María Fidalgo Casares, natural de Ferrol, nace en el seno de una familia científico-militar, circunstancia que, de alguna manera, perfila y sobrevuela sobre su posterior provechosa y prolífica carrera profesional. Es licenciada en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela y se doctoró en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla, con sobresaliente Cum Laude por unanimidad en el 2008.
Diplomada en Comisariado de Exposiciones; miembro de la Academia Andaluza de la Historia; también de la Real Academia de Artes, Ciencias y Letras de San Romualdo; diplomada en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria; comisaria de 30 exposiciones y hasta biógrafa, asesora y máxima especialista en el pintor Augusto Ferrer Dalmau.
Es, así mismo, autora y coautora de diez libros, entre ellos ‘Gestas de España‘, ‘La llegada de Cortés‘, ‘Casas Indianas‘, ‘Maragatos‘ y, sobre todo, obras vinculadas al referido pintor ‘Ferrer-Dalmau, Bocetos para la Historia’ o ‘Ferrer-Dalmau, Imperio’, entre otras. Por lo demás, ha escrito más de 400 artículos de temática militar en medios científicos y de divulgación, impartido más de cien conferencias e intervenido en más de veinte congresos nacionales e internacionales. No acaba ahí la cosa y, entre sus distinciones, destacan el Premio de Investigación Etnográfica de la Diputación de La Coruña, Mención especial de Historia Militar de Extremadura, Medalla de oro de la Batalla de La Coruña, Premio Camilo José Cela de Literatura y Periodismo, Finalista del Premio Cecilio Metelo de Medellín y Socia de Honor del Liceo Europeo de las Artes.
La entrevistamos en Delta13News poco antes de que impartiera hace unas semanas la conferencia ‘Hernán Cortés, un gigante de la historia’, que tuvo lugar en el Centro Riojano de Madrid, y cuya figura centra el grueso de este encuentro periodístico.
Aun a sabiendas de que se lo han preguntado decenas de veces, permítame que le insista sobre ello, pues aún resulta algo difícil de comprender, el cómo un puñado de soldados españoles, con Hernán Cortés a la cabeza, logra poner fin a todo un imperio en la América recién descubierta para Occidente.
La explicación real es la inteligencia máxima de un montón de pueblos que estaban sometidos a un poder tiránico y, entonces, el enemigo de mi enemigo, en este caso Hernán Cortés, se convierte en mi amigo. Cortés supo catalizar todos esos pueblos que estaban horrorizados y dominados por un sistema tiránico, que eran los mexicas, los antiguos aztecas, y entonces la inteligencia era diplomacia. Hoy hay una corriente que dice que los españoles no hicimos nada, que realmente fueron ellos, pero ellos llevaban cinco o cincuenta años de tiranía y no habían hecho nada. O sea, fue Cortés el que supo catalizar ese odio y esa resistencia al dominio y la canalizó. De hecho, grandes batallas no hubo. O sea, en Tenochtitlán no hubo grandes batallas en la conquista de América.
Y luego también la capacidad estupenda de ir integrando las culturas existentes con la cultura hispánica, haciendo todo un revolucionario maravilloso que llega hasta hoy. Que va a ser México, que es Guatemala… de hecho, no aniquilamos ninguna cultura, sino al revés, las integramos perfectamente.
¿Se puede decir que la conquista en realidad fue una liberación?
Totalmente, una liberación, una liberación absoluta. Luego también se produce un gran avance en el progreso, porque hay que tener en cuenta que son pueblos que, aunque hoy quede muy bien hablar del encuentro de culturas, en aquel caso no habían llegado casi al neolítico. No tenían ganadería, no conocían el metal, en fin, que estaban prácticamente en la edad de piedra. Es verdad que había cosas que tenían muy adelantadas, es verdad, pero, en general, no conociendo la ganadería o el uso del metal para los utensilios, ello les hace estar en un neolítico, un protoneolítico casi, mientras que nosotros llegamos desde una España del Renacimiento.
Doctora, ¿cómo describiría la relación entre Hernán Cortés y Moctezuma?, ¿fue una relación de respeto mutuo o una confrontación permanente?
No, no, respeto absoluto. De hecho, una de las últimas palabras de Moctezuma cuando muere es, ‘Cortés, cuida de mis hijos’. O sea, ¿a quién le confiarías a tus hijos más que a alguien en quien confíes plenamente? Es verdad que Moctezuma tenía cierta reticencia a encontrarse con Cortés por unas profecías sobre la llegada de un enviado que casaba perfectamente con la tipología de cómo venía Cortés, porque se hablaba, por ejemplo, de casas de madera flotantes (barcos); en fin, que era blanco y en botella. Pero, por otro lado, creo que Moctezuma se lo esperaba, pues tenía espías por todos sitios, y ya sabía que había otra cultura por la zona, sabía de las expediciones anteriores; o sea, que era cuestión de tiempo que la profecía iba a llegar a un pueblo que se iba a dominar. Con todo, Moctezuma lo hizo muy bien, lo que pasa es que los acontecimientos se desbordaron y pasó lo que pasó. Pero él tuvo una relación con Cortés espléndida, igual que la tuvo con Cuauhtémoc, el último emperador de los aztecas al que ahora tanto reivindican, pero que estuvo cuatro años viviendo con Cortés. Cuatro años en los que le enseñó a montar a caballo y, prácticamente, se iba a convertir al cristianismo. De hecho, cuando se toma Tenochtitlán, Cuauhtémoc le dice, ‘mátame’, y Cortés le contesta que de eso nada, ‘para nada te mato’; bien al contrario, le da un abrazo. Lo de Cortés es que cuanto más se estudia, más asombra su figura.
¿Cómo afectó la conquista de México en la estructura política y social de Mesoamérica?
Cortés era un enamorado de la cultura mesoamericana. Él ya se enamora de la cultura cuando vive en Cuba, porque la gente se olvida de que Cortés no llega y va a México, sino que antes está 15 años en Cuba, de modo que estaba ya muy al día y era un profundo conocedor de ese tipo de culturas, un hombre cultísimo, teniendo en cuenta que hablaba latín, que en aquellos tiempos era bachiller de leyes, había leído a Julio César, a todos los clásicos. Se puede decir que era un hombre del Renacimiento. En un momento dado, se dio cuenta de que el modelo que habíamos implementado los españoles en las Antillas no funcionó, que era un poco trasplantar lo que es la encomienda, lo que es un poco el feudo español, peor eso no funcionó allí. Entonces, lo que hizo fue conservar las estructuras que había: los caciques indígenas, los pueblos tal y como eran, y él solapó una nueva administración. En la práctica, respetó incluso el tema religioso, por ejemplo, aplicando mucha tolerancia al principio, porque se dio cuenta de que no podía imponer la religión porque sí. De hecho, confió la evangelización solo a los franciscanos, que eran los santos un poco más tolerantes y que comprendieron perfectamente cómo eran aquellos pueblos indígenas.
Hasta el propio Felipe II no impuso el español como idioma y les dejaba hablar el náhuatl como lengua vehicular. O sea, que realmente hubo un respeto absoluto. De hecho, hasta en la época mal llamada colonial, es la época más rica de Mesoamérica. No en vano, en el siglo XVIII México era la ciudad casi más rica del planeta.
¿Podemos entender que Cortés fue más un político que un militar y conquistador al uso?
Fue una estratega militar y fue un político y un diplomático y un emprendedor, y luego siempre tenía en la cabeza que quería ir a la especiaría y que quería ir a China. O sea, una vez que ya hizo Nueva España, que le ponen el nombre Nueva España, es la primera vez que España es una entidad política con nombre de España, porque hasta ese momento era Reino de Castilla. No existe una entidad política que se llamara España. Y él pone Nueva España. Y siempre habla de los españoles, nunca habla de los castellanos. Siempre habla de los españoles, siempre. Para que luego se diga, como a veces oigo, que no existía España.
Volviendo a lo de su propósito de seguir hacia China, hizo la expedición a Baja California y se puede afirmar que se convierte en un auténtico globalizador. Es Cortés, porque es verdad que Elcano da la vuelta al mundo, pero el famoso Galeón de Manila, que daba la vuelta, salía de los puertos de México que había fundado Hernán Cortés. Aun así, todavía trasciende, y sobre todo en América, la idea de que Cortés fue un conquistador brutal, o sea, salvaje.
Una idea que perdura desde hace siglos…
Bueno, es que a Cortés le han caído seis leyendas negras. O sea, no una, le han caído seis. Primero la de los Orange que con Felipe II, la conquista de América y la Inquisición se convierten en los hits de la leyenda negra del siglo XVI. Pero es que luego, además, tiene un enemigo en casa, Fray Bartolomé de las Casas, que es un enemigo furibundo de Cortés, y ya sabemos el daño que hizo. Hoy la gente lo disculpa y se dice que Bartolomé tenía buena intención: La buena intención se la podía haber ahorrado, porque exageró y hoy se sabe que mintió como un bellaco.
Pero es que luego cuando llegan las independencias, se agarran y se pasan al odio a los españoles para poder independizarse de la metrópoli, lo que alimenta la leyenda negra, a la que se suma una nueva, cuando Estados Unidos pone el foco sobre Cuba y sobre Mesoamérica y entonces vuelve a resucitarla. No acaba ahí la cosa, hay otra ola más, que es cuando llega el marxismo, después de la revolución rusa… el tema de Siqueiros, de Alberto Rivera, de estos grandes muralistas que venden la lucha de clases, pero en vez de obrero y empresario lo abordan desde la perspectiva de indígena y español. Entonces hay una resurrección de la leyenda negra, pero es que tenemos otra más que es el indigenismo actual. Y todos tiran de ese Cortés brutal. El pobre que ha aguantado seis leyendas negras, y siguen y siguen.
Tampoco ayuda la creación audiovisual contemporánea…
Tú ves la película de Hernán Cortés y ves la serie que está en Netflix y al señor que ponen como Hernán Cortés y parece que te va a atracar en una esquina. O sea, los plantean como unos hombres codiciosos, salvajes, cuando no tenía nada que ver con eso. Eran unos hombres católicos, porque eran católicos por convicción y por españolidad, porque era ser lo mismo, el católico que el español. Cortés era, además, un hombre muy culto que supo comprender muy bien cómo era la cultura. Además, promovió el mestizaje, que fue su gran aportación a la cultura occidental. Tú vas a México y es el país más mestizo de América. Por ejemplo, Nicaragua tiene mucha población indígena, pero eran poblaciones más aisladas. En cambio, en México se mezcló completamente. Fue un estadista genial. Todavía habría hecho muchas más cosas, pero luego los juicios de residencia, España era un país muy meticuloso con su burocracia y cualquier funcionario tenía que dar cuentas de todo lo que había hecho. Eran auditorías que le hacían a todos y él tenía tanta documentación que se paralizó y no pudo volver a América. Y eso que fue muy leal al rey, que podía no haberlo sido, porque podía ser haberse independizado perfectamente. En cambio, fue leal al rey hasta el final. Sin embargo, el secretario no se portó muy bien con él.
¿Se está produciendo una contrarrevolución, una reacción en positivo sobre la figura y la naturaleza de Hernán Cortés?
Sí, completamente. Hay una respuesta a todas esas leyendas negras y en este sentido hay muchos factores que lo explican. Uno de ellos, por ejemplo, son los cuadros de Ferrer Dalmau, que han sido un revulsivo para que mucha gente se acerque a la historia de España de otra manera. Luego también están las asociaciones que han aparecido, los héroes de Cavite, las plataformas de la hispanidad, que suponen un poco romper con la dictadura de esa España malísima y atrasada. Y sí, además en la gente joven, también la resurrección de la bandera de Borgoña, por ejemplo. Todo es una revolución que hace que haya esperanza, para que podamos volver a la verdad histórica.
¿Por qué la izquierda política española ha sido tradicionalmente crítica con el descubrimiento del continente americano?
Detrás de la formación de la generación de la Transición surge la séptima leyenda negra, una leyenda negra que sigue presente en España en el momento que quieren quitar la estatua de Colón. La progresía, la más llamada progresía, bebe también de la leyenda negra y la predica. Tenemos, además, esos museos de la Inquisición falsos por toda España y lo tenemos en los libros de texto. No hay cadenas de televisión tampoco que apuesten por la verdad histórica. En este contexto, hay una parte de la sociedad que se está rebelando, pero no es suficiente. De momento no es suficiente.
¿Cómo mejoramos eso en los sistemas educativos, tanto en Hispanoamérica como en España? ¿Hay que darle una vuelta al currículo?
Es muy complicado porque las facultades en general están llenas de ‘leyenda negristas’. Los profesores que suelen salir de las universidades de Historia son ‘leyenda negristas’. Por eso es muy complicado. No tenemos un (Steve) Spielberg que haga una serie estupenda sobre la conquista.
¿Cuál es su opinión sobre el debate en torno a la actividad de monumentos a conquistadores en España?
Me parece una barbaridad, la misma barbaridad que cuando los talibanes dinamitaron los Budas afganos, cuando la iconoclastia de los bizantinos, los coptos también, que arrancaron montones de relieves egipcios. Es una cosa cíclica, producto de la ignorancia.



