el tuteo con los entrevistados, bien al contrario, puede que resulte hoy antiguo, pero Mar casi me lo exige. No en vano, cuando me reencontré con ella este año, tras aquel viaje de 2008 a Estrasburgo al que acudimos un grupo de periodistas, la abracé con el aprecio, respeto y empatía que uno siente cuando abraza a alguien en quien siempre pensó en esos años, de quien siempre habló con alguien de aquel trágico suceso, como cuando cuento mi experiencia personal al bajar al zulo de Ortega Lara, aún sucio el plato del último alimento que ingirió. Es de esas experiencias personales que le marcan a uno para siempre.
Mar me lo pone muy fácil, tampoco lo puedo negar, y eso justifica que rompa con la teórica premisa de cualquier periodista de permanecer ajeno al hecho noticioso, de su o sus protagonistas, eso que se reconoce como objetividad. Pero esta vez prefiero centrarme en el rigor sin más, que no es, en realidad, sino objetividad en estado puro, pero sin la absurda exigencia de guardar las distancias.
No salir de casa tampoco es bueno del todo…
Es que salir… mi hijo trabaja en pub aquí en Getafe y siempre insiste en que vayamos, pero es que no me apetece. Sé que tengo que salir, ahora viene mi cumpleaños (lo fue hace muy poco) y bueno, pues me iré a comer con mis hijos. Las fiestas… no me gustan, por ejemplo, ni el Día de la Madre, ni el Día del padre, ni mi cumpleaños, ni las Navidades. Lo único son los Reyes y Papá Noel, porque disfruto comprando y disfruto ver a mis nietos”.
Llevo casi 20 años en el psiquiatra y creo que no lo voy a superar jamás. Habrá gente que dice que sí, que abra esa página, pero yo no puedo. Es que es algo tan duro… porque con ella he vivido muchas cosas; con 10 meses tuvo una meningitis y con 9 años un accidente; hizo la comunión con el cabestrillo. En el colegio le hicieron bullying y luego me la arrebataron de esa manera. Ni los animales lo hacen, porque cuando los animales matan es porque quieren comer, no matan por matar.
Francisco Javier Astorga Luque ‘el Malaguita’, Ramón Santiago Jiménez ‘Ramón’, José Ramón Manzano Manzano ‘Ramoncín’ y Rafael García Fernández ‘El Rafita’ fueron detenidos y condenados…
No han tenido lo que son penas, no han sido penas, han sido vacaciones, que cuando salieran iban a volver a delinquir, y no me he equivocado. Más de veinte antecedentes cada uno. Pero la justicia aquí funciona así. En Alemania o Reino Unido hay dos niños con 14 y 12 años que van con mono (de presidiario). Aquí, ni mono ni nada, aquí zapatillas Nike.
Os echasteis a la calle para recoger firmas con el fin de endurecer las penas a los menores, como los asesinos de tu hija.
No solo con las firmas, es que a mí se me concedió una subvención para que tuviera una asociación en nombre de Sandra. Y ese dinero iba destinado exclusivamente a ayudar a otras víctimas, pero la subvención era mínima; apoyamos a los familiares de Marta del Castillo o de Mari Luz Cortés. Todo lo que hemos podido lo hemos hecho.
¿Cómo era Sandra?
Como se suele decir, hay gente que nace con estrella y otros nacen estrellados. Mi hija nació estrellada. Con diez meses era una niña guapísima, nació rubita, pero sufre una meningitis. Ella no sabía nada, ni comer, ni leer, ni su nombre, ni nada. Tuvimos que enseñarle de todo y ya cuando fue creciendo la enseñamos a coger el autobús, el metro, el tren… Al principio me iba con ella y al final ya se iba sola. Era una niña muy alegre. Nosotros teníamos un negocio de ultramarinos y Sandra siempre ayudaba a la gente mayor. De las secuelas de una operación y una cicatriz, que siempre procuraba taparse con su pelo, los típicos niños maleducados la llamaban de todo, y eso a ella le dolía mucho. Yo me he tenido que enfrentar a muchos niños en el colegio también.
17 de mayo de 2003, un día en apariencia normal. Sandra, después de estar con su novio, regresa a casa con un amigo común.
A ver, ella tenía su novio, que vivía en Plaza Castilla. Había veces que venía a las nueve de la noche a casa. La mañana de ese día le dijimos que, por favor, viniera pronto, porque teníamos la comunión de mi hijo menor al día siguiente y teníamos que ir a la peluquería y a otros sitios. Me dijo que no me preocupara. Eran las 9 de la noche y no llegaba, pero le dimos un margen. No obstante, la llamé al móvil, pero no tenía tarjeta, por lo que llamaba al novio o al amigo. Hablo con el novio y me confirma que está Sandra con él. Habían estado en una discoteca. Hablo con ella y le digo que se venga ya porque tenemos que descansar, hay que ir mañana a esto y me dice que sí, pero no volvían y volví a llamar al poco tiempo, sobre las once de la noche y ya le digo que se venga.
Sobre la medianoche me llama llorando porque habían perdido el metro y le digo que se coja un taxi. El caso es que, en vez de ir por Usera para arriba, se fueron en dirección contraria, por los quitamiedos de la M-30 y ahí donde los cogieron a punta de navaja. Tras esa última llamada con Sandra, cuando quise contactar con ellos más tarde no hubo manera. Estuve llamando y sobre las dos o dos y media de la madrugada me manda un mensaje Juan Alberto, que era amigo, me manda un mensaje (SMS) y me dice que ya viene Sandra para casa y me agrega que, si no llega, que le avise. Pensé ¿Qué mensaje más raro, no? Si viene para casa ¿para qué le tengo que avisar? Al poco rato manda otro mensaje y me dice algo así como ‘ya no hace falta que me avises’ y ahí es cuando lo que creo que pasó es que a él ya le habían soltado amenazándole de que le iban a cortar el cuello. Por entonces, yo no lo podía saber. Lo imaginamos después, claro.
La Comunión la tenía que hacer, porque la tenía programada. Habrá gente que pudo no entenderlo entonces ni ahora, pero en ningún momento pensé en lo que pasó. Me dije, bueno es San Isidro, son las fiestas, se habrá quedado a dormir en casa de alguien. Yo sí que no dormí en toda la noche. Y venga a esperar, venga a esperar y fuimos al final a la peluquería, me vine con mi madre, a quien no sabía qué decirle cuando se entera que aún no estaba Sandra. Hicimos la comunión malamente, porque estaba más tiempo en el baño llorando que con mi hijo pequeño que había recibido su primera Comunión. Teníamos discoteca, una capea, un montón de cosas que yo no disfruté de nada. Yo lo único que pensaba es que mi hijo disfrutara, pero irme lo antes posible.
Juan Alberto, el amigo que acompañaba a Sandra, fue el último en verla con vida. Hablaste con él, pero siempre has dicho que no colaboró en el juicio porque sus padres se lo impidieron.
Estando en la iglesia, mi cuñado llamó a Juan Alberto y sí le cogió el móvil. Le preguntó si Sandra estaba con él y él dijo que no, y mi cuñado le insistió, diciéndole que no se iba a enfadar ni nada…
Llegaría a pensar que habían cometido una chiquillada y que les iban a castigar, claro.
Mi cuñado le dijo que no se preocupara, que si estaba en su casa él iba a buscarla y la traía, pero él insistía en que allí no estaba. Entonces, mi cuñado oyó a sus padres de fondo y le quitaron el móvil.
Bien, como nos teníamos que ir, a la que hoy es mi cuñada, Marina, le di las llaves de casa con el encargo de que, si volvía Sandra, estando nosotros en la Comunión, le dijera que se duchara y cambiara de ropa y la llevara a Illescas, que es donde tenía lugar la celebración. Desde allí llamaba a Marina preguntando por si había vuelto, y nada. Entonces, mi cuñada, hermana de mi marido, y su esposo, se fueron antes de la celebración para buscar a Sandra por el entorno de San Isidro, que estaba de fiesta, a ver si la encontraban. Pero nada. Entonces ya fue cuando Paco y yo nos fuimos a casa, nos cambiamos de ropa, y cogimos unos papeles con la intención de ir a una comisaría de policía. En ese momento, nos llaman a casa, la Policía, y nos preguntan si vive aquí nuestra hija, Sandra Palo, y me dicen que a qué esperábamos nosotros para denunciar. Y le dije ¿denunciar el qué? Y me responde ¿no está su hija desaparecida? Le dije que justo íbamos a ir a la comisaría de la calle Churruca, pero me dice que acudamos a la de Leganés y que hablarán con nosotros. La verdad es que iba nerviosa, pero lo que menos me pensaba es que lo que pasó en realidad. Pensé en que la habían pegado, o que le habían quitado el DNI o el móvil. Llegamos, nos dicen que nos sentemos y ahí sí empiezo a ponerme nerviosa. Entonces veo pasar a dos policías de paisano de un despacho a otro y le digo a Paco ‘Uf, esto no me gusta’. En efecto, uno de ellos me avisa de que me ponga en lo peor. Y por decirme algo, me dijeron que se había producido un atropello. Me enseñó una prenda para que la identificáramos. Se trata de un zapato, que cuando lo vi pregunté enseguida por mi hija. En ese momento ya me dicen que la habían atropellado y se me derrumbó todo. En la Comisaría les dijeron a mi marido y a mis cuñados lo que había pasado, pero a mí no, lo supe días después. Aunque ni siquiera les contaron todo. Luego nos fuimos enterando poco a poco de los detalles.
Los detienen.
Al primero que cogieron fue a ‘Rafita’, que estaba escondido en Valdemingómez, en una caravana donde vivía el abuelo. Luego, a los pocos días cogieron a los dos ‘Ramones’ y al mayor también lo cogieron en Valdemingómez, todos escondidos. En aquellos momentos yo no daba crédito de lo que en realidad le habían hecho a mi hija.
La otra tortura, las pruebas forenses…
Esperamos dos meses y medio para poder enterrarla. En la primera autopsia no encontraron prácticamente nada, cuándo y cuánto se le había pegado, violado, sujetado, atropellado y quemado. Pedimos, entonces una segunda autopsia, la del doctor Luis Frontela, quien encontró de todo. Hasta constató que la quemaron con un hilo de vida.
Necesitaste ayuda.
Llevo muchísimos años con el doctor Francisco Ferre Francisco, que es Jefe del Servicio de Psiquiatría del Adulto y Codirector del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón. Es el que me dijo en la última sesión que ‘no tengo vida’ y me animó a apuntarme a actividades como manualidades y esas cosas. Como yo me conozco, lo único que he pensado es ir todos los días con mi marido por la mañana al parque con los perros y al menos salgo de casa. (El parque al que acuden a diario a pasear a los cuatro perros que les hacen compañía en casa es el mismo en el que se ubica el monolito que recuerda a su hija. Una forma de estar más cerca de ella).
Tú y Paco fuisteis muy requeridos por los medios de comunicación. Hubo gente que pensó que estabais ganando dinero a costa de vuestra hija. Nada más lejos de la realidad.
En su día, convocamos una concentración donde vivimos que yo no sé de dónde salió tantísima gente. Vinieron de todos los alrededores, de todos los sitios. También víctimas de otros asesinatos y la verdad es que aquello me reparó muchísimo. Pero esto tiene también una doble cara. Como te veían en tantos programas de televisión, y es verdad que hemos salido en muchísimos programas, algunos, que no tienen otra cosa que pensar en lo malo, pensaban que nosotros nos estábamos lucrando. Eso jamás ocurrió. Nunca. No me he lucrado nunca de la muerte de mi hija. Ni lo he hecho ni lo haré. Lo único que siempre he hecho ha sido defender el honor de mi hija. Lo que me reconforta es que el día de mañana, cuando ya no estemos sus padres, se la siga recordando.
¿Podrás perdonar a los asesinos de vuestra hija algún día?
Yo no podría perdonar. Por supuesto que me he olvidado, pero perdonar… Es que eso no se puede perdonar. Dicen que para que uno esté mejor debería perdonar. Me lo han dicho muchas veces, pero es que no. Quizá debiera perdonarme a mí misma antes. Porque yo me decía ¿y si hubiese cogido un taxi e ir a por ella? Esa es la cosa que te queda.
¿Qué te hubiera ayudado en este tiempo, incluso hoy?
Hombre, que las penas hubieran sido justas. Creo que las penas fueron irrisorias para nosotros y para todo el mundo. Saben que las penas son de risa. Es que no son ni penas.
El PP os ayudó en aquella época. La Comunidad de Madrid, por ejemplo, os acompañó al Parlamento Europeo para reclamar el endurecimiento de las leyes sobre los menores acusados de delitos tan graves como el vuestro.
Mariano Rajoy se comprometió a que si salía como presidente del Gobierno iba a aumentar las penas de los menores, iba a cambiar la ley del menor, pero no lo hizo. Por eso siempre pido que nadie me relacione con ningún partido, porque no soy de ningún partido, porque ninguno ha venido a mi casa y me ha dicho ¿necesitas algo? Ahora bien, tengo que agradecer, y mucho, por ejemplo, que nos llamara hace unos días la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien se mostró muy cariñosa con nosotros y ordenó iluminar el viernes pasado la fachada de la Puerta del Sol de azul, el color preferido de mi hija. Eso tampoco lo debo olvidar.

¿Qué le pasa a una parte de la sociedad que no parece tener caridad?
Aquí en el parque (en el barrio de Las Margaritas) el Ayuntamiento de Getafe levantó un monolito en recuerdo de mi hija: al día siguiente estaba lleno de pintura. Qué vergüenza. Le pusieron un árbol, lo rompieron; una plaquita, la arrancaron y aparecía en un contenedor o partida con un martillo. Pero el Ayuntamiento nos dijo que cada vez que se rompiera, lo repondría. Y así ha sido hasta ahora. Ahora hay una placa grande sobre la que han tenido que poner unos tornillos anclados al suelo que son super largos.

Enfrente, otras personas que demuestran comprensión, cariño y eso que decía tan infravalorado en este tiempo, la caridad…
Ahí está la madre del novio de mi hija Sandra. El novio a mí no me puede ver porque dice que yo me parezco mucho a Sandra y le recuerdo mucho a Sandra. El pobre no me puede ni ver. Es verdad que no nos vemos, pero si hago algo en recuerdo de mi hija, siempre viene la madre.
¿Cómo lo hicimos los periodistas? ¿Qué piensas de según qué tratamiento se hizo de vuestro caso?
Es verdad que algunos han tendido mucho a morbo. Hasta hubo un periódico que llegó a publicar que mi hija era prostituta. Y aunque hubiese sido una prostituta, era una persona, son personas. Lo que peor llevo a día de hoy es cuando sale una noticia de esa gentuza (los asesinos de su hija). La última vez (hace pocas semanas) estuve una semana malísima. No quería saber nada.
El tiempo pasa.
En la familia ya no tenemos ni abuelos de mi hija Sandra. Los abuelos somos ahora mi marido y yo. En nuestra casa Sandra está muy presente, junto a fotografías de mis hijos, de mis nietos. En realidad, no necesito una foto de ella, pues la tengo marcada en mi corazón. Aun así, le he hecho su pequeño altar, donde muchísima gente me ha traído vírgenes de todos los sitios. También tengo la bendición del Papa, que me la trajo una niña que fue a verlo.
El tiempo cura, algo.
Yo creo que empecé a remontar un poco cuando nació mi nieta Azara, que vino al mundo a los 7 meses; la tuvimos en neonatos 15 días. A mí me levantó muchísimo, y luego ya el nacimiento de mi nieto, de mi otra nieta, el ponerle el nombre de su hermana… Mi hijo no solo tiene tatuado su nombre, sino que tiene la cara de su hermana, la tiene aquí, en el muslo.

¿Alguna esperanza?
A menudo le digo a Paco: ‘miras cómo estás, con cuatro infartos, y como estoy yo, y no hemos conseguido nada’. ¿Qué hacemos si nos hemos dejado la vida en ello? Hemos perdido en salud, por lo menos mentalmente. Lo que le pido a Dios es no perder la memoria.



